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La vida encoge o se expande en proporción a nuestro coraje (Anaïs Nin) ¿Y en la política?

No pudo haberlo definido mejor la escritora estadounidense Anaïs Nin (1903-1977), porque en los momentos decisivos de la vida de las personas y también las sociedades, la sensación de que nos encogemos ante las dificultades o por el contario nos agrandamos y enfrentamos a ella, el responsable de cualquiera de ambas reacciones es el coraje.

Etimológicamente hablando, la palabra coraje significa “poner el corazón por delante”. En realidad es una de las más importantes virtudes humanas, que pone a prueba el carácter de una persona cuando tiene que apelar a toda su fuerza y voluntad para soslayar los obstáculos que se le ponen a su paso.

En ocasiones, las situaciones adversas que se presentan son tan duras que generan miedo, determinando circunstancias especiales que se han visto como esas madres o padres “corajes” que sacaron fuerzas de dónde no las tenían para sobreponerse a esos miedos y persistir en las acciones que estaban realizando.

Pero en la España de hoy lo que nos preocupa es la ausencia (esperemos que momentánea) de coraje político, además de otras falencias tremendas de las cuales estamos siendo testigos, tales como orgullos estúpidos, personalismos llevados hasta el mismo límite de la sinrazón o la transmisión a la ciudadanía de una realidad que sólo existe en la mente de algún líder político cuando cree que tiene aritmética suficiente para conformar gobierno.

Si los líderes políticos actuales tuviesen realmente coraje como algunos de esos padres o madres referidos, seguramente se hubiera conformado un gobierno porque esa virtud que da fuerza moral, intelectual y física les hubiera facilitado admitir que la historia no espera, que España no puede estar con un gobierno en funciones durante tantos meses, poniendo en riesgo el crecimiento que después de tanto sacrificio por la crisis se venía obteniendo.

Pero el coraje tiene dos enemigos claro en el campo político: la mediocridad y el egoísmo. Como no queremos ofender a nadie, decimos que cuando aparece la mezquindad política en actitudes y declaraciones de determinados responsables, sólo puede deberse a que se trata de una personalidad mediocre. ¡Y líbrame Dios de los mediocres!

Pero además están mostrándose como ególatras, que es tanto o más grave aún que las consecuencias de los actos de los mediocres, al creerse que son la única solución, una especie de “elegido” para sacar a España del atolladero. Nada más falso y también líbrame Dios de los “mesías”, porque de ellos no será el “reino de esta tierra”.

O sea que entre mediocres, ególatras y líderes que están faltos de coraje político que les haga sentir la necesidad de la renuncia, o la abstención si es necesaria, se está cocinando esta etapa (no negra porque no debemos exagerar) pero nefasta desde lo que puede considerarse alta política de estado.

La situación de padecimiento por la que atraviesan millones de familias en España no da lugar a enjuagues ni experimentos raros. Entonces, si la historia no espera hay que protagonizarla. Y esto requiere coraje, capacidad de renuncia y sentido de estado, que no parece sea el sentimiento más abundante en nuestra clase política cada vez que son los intereses personales y de partido los que se anteponen a los generales de los ciudadanos.

Pero tienen la habilidad (diría la desfachatez) de querer hacernos creer que están trabajando de manera desinteresada y “dejándose la piel” para logra un gobierno de progreso y cambio, cuando en realidad ni ellos mismos se lo creen porque ni la aritmética da (aunque podría forzarse) ni sus respectivos orgullos se lo permiten.

Winston Churchill (1874-1965) afirmaba con la rotundidad que le caracterizaba, que “coraje es lo que se necesita para levantarse y hablar; coraje es también lo que se necesita para sentarse y escuchar”. Coraje es tener un aire de valentía cívica en beneficio del bien general, sentarse y no sólo proponer sino saber renunciar y ceder, cuestión que si como sabemos es la base de toda negociación, se convierte en esencial en las negociaciones políticas actuales para conformar gobierno y evitar ir a nuevas elecciones.

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