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Blogs > El Blog de Salvador Molina

El siglo XXI es el siglo de las Emociones (o eso escucho decir por ahí). Y va a ser que es cierto. Porque ya está en marcha un movimiento llamado ‘Hombres sin Afeitar’ que ayer presentó un libro con el mismo nombre y donde un teatro de 600 butacas se quedó pequeño en el corazón de Madrid. Con la escritora Julia Navarro como madrina y una veintena de barbudos profesionales desnudándose (emocionalmente hablando) ante todos.

Los dueños del universo miran con desdén a las hormigas humanas que desfilan tras las ventanas de los rascacielos. Es el mito de películas como El lobo de Wall Street y tantas otras. Pero el glamuroso mundo de los gestores de inversión también comienza a desmoronarse por el cerco de los robots. La tecnología avanza a pasos agigantados y ya se puede decir que más del 22% de las inversiones que se realizan en España no las hacen los engominados pijos de la calle Serrano, Azca o Wall Street, sino que las ejecutan máquinas, robots, bots… robo advisors.

José Luis Rodríguez Zapatero puso de moda el talante, y la disrupción de la nueva economía en la Era Digital esta atrayendo en oleadas una nueva obsesión por el talento. Y aunque no es lo mismo el talante que el talento (por más que algunos lo confundieran), de ambos conceptos tratan los nuevos modelos de liderazgo del siglo XXI en una economía digital que se basa en las personas, la innovación y los servicios. Y, a fin de cuentas, la excelencia en todo ello reside en el talante y en el talento de los profesionales.

Es un cambio de paradigma: cobrar por estudiar, en lugar de pagar para estudiar. La escasez de profesionales capaces de trabajar en las profesiones del futuro está haciendo cambiar ciertas mentalidades en el mundo de la formación.

La post-verdad es la moderna manera de definir la mentira desde la sociedad digital que antes se llamó sociedad de la información. El ejemplo catalán es el del diálogo mientras te apuntan con pistolas, como afirmó ayer Josep Borrell, un catalán de seny que presidió la Eurocámara, el parlamento de todos los ciudadanos europeos.

Blockchain, la nueva tecnología de cadenas de bloques, se ha convertido en el fenómeno de mayor atracción tecnológica de las últimas décadas. Ha hecho sombra a cualquier otra tecnología emergente hasta generar un inicio de burbuja inversora donde fondos de inversión e instituciones conservadoras han ampliado en dos y tres dígitos sus inversiones en economía digital atraídos por los anuncios de que el blockchain es el nuevo smartphone, frase que se repite en los mentideros startups en las últimas semanas en todo el mundo. Miguel Ormaetxea, editor de Mediatics, ya advirtió en junio del anuncio de Samir Goel: “Blockchain es el mayor avance sociotecnológico que ha vivido la humanidad, más que el propio Internet”.

Llamó a la puerta sin ser convocada. No estábamos preparados para recibirla. ¡Nos pilló en pijama! Pero allí estaba ella en todo su esplendor. Nos pusieron la alfombra roja de las redes sociales y… ¡ya está! Nos lanzamos al postureo, la improvisación, la superabundancia, la verborrea, la redifusión de mensajes ocurrente, el me gusta, la diferenciación hasta cuotas absurdas… Fuimos abducidos por el ecosistema digital de los blog, el facebook, los tuitter, el linkedin para cazatalentos y el whatsapp que todo lo alcanza.

La industria audiovisual vive un tsunami que está asolando sus cimientos. La convergencia del consumo de horas de televisión por Internet respecto a las horas en televisión tradicional, ya se ha producido.

Anoche tuve un sueño… y un dulce despertar. Descubrí que la economía digital tiene un secreto oculto: el sueño. El placer onírico de la ensoñación no es sólo sueño reparador, almohada consejera, descanso del guerrero y fuente de inspiración descabellada. Además de todo eso y mucho más, el sueño se ha convertido en una fórmula secreta de reseteo del big data que acumulamos durante las horas de vigilia. Y en el secreto tiempo de las tinieblas nocturnas, la magia del sueño desfragmenta, compila, resetea, reinicia y resuelve los enigmas del ocaso para proponer un alba lleno de luz, visión, emoción, esperanza y soluciones nuevas.

Vivimos territorios nuevos. Transitamos por espacios nunca antes pisados por el hombre. Por eso, cuando alguien me pregunta si estamos en una crisis o en la cuarta revolución industrial, yo me quedo dudando… ¡ambas cosas son ciertas!; pero ¿cuál es la más importante?

Ayer volví a hacerlo. Tuve que decir que no. Nunca es fácil negar la amistad a alguien que te lo pide con esos ojillos tristes; pero es que yo no quería crear precedentes.

Me dan miedo los monopolios. Pero me horrorizan aún más cuando éstos están en los medios: producción, comunicación, información... ¡En la cultura y la sociedad digital!

Es paralizante. El miedo a lo desconocido está acogotando el desarrollo de la economía digital en España. Muchos proyectos start-up están siendo metidos en el arcón del congelador o empujados a emigrar a Londres o Estados Unidos por mor del miedo a no saber.

No vale todo, amigo. ¡Hagan sus apuestas! Pero tienten sus ropas antes de apostar a caballo ganador en esta difícil contienda de la economía digital y el social media.

Peter Jackson, jefe de transformación digital en el Santander, deja el puesto tras un escaso año en el cargo. ¿Éxito o fracaso?

No hay fuerza más poderosa que la mayoría silenciosa de millones de habitantes que a escala global están interconectados por todas las facilidades que les brinda el mundo digital, especialmente las comunicaciones en sus diversas formas.

Que los días pasan y la vida se nos acorta es un dato cierto. Lo que no lo es tanto es el resultado que obtendremos en el nuevo año que iniciamos en breve. ¡No!...No estoy siendo pesimista…sino realista.

El poder de la imagen vence a la razón. Hoy en día, la comunicación basa todas sus bazas en contarlo en imágenes. Lo que no se puede mostrar, no tiene valor, no existe, no importa. En el siglo XXI se nos quedó corto el sofisma de que ‘una imagen vale más que mil palabras’. Sólo una imagen vale más que un millón de razonamientos o palabras.

Es el momento del reseteo. Hay que reinventarse como líder, como organización, como persona. Y no hay excusa mejor para esa puesta a punto que la que nos brinda la actualidad: cambio de horario, cambio de Gobierno, cambio de año, cambio de estación climática (que la metereológica cambió hace tiempo sin mucho impacto).

Siempre me ha impresionado la historia personal de Christopher Reeve (Superman en la gran pantalla) después del accidente que lo dejó parapléjico. La manera en que él junto a su mujer encararon sus vidas, convirtiendo a la que era su particular cruz por el sufrimiento y el dolor, en una fuerza motivadora que sigue siendo un ejemplo de lo que la actitud y determinación pueden hacer de una persona.

Anoche tuve un sueño… Ocurrió al dar una cabezadita mientras veía una del Oeste en La Otra, el segundo canal de Telemadrid.

Van un gallego, un vasco y un catalán... ¿Se lo saben?

Pasó ayer en las redes sociales. Si tienen cinco minutos, se lo cuento.

Caperucita, ¡cómo ha cambiado el cuento! No se trata –me dicen- de beber de la ubre de una empresa de prensa que amamanta a sus periodistas con fuentes de información, sueldos, gastos pagados e infraestructura de servicios. Eso era en el siglo XIX y en el siglo XX.

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