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Los retos de 2017

Entre el 17 y 20 de enero próximo, se celebrará un nuevo encuentro anual del “World Economic Forum” en la ciudad suiza de Davos. Vale la pena destacar lo que dice en su Web como para que los líderes mundiales no lo olviden: “vivimos en un mundo acelerado e interconectado donde las tecnologías revolucionarias, los cambios demográficos y las transformaciones políticas tienen consecuencias sociales y económicas de largo alcance. Más que nunca, los líderes necesitan compartir ideas e innovaciones sobre cómo navegar mejor en el futuro”.

No podemos dejar de coincidir con esta visión con la que con matices diferentes, años tras año se pretende dar desde Davos. Pero la cuestión es si los líderes mundiales, políticos y representantes de las más importantes organizaciones a escala global, una vez que dejan la paradisíaca localidad suiza, están realmente persuadidos de que el tiempo corre y que las medidas de políticas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, no pueden sufrir demoras.

Los retos de 2017
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Parece ser que si bien están muy concienciados al respecto, sigue habiendo dificultades en la implementación de las medidas de política necesarias, para por ejemplo, palear la desigualdad, que sigue siendo uno de los factores económicos más desequilibradores e injustos del desarrollo de los pueblos. Pero es que a nivel del mundo desarrollado, en el mismísimo corazón de Europa, basta ver el comportamiento de economías como la griega, portuguesa, italiana, francesa y española, como para ver que desde los objetivos loables de Davos y de Naciones Unidas hasta el momento en que los problemas se encarrilan, hay un largo trecho.

Y esto lo confirmamos con otro ejemplo palmario: los objetivos del milenio de Naciones Unidas. Originalmente los objetivos para erradicar la pobreza extrema, el hambre y el sida terminaban en 2016. ¿Qué ha sucedido? Que era sabido su imposible cumplimiento, por ello, durante este año se ha puesto en marcha oficialmente la audaz y transformadora “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” que fue adoptada por líderes mundiales en septiembre pasado en las Naciones Unidas, que insta a los países a iniciar esfuerzos para lograr 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en los próximos 15 años.

Ban Ki-moon afirmaba que “los diecisiete Objetivos del Desarrollo Sostenible son nuestra visión compartida de la humanidad y un contrato social entre los líderes del mundo y los ciudadanos”. Se decía también que se trataba de una lista de tareas para las personas y el planeta. Que era un plan para el éxito. Permítasenos poner en duda, no la credibilidad del secretario general de Naciones Unidas ni los buenos fines de la institución, sino que una vez más la humanidad se quedará corta con las estimaciones. ¿Qué consecuencias traerán consigo este nuevo error en las previsiones? Que nuevamente millones de ciudadanos del orbe tendrán padecimientos provocados por la pobreza, desigualdades, enfermedades y las terribles guerras que siempre siguen estando presentes en algún rincón del mundo.

Desde esta tribuna hacemos un llamado a los líderes mundiales de lo que está en juego en nuestro planeta si no se toman en serio los tres problemas capitales de nuestra civilización: el cambio climático, las guerras y la pobreza. Tampoco somos tan ingenuos en pensar que por hacer este tipo de llamamientos a la Comunidad Internacional, los líderes mundiales de manera directa tomarán nota y actuarán en consecuencia. ¡No! Pero sí estarán más proclives a hacerlo, porque la sociedad mundial ha cambiado. Hay una movilización ciudadana muy importante gracias a las redes sociales e Internet, que prácticamente en tiempo real los ciudadanos tienen la posibilidad no sólo de informarse, sino de recibir diversas fuentes de información, sea de testigos directos, como de opiniones, debates, comentarios, etc.

Ahora bien, desde esta tribuna de doctrina de Management y liderazgo, nos preocupan dos temas también trascendentes:

- Si se reacciona ante un determinado problema.

- Si la reacción es correcta, proporcionada y oportuna.

Y la trascendencia de estas dos cuestiones no puede estar en discusión, por las razones ya detalladas en cuanto a los objetivos del Foro de Davos o del Milenio de Naciones Unidas.

