Medios de Comunicación

El digital, ¿reñido con su misión pública?

Expertos debaten si la migración a la web de los diarios disminuye su función de controlar al poder

Rodrigo Carretero | Martes 02 de septiembre de 2014

El anuncio hace dos semanas de que el “Times-Picayune” dejaba de publicarse todos los días para hacerlo tres días a la semana y la decisión de Postmedia de hacer lo mismo con sus diarios en Canadá y centrarse en el digital ha suscitado un intenso debate sobre el futuro de los medios impresos. Mathew Ingram va un poco más allá a de la mera cuestión entre si el futuro es de papel o on-line para hacerse una pregunta a la que él mismo encuentra una difícil respuesta: “¿qué impacto tendrá que los diarios dejen de ser diarios y se pasen a la web en su capacidad de servir a un fin público?



El autor analiza la situación en un artículo en GigaOm en el que recuerda que la decisión tomada por los propietarios del “Times-Picayune” fue vista por muchos expertos casi como “una negligencia” en el cumplimiento de la función pública. “Parecía como si algo digital no tuviera tanta fuerza para hacerlo como la versión impresa”, reflexiona Ingram. Asegura, además, que David Simon, creador de los programas de televisión The Wire y Treme, está muy preocupado por la pérdida de la función de vigilancia del poder que juega en una ciudad un periódico que se publica todos los días. Para Simon, el simple hecho de que un diario no se publique siempre deja abierta las puertas a la corrupción.

David Carr, periodista de “The New York Times”, apoya esa tesis: “La presencia de un diario en las tiendas, en las cafeterías, en las calles… es un recordatorio de que en la ciudad hay alguien ahí mirando, vigilando. Hay que preguntarse si sucederá lo mismo cuando el periódico no esté ahí todos los días…”

Igram subraya que Carr recordó en un debate a través de Twitter que, al menos en teoría, no hay ninguna razón para pensar que una organización exclusivamente digital no pueda ejercer igualmente esa función de control del poder. “Pero Carr señaló que muchos residentes en Nueva Orleans –la ciudad en la que se publica el “Times-Picayune”- no tienen acceso a Internet y, al no salir a diario, quizá ya no quieran suscribirse al periódico”.

Ingram se desmarca de esa idea, pero sí cree que el paso del papel al digital puede tener consecuencias para el control del poder no por la plataforma en la que se publique, sino por las decisiones empresariales que puedan tomar los editores: “Puede suceder que el paso hacia la exclusividad online se haga como una medida para ahorrar costes y si eso se extiende y se despide personal, los reportajes de investigación del diario pueden pagar las consecuencias”.

Por eso, Ingram se acaba preguntando: ¿Cuál es el propósito de un periódico? ¿Hacer dinero o servir a un fin público en la sociedad? Y concluye: “Una vez que un periódico ha sido despojado de la magia de la impresión y con Twitter aumentando en importancia como fuente de noticias, los medios digitales corren el riesgo de acabar siendo una sola voz”.