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“La alegría es lo que nos sucede cuando nos permitimos reconocer cuán buenas las cosas realmente son”. (Marianne Williamson)

La autora estadounidense Marianne Williamson (1952) es una reconocida conferenciante internacional que ha participado en programas de televisión como Oprah, Larry King, GoodMorningAmerica, entre otros, y que siete de sus doce libros han sido best-sellers en las listas de mayores ventas del New York Times.

Siempre os digo a mis lectoras/es que a veces las cosas más simples…las más directas, son las que realmente nos inducen a una reflexión, que seguramente nos ayudará al cambio que estamos esperando y necesitando. Y si no es una cuestión de cambiar, al menos nos reconfortará saber que hay otro punto de vista que nos hace valorar lo que tenemos, que por supuesto además de la salud, son especialmente esos intangibles tan grandes como el amor, alegría, felicidad, amistad, entre los más destacados.

Williamson tiene la doble faceta de ser espiritual y pragmática, lo que no es fácil, o sea…tiene los pies bien puestos sobre la tierra. Ve con claridad la realidad y trata de hacérnosla digerir de la mejor manera para que esa alegría no claudique.

Como suele decirse para “muestra basta un botón”transcribo tres párrafos de su blog del pasado 18 de octubre que impresionan por su realismo y una visión privilegiada del mundo:

“He estado pensando en el inicio del nuevo año. Tenemos dos meses y medio antes que esté encima nuestro, pero hay una cantidad de cosas de las cuales ya podemos estar seguros”.

“No hay manera de que 2018 no sea dramático. Después de todo el estrés de 2017, sería bueno pensar que podríamos tener un respiro. Pero no hay forma de que el próximo año sea reparador. Los escenarios ya se han configurado desde el punto de vista político, social y ambiental; se deberá dar respuesta a demasiadas preguntas y se rogará para que muchos cuestiones conflictivas sean abordadas en un sentido u otro”.

Pero la vida nunca es sólo lo que nos sucede a nosotros; se trata de a quiénes elegimos para que estén dentro pasando por la experiencia. Nos sirve para comenzar a pensar ahora quiénes vamos a ser en 2018”.

¿Qué nos advierten estas reflexiones de Williamson? En primer lugar, cuando dice “que estén dentro” se refiere a aquellas personas con las que sentimos que estamos en el mismo baro, aguantando el tipo a pesar de las dificultades. No hay duda que muestra primero la cara oculta de la luna, la negatividad y el pesimismo de un realismo que no tiene vuelta atrás por las previsiones que hace, por las que nosotros coincidimos también dado como está el mundo en este instante y del cual no creemos que se operen grandes cambios favorables; a continuación abre una puerta a la esperanza que pasa una vez más en su filosofía por el contacto, ya sea compartir, amar, disfrutar o también sufrir, pero sabiendo quién o quiénes están transitando con nosotros el camino que tenemos que andar. El de ahora y el nuevo que iniciamos.

Que al referirse a que nuestra existencia no sólo es lo que nos sucede a nosotros sino a los que elijamos para compartir nuestras vivencias, nos lleva a que además de definirnos qué queremos ser en el presente y en el futuro inmediato, tengamos en cuenta que la alegría no se da simplemente, sino que hay que elegir vivir con ella y cuidar muy bien que hay que seguir eligiéndola cada día.

Robert Louis Stevenson (1850-1894) que fue un novelista, ensayista y poeta escocés instaba en la misma línea que Williamson afirmando “descubre dónde reside la alegría y dale una voz más allá del canto, ya que perdiendo la alegría se pierde todo”.

¿Qué alcance tiene este pensamiento? Que lo que primero se ve o la primera reacción que pueda tenerse, por ejemplo cantar de alegría, no necesariamente llena nuestro espíritu porque justamente hay que proveerle de una permanencia mucho mayor, que se integre en nuestros principios y valores, que sea más que una ocasión que nos has salido bien la cosa o la oportunidad de un momento esperado.Que se convierta en nuestra habitual manera de conducirnos en la vida.Que la vida no tiene que ser perfecta para que pueda ser llenada con alegría.

Williamson lo decía claramente en cuanto a la visión pesimista que nos surge para 2018, aunque no claudicando en la necesaria valoración que debemos hacer de todo aquello bueno que nos sucede.

La alegría es un trayecto porque está en el viaje que emprendemos desde que tenemos uso de razón, pero muy especialmente a partir de nuestra adolescencia y juventud. Encontrar la alegría en el viaje es mantener el fuego sagrado de nuestras metas y objetivos. La alegría no está en las cosas…sino en nosotros mismos. En definitiva, la alegría es una decisión que tomamos con coraje para dar respuesta a los retos a los que la vida nos enfrenta.

¿Puede la alegría ser un signo de mejora futura? Sin duda, un momento de alegría que podamos disfrutar está dándonos una señal de nuestro horizonte que debemos interpretar. Además se contagia, especialmente a los más allegados, del mismo modo, que el sufrimiento también más duele a los más queridos porque sufren por nosotros.

Tenemos que entender que la alegría tiene en nuestro espíritu y en el diseño de nuestra vida un alcance mucho mayor que casi todos los atributos que pueda tener una persona. Está en el mismo nivel de la lealtad, compasión, sentido de la responsabilidad y también en el amor fraterno a los seres queridos. Porque en definitiva,es una marca particular de nuestra felicidad que no depende sólo de lo que sucede, sino de nuestra actitud y de cómo gestionamos la adversidad.

En un contexto más místico pero no menos realista en cuanto a las consecuencias de las buenas obras, la Madre Teresa decía que “la alegría es la red del amor con la cual se pueden cazar almas”. La metáfora de la telaraña pero sin duda de bondad suprema.

Para la alegría no se pueden establecer reglas para que surja espontáneamente, pero sí ayudar a canalizar en la dirección apropiada nuestros sentimientos y emociones.

Que el corazón sonría a otras personas y que sintamos los corazones de los demás sonreír también; que sepamos soportar (que no es ignorar) el dolor porque hay una alegría profunda y potencial que nos desborda, que supera el sufrimiento y que abre una puerta a la esperanza; que podamos olvidar y sepamos perdonar; la alegría puede perfectamente convivir con el arrepentimiento siempre y cuando hayamos aprendido a vivir con él; en suma, la alegría está en todas partes y como las nubes y claros que intermitentemente ocultan el sol, sepamos buscar los espacios de luz que la alegría nos suministra.

Es el H2O de nuestro espíritu. ¡Mantengámosla!

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