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Cobrar por la información "on-line"... con doce años de retraso

Martes 02 de septiembre de 2014

Allá por los inicios del siglo XXI, cuando la “burbuja.com” estaba adquiriendo sus
mayores dimensiones, muy pocos nos oponíamos al dogma de fe que entonces imperaba
en los medios: que en la nueva era de internet, había que facilitar gratis la información,
a través de la multitud de portales, “blogs” y otros bichos del ciberespacio, porque la
publicidad cubriría sobradamente los costes.



Quienes nos oponíamos a ese pensamiento único éramos tachados de ignorantes
y de herejes. A mí, dos personas muy competentes y prestigiosas en el sector, de los que
entonces “veían el futuro”, un director de medios (ahora recién cesado) y un alto
ejecutivo (ahora ya jubilado), me llegaron a tachar de “cavernícola” por “no ver el
futuro” y defender a capa y espada la idea de que regalando nadie gana dinero y de que
la publicidad en internet tenía tanto campo libre donde anunciarse que difícilmente
traería suficiente facturación a los periódicos y a las revistas, por más que estos
exhibieran millones de “pinchazos” y de usuarios en sus webs gratuitas… entre otras
cosas porque el anunciante quiere saber a quién se dirige y no pegar su anuncio en un
muro que cualquiera, repito, cualquiera, puede llenar de pintadas que la gente lee gratis.
Porque en eso se ha convertido el ciberespacio: en un inmenso muro (no es casual que
este término sea habitual en las redes sociales) en el que cualquiera pone algo, su
particular “pintada”, y cualquiera lo lee sin pagar. Y eso puede servir para ciertas cosas
(como que los grandes buscadores, agregadores y otros gorrones se forren, porque ellos
sí rentabilizan la publicidad mientras que no pagan nada por la información) pero desde
luego no para mantener vivo el negocio de los medios de comunicación.
Ahora, con doce años de retraso, parece que las tesis herejes sustituyen poco a
poco al dogma de fe: los periódicos españoles quieren seguir el paso marcado por los
grandes medios internacionales (como uno de los más emblemáticos, “The New York
Times”), que cobran por sus ediciones digitales y logran ganar dinero por ello, porque
el lector sí está dispuesto a pagar por algo bueno y fiable y porque el anunciante sí entra
y factura lo suficiente en medios cuyos suscriptores puede reconocer e identificar, y en
formatos que recuerdan a las páginas de publicidad tradicionales, aunque se vean en una
pantalla y no en papel. Como por fin se han convencido (a base de perder millones de
euros año tras año) de que regalar algo bueno es el mejor modo de no hacer negocio, los
medios españoles cambian el “chip” y comienzan a hacer lo mismo que las grandes
cabeceras anglosajonas iniciaron hace tiempo. Con pocos días de diferencia,
tanto “Expansión” como “El País” han anunciado que recortarán las aportaciones de los
periódicos a las webs gratuitas, porque su gran objetivo ahora es que la gente se
suscriba a las ediciones digitales de pago, que comercializan a través de los
correspondientes quioscos “on-line”. Parece que por fin se han dado cuenta de que,
como yo decía hace algunas semanas en esta misma web, “la prensa digital tiene dentro
al enemigo.com”.
Y esa es la tendencia lógica. El que quiera ver cosas gratis, encontrará
muchísimas en el ciberespacio. Pero quien busque la confianza de una marca, de un
medio prestigioso, de la labor de una redacción profesional y que cobra todos los meses
por trabajar, tendrá que pagar por ello y suscribirse a las ediciones digitales… o volver
a bajar al quiosco a comprarse el periódico y la revista. Y el anunciante que quiera
gastarse dinero en la red, discriminará también y sabrá que un anuncio en un medio de
prestigio lo ven suscriptores identificados y de determinado nivel, mientras que un

pegote publicitario, normalmente invasivo, en las webs gratuitas no lo ve casi nadie de
los millones que pueden entrar en ellas, que pinchan en la equis de eliminar el anuncio
sin ni siquiera enterarse de qué era. Y aunque lo vean, es tal la dispersión del supuesto
receptor del mensaje publicitario que su efectividad y, por tanto, su precio, se reducen al
mínimo.
Doce años después. Demasiado tarde para grupos mediáticos que, por regalarlo
todo, se están quedando sin nada y, además, han arrasado por el camino miles de
puestos de trabajo de calidad, han sustituido redacciones experimentadas por cuadrillas
de becarios o de “blogueros”, han puesto de directores a personas dóciles y también
inexpertas… Ahora, estos grandes grupos mediáticos -los mismos que liderados por
ejecutivos “modernos” y “enterados” comulgaron rápidamente con el dogma del “todo
gratis”- quieren recuperar los doce años perdidos justo cuando el panorama general está
también arrasado por una crisis económica sin precedentes, que les ha atrapado mientras
seguían apostando por regalar su principal activo, los contenidos periodísticos de
calidad.
¡Si hubieran hecho caso a los herejes y a los cavernícolas! ¡Si se hubieran dado
cuenta a tiempo de que los nuevos monstruos del ciberespacio les habían engañado para
que les dieran todo gratis y así poder hacer ellos, y solo ellos, el negocio!
La “burbuja.com” ha sido el gran “fiasco.com” para los medios de
comunicación, que confundieron el continente (el soporte), con el contenido (el
periodismo de calidad), y comenzaron a regalar este último, su principal activo, para
que los inventores, dueños y gestores del nuevo soporte, los “bichos.com”, se nutrieran
de ese alimento gratuito, engordaran y se quedaran con todo. Ahora, los ingenuos
medios de comunicación, liderados por ejecutivos listillos que “veían el futuro”, tienen
lo que se merecen, la lenta e inexorable extinción, como viejos dinosaurios que
demasiado tarde han aprendido que la ley de la selva sigue siendo la misma de siempre:
come o serás devorado y, por supuesto, no le regales tu alimento y tu energía a nadie…
porque tú morirás y él se hará más grande de lo que tú fuiste nunca.
Como también comenté hace tiempo en este mismo espacio, sólo sobrevivirán
los dinosaurios que evolucionen y se conviertan en pájaros capaces de encontrar otra
vez suficiente alimento… y sin regalar nada.

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