Si bien la intencionalidad de los líderes mundiales sigue siendo buena, no creemos que mucho haya cambiado en cuanto a la capacidad de implementación de la clase política en este momento en el que estamos a punto de atravesar el umbral de 2017. Pero lo que sí estamos persuadidos, es que cada día en que la ciudadanía tiene más información y acceso a discusiones sobre los problemas que nos afligen, más exigencia se produce de manera automática a los líderes.

Esto lo hemos visto con lo que se ha dado en llamar “la crisis de los refugiados” y en estas últimas horas con la catástrofe humanitaria que es la ciudad de Alepo. No sólo es cuestión de solucionar los problemas, para los cuales hay que hacer el correcto diagnóstico y tomar las medidas oportunas. Todo este procedimiento no sirve de nada cuando una cuestión humanitaria como la de Siria, no admite más dilaciones. Porque no sólo la rápida acción en defensa de los derechos de mujeres, niños y ancianos es imperativo tomarla, sino que es justa. El cese de la violencia y las balas son un primer paso para desactivar una región conflictiva como Siria. Condición necesaria aunque insuficiente, porque lo que más se echa en falta no es la ausencia de violencia que es imprescindible, sino la absoluta falta de justicia.

Hemos llegado a un estado de desarrollo de la civilización, en la que salvo muy pocas excepciones, como puede ser Corea del Norte u otras dictaduras que existen en el mundo (cada vez menos), se es libre de elegir, pero no en cuanto se refiere a las consecuencias de esa elección. Desde ya que contamos con un liderazgo cada vez más enraizado en las libertades de decisión, pero al mismo tiempo (esto es lo novedoso), mucho más comprometido aún con el consenso de las acciones que se implementen. O sea, el nivel de contestación social.

Rob Goffee, profesor emérito de “Organizational behaviour” (Comportamiento organizativo) en la London Business School y un consultor de renombre internacional, afirma que “las grandes empresas tienen líderes en todos sus niveles, no sólo en la parte superior“, que si bien lo dice en un contexto estrictamente organizativo, nosotros lo ampliamos al ámbito de la sociedad en su conjunto y especialmente en la política.

¿Por qué esta ampliación del alcance del pensamiento de Goffee? Porque la transformación que se ha producido en las organizaciones y la sociedad en su conjunto, como consecuencia de las nuevas tecnologías, han creado unos canales de información y consecuentemente de acceso al conocimiento colectivo, como jamás había ocurrido en toda la historia. Por tanto, el acceso sin límites y en tiempo real a un nuevo conocimiento que está disponible y de manera gratuita, produce una participación obligada de las clases dirigentes para “testear” el pulso de la sociedad de manera constante. Y en este punto es el que aún están fallando. Lo vemos todos los días, por ejemplo, a nivel local de la política española.

Se van viendo si determinadas preocupaciones sociales se incrementan, por ejemplo, dentro de un comportamiento más o menos razonable o por el contrario, se dispara la contestación social en alguna materia, lo que exige que la clase política tome medidas urgentes a fin de dar respuesta a ese reclamo.

Lo que venimos observando en Europa, y en casi todos los países del mundo, es que la respuesta política se ha acelerado (aunque no necesariamente en el buen camino) frente a la irrupción de problemas que pasaron de ser localizados en determinado sector de la economía y la sociedad, a convertirse en un auténtico problema para el crecimiento y desarrollo de ese país, por ejemplo, como consecuencia de un gran desequilibrio en la distribución de la riqueza, o en la aparición de un nuevo tipo de trabajador considerado pobre, porque con los salarios bajos y precariedad laboral, no puede salir de su zona de pobreza en la que le ha dejado la crisis.

La soledad del liderazgo ya no es excusa

No nos lleva más que un instante seguir a la multitud (una corriente de opinión, por ejemplo), pero nos insume todo nuestro tiempo permanecer solos. Esta forma de focalizar desde el liderazgo de hace tan sólo diez años, en que el líder con frecuencia está solo, se ha acabado. No es útil y menos aún, una manera de dirigir personas en organizaciones o ciudadanos en un país.

Liderar no implica soledad o que los líderes están solos frente al mundo. Entramos desde hace muy poco tiempo, en un pasillo muy reducido en el que deben caber líderes y seguidores, en el caso de una organización, o ser escuchados y sentir que tienen participación real (también representación) los ciudadanos. Los espacios de poder se han reducido porque se han ampliado las posibilidades de acceso a la información y el conocimiento. Este es el cambio sustancial que se ha producido en la sociedad.

