7 de junio de 2020, 5:44:23
PERIODISMO

Los periodistas debemos evolucionar hacia un trabajo más responsable sobre el enorme desafío que supone el capitalismo depredador (stakeholder capitalism), como se debate estos días en el Foro de Davos.


Shareholder journalism

Por Miguel Ormaetxea

El stakeholder capitalism, que ahora rige básicamente el mundo, es responsable mayor del deterioro gravísimo del planeta, la rapiña de los recursos naturales y la creciente, intolerable desigualdad. Empiezan a proliferar los libros y la opinión cualificada denunciando estos hechos y proponiendo reformas de fondo en el sistema económico imperante. Por citar un ejemplo, "Capital e ideología" de Thomas Piketty, es una lectura obligada. El Foro Económico Mundial de Davos ha dedicado su 50 edición a este tema crucial. "Somos muchos los que hemos visto que esta forma de capitalismo ya no es sostenible", ha dicho el fundador de Davos, Klaus Schwab, poco sospechoso de ser un peligroso comunista. Una mayoría de personas en todo el mundo cree que el capitalismo está haciendo más daño que bien, según el prestigioso Barómetro de Confianza Edelman, tal y como resalta la enviada especial de "El País" a Davos Alicia González. La alternativa que está tomando cuerpo es el bautizado como stakeholder capitalism, cuyo fin primordial no es la satisfacción del accionista y su remuneración, sino el conjunto de la población humana y su entorno. El baqueteado y desorientado oficio del periodismo, ¿no debería hacer una reflexión al respecto y ir desarrollando una especia de shareholder journalism, cuyo cometido no esté orientado a lograr "chicks", audiencia, soporte para la publicidad, cada día más detestada, sino excelente periodismo como servicio público, apoyado por mecenas, fundaciones, empresas responsables, dedicadas al progreso común?


El recién empezado año 2020 se anuncia como crucial para todo el sistema de la información digital, que ahora es mayoritariamente un lodazal de desinformación, embarrada por el desesperado intento de los editores de lograr audiencias a toda costa. Unas cuantas cabeceras de prestigio han logrado sacar la cabeza del agua en la inundación digital, ofreciendo agua potable y marcando el camino: la calidad y la responsabilidad social de los contenidos será determinante.

Es bastante impresionante comprobar que la publicidad tradicional, invasiva, repetitiva, camina a ciegas hacia sus propios abismos. Un mayoritario 60% de los anunciantes se declaran hoy insatisfechos con sus relaciones con los medios digitales. Y la publicidad en papel está en una inexorable cuesta abajo sin que se vea el final. En varias ciudades francesas están intentando prohibir los anuncios públicos en sus calles. Las vallas publicitarias de video de alta tecnología están multiplicando sus espacios en las ciudades de todo el mundo y empiezan a suscitar movimientos de protesta significativas. La publicidad altera tu espíritu, lo corrompe, te confunde sobre lo que realmente necesitas y te distrae sobre lo que realmente precisas y sobre los problemas reales como la crisis climática. Además, estos pantallas se están haciendo más sofisticadas e interactivas, con el potencial de recopilar datos sobre los viandantes. Peligro! ¿No debemos los periodistas decir y hacer algo sobre la defensa del interés general? Algo así como shareholder journalism.

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