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'Hitler pone la primera piedra de la fábrica de Volkswagen en Wolfsburgo, llamada inicialmente por los nazis 'Ciudad del automóvil de Fallersleben'
"Hitler pone la primera piedra de la fábrica de Volkswagen en Wolfsburgo, llamada inicialmente por los nazis 'Ciudad del automóvil de Fallersleben'

El histórico escándalo Volkswagen

El mayor fraude de la historia de Volkswagen no es el reciente escándalo de la falsificación de los datos de emisiones contaminantes. O, al menos, no es el primero. La historia de la creación de la empresa, bien conocida en Alemania, empieza con un gigantesco fraude que afectó a más de trescientos mil trabajadores.

Wolfsburgo acoge hasta septiembre la exposición "Una ciudad como laboratorio mundial". Con ella, el museo de arte local explica la historia de la ciudad desde su fundación (hace 71 años, por un tal Adolf Hitler) como centro industrial para la fabricación de automóviles. Caso similar es el de Leverkusen, una ciudad levantada para acoger a los trabajadores de la fábrica de Bayer. Aunque ambas ciudades son más conocidas por otra cosa que tienen en común: sus equipos de fútbol.

Fuera de Alemania pasó algo parecido, por ejemplo, en Nokia, un pequeño pueblecito de Finlandia dedicado inicialmente a la producción de celulosa, luego de caucho, después de cables (recubiertos de caucho, recordemos) y, por último, de aparatos electrónicos de última generación (llenos de cables también). Aunque esa es otra historia, cuyo final también puede considerarse un gran fraude. Quizá volvamos sobre él otro día.

Hitler quería hacer lo que Henry Ford había hecho en Estados Unidos: crear un vehículo asequible para el pueblo, que costara menos de mil marcos. Un "coche del pueblo", que eso significa Volkswagen. Para ello, encargó a Ferdinand Porche un diseño que pudiera ser fabricado en cadena a bajo coste. Y a sus magos de las finanzas, un plan para sufragarlo. Porche dibujó su luego conocido Escarabajo, al que el propio Hitler, que todavía guardaba afición al lienzo, limó algunos detalles. Y los gerifaltes nazis idearon la forma de pagar el invento.

En lugar de fabricar coches y luego venderlos, se comprarían por suscripción. Es decir, los futuros clientes sufragarían la construcción de la fábrica y el inicio de la producción pagando una cuota. "Debes ahorrar cinco marcos a la semana si quieres conducir un coche", decía la publicidad de la nueva empresa. Un coche que, según anunciaba el régimen, estaba movido "por la alegría". Más de trescientos mil alemanes se apuntaron, en algunos casos, según recuerdan sus descendientes, obligados. En la mayoría, con esa misma "alegría". El dinero se descontaba automáticamente de sus nóminas, como un impuesto cualquiera (que hasta el verano de 1940 había recaudado 78 millones de marcos).

Pero llegó la guerra. Muchos de los suscriptores siguieron pagando con la esperanza de que esta fuera breve. El problema es que la fábrica no produjo ni uno de los esperados Escarabajos. En su lugar, fabricó 66.000 Kübelwagen (esos todoterreno que tantas veces hemos visto en las películas y documentales sobre la Segunda Guerra Mundial), entre otros suministros bélicos, desde cadenas para los tanques o alas para los aviones hasta componentes de los famosos misiles "V1" que se utilizarían para bombardear Londres.

Después de la guerra Porche fue acusado de colaborar con el régimen nazi (como también sucedió a los hermanos Renault en Francia), los soviéticos requisaron los fondos restantes de Volkswagen como compensación de guerra y, eso sí, comenzaron a fabricarse los Escarabajo.

Ningún trabajador alemán recuperó los fondos aportados a Volkswagen ni recibió nunca su coche aunque, después de la guerra, probablemente esa era la menor de sus inquietudes. Y, en pocos años, el Escarabajo superó al Ford T como vehículo más fabricado de la historia. Cómo un vehículo diseñado por Hitler se convirtió en un símbolo para los pacifistas hippies quizá tenga que ver simplemente con que era barato y con la coincidencia en el nombre con un grupo de música de Liverpool que empezaba a despuntar en Hannover.

Según los historiadores, no se puede afirmar que fuera un fraude planificado desde un principio, sino más bien que los planes iniciales se fueron a pique, eso sí, por la agresiva política exterior del gobierno nazi. Pero los cálculos de la empresa en el otoño de 1939 indicaban que, si se hubiera seguido lo previsto, la fábrica hubiera perdido más de mil marcos por cada vehículo. Costaba producirlo el doble de lo esperado. Sin guerra, las finanzas del proyecto se hubieran colapsado. Como escribió Schiller (sí, el mismo amigo del que Beethoven tomó su 'Oda a la alegría' para ponerle letra a su Novena Sinfonía): "Cuando los reyes guerrean, / tienen quehacer los carreros".

"El diseño inicial del Escarabajo, por Ferdinand Porche"

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