Pero además, la transformación se está dando con un grado de celeridad que a veces impresiona a los más expertos en el ejercicio del liderazgo empresarial y político, sorprendiendo por la profundidad con la que está impactando en los cimientos de la sociedad.

Una de las cuestiones a la que más atención se le está prestando en las organizaciones punteras en el presente y que aún se le prestará más en un futuro inmediato, es la formación de personal de base, mandos intermedios y también directivos. Toda organización debe poder beneficiarse de un mayor nivel de conocimiento y rendimiento de las personas. Pero eso sí: habrá personas mucho más felices porque se sentirán en gran parte realizadas sus expectativas.

Entonces podremos decir que el liderazgo no es ya cosa de “una persona” (el líder), sino de una línea de actuación en el ejercicio del liderazgo. Se pasa de jerarquía (posición de mando) a la dirección de la acción (la estrategia e implementación de las acciones). Un liderazgo moderno en el que primero prioriza el beneficio de personas y equipos (formación, capacitación, desarrollo personal y profesional, etc.) para que por efecto lógico se beneficie la organización.

La autoridad jerárquica se convierte en una técnica y moral, especialmente porque pesa muchísimo más la capacidad de influencia que un líder tenga que esa autoridad jerárquica per se, aunque por estructura del organigrama de la empresa deba tenerla. Y esto también es un reto para 2017 y el horizonte 2020, en el que las formas colaborativas cada vez serán más buscadas por líderes y organizaciones. Ya estamos en tiempo en que no resulte extraño hablar desde la dirección de nivel de proximidad con el personal, colaboracionismo, preocupación por las inquietudes y problemas de todas y cada una de las personas, así como la empatía, sensibilidad a determinadas cuestiones que las personas puedan plantear, etc.

Hemos entrado ya en una época en el que no sólo el líder es respetado por sus acciones y la forma en cómo se implementan, sino especialmente, en cómo afectan y comprometen a su personal. En suma, existe un auténtico coaching permanente de responsables de área con su personal, por tanto, un liderazgo compartido en los hechos y en las formas, sin necesidad de apelar a categorizaciones del pasado sobre soledad del liderazgo y similares.

Finalmente 2017 y el horizonte 2020 debe obligar a los líderes a que el factor humano sea inexorablemente el elemento principal del desarrollo de organizaciones, de manera tal que también lo sea en la percepción que a nivel macro social tengan los ciudadanos. Cuánta más humanismo tenga el liderazgo político y empresarial, más rápido serán las respuestas desde foros como el de Davos o desde iniciativas como el Plan Milenio de Naciones Unidas.

Instamos a líderes en todos los ámbitos de actividad económica, a que no pierdan la oportunidad única que se nos está brindando en este epílogo de la segunda década del siglo XXI, de buscar la equidistancia entre beneficios y contribución social a la comunidad, desarrollo personal y profesional priorizando un liderazgo humanista dentro de un marco de igualdad en el que el género no sea el problema, sino la gran contribución que está demostrado ya hace la mujer a las organizaciones y la sociedad en su conjunto. Menos grandes líneas políticas y más sensibilidad hacia personas y familias.

El desafío digital es un poderosísimo instrumento para aprovechar a llevar adelante el cambio que aún falta introducir en la sociedad y en las empresas, en las que la convergencia de conocimiento y tecnología no se haga a expensas del factor humano, por el contario, que sea éste el primer beneficiado de la innovación y el desarrollo sostenible.

José Luis Zunni es Director Edición Online ECOFIN. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Coordinador académico de la Red e Latam. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management de la EEN y coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DE LA EEN. Analista de la realidad actual y especialmente en los aspectos económicos, políticos y sociales, Experto en Management y formador de directivos y profesionales en las técnicas de liderazgo.

Ximo Salas, Co-autor del libro “Mejora y gana” (Manual de Marca personal para la búsqueda de empleo).Fundador de Crea Community (Social Media and Human Resources Company). Consultor, confrerenciante y formador. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014.

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