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Las grandes empresas de Silicon Valley han reorientado con su ejemplo la gestión de los recursos humanos de todas las empresas del mundo. Sus marcas consiguieron crear un fenómeno fans para sus clientes y también para sus empleados. Los clientes dejaron de valorar productos y servicios para convertirse en auténticos fanáticos de la marca, capaces de no dormir y pasar frío en la calle a fin de ser los primeros en comprar la última versión de un teléfono móvil, por ejemplo. Estas colas sólo son comparables con las previas a un gran concierto de rock o pop.

La tracción de la marca llegó también a los empleados, a los jóvenes y no tan jóvenes deseosos de trabajar en los GAFA (Google, Appel, Facebook y Amazon). ‘Los becarios’ es un film que reflejó en la gran pantalla el mundo laboral de Google con la gran competitividad de los mejores profesionales del mundo por encontrar un hueco en la empresa estrella de la red de redes. Y además, potenció el llamado ‘sueño americano’ de que cualquier persona puede alcanzar ese sueño sin límites de edad, género, formación o curricula.

El diferencial del éxito: alineación del talento

Vemos en nuestra foto de portada a Indra Nooyi, presidenta y CEO de PepsiCo, y Jamie Dimon, presidente y CEO de JPMorgan Chase, que se reunieron en “The CEO Iniatitive” el pasado lunes 25 de septiembre en Nueva York, entre otros altos directivos de compañías globales. El encuentro contaba como anfitriones a las revistas Fortune y Time. Esta primera cumbre de los líderes mundiales de los negocios privados perseguía explicar al mundo que los negocios también pueden ser una fuerza para el bien. Pero también había en el fondo ciertos modelos de liderazgo que entraron en discusión y conflicto. ¿En qué espejo debemos mirarnos? ¿Hay un modelo único? ¿Cuál es el líder que todos quieren imitar?

Indra Nooyi, presidenta y CEO de PepsiCo, y Jamie Dimon, presidente y CEO de JPMorgan Chase
Indra Nooyi, presidenta y CEO de PepsiCo, y Jamie Dimon, presidente y CEO de JPMorgan Chase
Como muestra nuestra foto de portada a una joven profesional en clara demostración de alegría por haber superado seguramente objetivos o cubierto una meta. Esto es justamente lo que pretendemos desde la iniciativa EEN-Ecofin Business School para que sean muchos los profesionales noveles que quieran potenciar su carrera.
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Todos los estudios e investigaciones nos dicen que después de dos meses nuestros cerebros ponen en marcha el piloto automático y la rutina se apodera de nuestras vidas.

Cada vez que en una conversación entre compañeros de trabajo o incluso entre amigos, sale el tema de los buenos o malos hábitos, la realidad es que con la misma velocidad con la que les gusta presumir de sus buenos hábitos, también esconden o niegan aquellos que saben que son negativos.

Y la cuestión no es tema menor, ya que en el ámbito de las organizaciones y las relaciones interpersonales, los hábitos negativos terminan impactando en la operatividad de la empresa y en el ambiente de trabajo. Así de claro. Cuestión que el líder efectivo sabe cómo manejar, justamente para que no altere el nivel de rendimiento de sus equipos, al mismo tiempo que evite las fricciones personales por cuestiones meramente de comportamientos que se han convertido en hábitos negativos.

Los malos hábitos que dirigen nuestra vida

Cuando observamos la foto de portada de Rafa Nadal, reciente ganador del US Open que le hace sumar 16 torneos de Grand Slam y colocarse nuevamente como nº1 del ranking mundial de tenis, lo único que nos viene a la cabeza es la palabra talento. Lo que sí es seguro es que a sus dotes naturales tuvo que sumar muchos esfuerzos, sacrificios y especialmente disciplina.

Una pregunta que suele hacerse cada vez que se trata doctrinariamente el tema del talento, es: ¿se puede afirmar que la gran mayoría de los directores de departamento o jefes de equipo saben reconocer el talento de su personal? O también, surge otra cuestión no menos importante a los fines del tratamiento del talento, que es si esos directivos y demás mandos intermedios pertenecen a esa categoría (aún mayoritaria) que pretende amoldar las personas a la organización a cualquier coste. Algo así como que se adapten a la empresa o que se vayan.

¿Sabemos reconocer el talento del personal?

A pesar que la expresión “una imagen vale más que mil palabras” se haya utilizado quizás en exceso, no deja de ser elocuente la de nuestra foto de portada, en la que un niño está soplando un diente de león, porque le produce asombro y curiosidad. Está motivado para conocer y descubrir las verdades de la naturaleza.

A pesar de que las personas están sumidas en su rutina diaria, una de las claves que tienen las emocionalmente estables, es que mantienen un cierto equilibrio en sus actitudes, pensamientos y acciones. También la curiosidad de ese niño con el diente de león les aflora a diario en función de las diversas vicisitudes que se producen en su vida laboral y personal.

Esta manera de conducirse en la vida, siempre atentos, curiosos y explorando en qué se puede mejorar cada día, tiene directa relación en la forma en cómo cada persona ve el mundo, su entorno y los problemas a los que deben enfrentarse.

El líder que de niño sopló un diente de león

La sensación de vértigo que produce nuestra foto de portada en la que una trapecista está a punto de ser cogida por las manos por su compañero de acrobacia, nos hace reflexionar hasta qué punto la confianza es una cuestión vital en casi todos los órdenes de la vida.

En una jornada cualquiera en la rutina diaria de una persona, se producen una cantidad de inputs negativos que recibimos en las noticias desde que nos levantamos hasta el mismo momento en que nos vamos a acostar por la noche. Es como si el pesimismo se apoderase de nosotros. Basta revisar las últimas noticias desde los huracanes de categoría 5 en el Caribe y sur de Estados Unidos, pasando por la explosión subterránea de una bomba de hidrógeno ocho veces más potente que la de Hisroshima, llevada a cabo por Corea del Norte que provocó un seísmo de un 6,3 en la escala de Richter, hasta la constante preocupación cada día sobre el terrorismo yihadista en Europa.

La creencia de una inquebrantable fe en nosotros mismos
No es lo mismo hablar que comunicar. Hablar lo sabemos hacer todos –Se supone-. Hablando lo que hacemos es transmitir información, algo que no entraña mucha dificultad. Comunicar sin embrago supone algo más, no solo nos tenemos que limitar a lanzar información, también debemos implicar las emociones. Con las emociones conseguiremos llamar la atención de nuestros interlocutores y haremos que nuestro mensaje sea recordado.

“Si no comunicas no transmites sentimientos, sin estos es imposible liderar a tu equipo”

Se estima que un 75% de la población sufre algún sentimiento de ansiedad y nerviosismo al hablar en público. Si lo trasladamos al mundo profesional nos encontramos con un problema clave para comunicar eficazmente a un equipo de trabajo, sobre todo si te encuentras dentro de ese 75%.

5 Ideas para comunicar con tu equipo
La perspectiva, palabra derivada del latín, en la acepción que se da a este vocablo, es el arte de dibujar para recrear la profundidad y la posición relativa de los objetos comunes. No cabe duda que cuando vemos una pintura en un museo, la perspectiva simula la profundidad y los efectos que se quieren dar para un observador externo.

En la teoría de las organizaciones, en particular en el amplio campo de estudio del liderazgo, la perspectiva tiene un alcance mucho mayor que la observación de un dibujo y percibir la profundidad del mismo. Estamos refiriéndonos a ver cosas nuevas, a replantearnos la visión sobre los escenarios actuales construyendo los nuevos, o al menos, poniendo a disposición de la organización, los elementos que necesariamente van a conformar las nuevas reglas de juego. Por tanto, ver en perspectiva es mirar el medio y largo plazo. La profundidad de la pintura en el museo se transforma en las organizaciones, en el acto de despejar el horizonte temporal que con el día a día a veces se hace imposible ver en toda su amplitud.

Clara perspectiva de una acuarela holandesa de 1920
Clara perspectiva de una acuarela holandesa de 1920
Es tiempo de vacaciones y aunque parezca mentira, también de utilizar algo de nuestro tiempo de descanso en lo que podríamos llamar “tiempo para pensar”, lo que no es excluyente con el disfrute de actividades deportivas, visitas a lugares que no conocemos y especialmente pasar tiempo con la familia.

¿Por qué decimos que tenemos un tiempo para pensar?

Porque durante el año prácticamente vamos con el piloto automático puesto. No es que no planificamos, porque a diario estamos tomando decisiones e implementando acciones que en algunos casos llevan al menos seis meses en cartera. Pero no nos engañemos, porque al ritmo que vivimos hoy día, en la gran mayoría de situaciones no tenemos más remedio que gestionarlas sobre la marcha.

¿Vacaciones para pensar?
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