Balas Mediaticas

Conexión total

Martes 02 de septiembre de 2014

Hacia el 2020 todo el mundo estará conectado. Lo ha dicho nada menos que Eric Schmidt, el director de Google. Y John Chambers, presidente de Cisco, remacha: no solo las personas, todas las cosas del planeta estarán conectadas mediante una interfaz a una infraestructura digital. Está en marcha la cuarta fase del proceso de digitalización planetaria, el Internet-De-Todo (IoE en sus siglas en inglés). Las consecuencias económicas, culturales y políticas, serán impredecibles. La discontinuidad se impone.



Hace 10 años había 200 millones de conexiones a Internet, ahora hay más de 10.000 millones y serán 500.000 millones en otra década, según Chambers. No es solamente una cuestión aritmética, a medida que la web se expande y se digitaliza el conocimiento humano, las revoluciones se superponen hasta producir una discontinuidad radical. Este es el mayor problema de la prospectiva actual: las extrapolaciones de tendencias de hoy corren el riesgo de fracasar estrepitosamente. “El porvenir ya no será más como antes”, dice con cierta sorna Paul Krugman, el “gurú” aficionado a lo apocalíptico. El nuevo libro de Eric Schmidt, “The New Digital Age: Reshaping the Future of People, Nations and Business”, nos habla de un futuro que está a la vuelta de la esquina, cuando los smartphones cuesten menos de 20 dólares y se transforme completamente la forma de pensar de la gente, las manera de hacer negocios, una cultura digital que apenas está balbuciendo y aún no se pone en pié, porque la tecnología ha sobrepasado a la capacidad humana de asimilar, estamos ante una nueva mente en formación, la mente digital.
Los medios de comunicación actuales están dramáticamente sobrepasados, barridos, devastados, por la incipiente sociedad digital. Las noticias puras y duras ya no son más su asunto, su sentido, su sensibilidad. El mundo digital es demasiado rápido para ellos, es inmediato, imposible de seguir. Las noticias son el tiempo real, dejémoslas a las redes sociales y a otras herramientas hiperconectadas. Los periodistas debemos concentrarnos en buscar en la Red lo significativo, lo importante, el mar que bulle de vida bajo la superficie de las olas, las noticias que contienen verdad, que explican, que alumbran. Debemos dotar de significados el diluvio abrumador de la actualidad. ¡Casi nada! Nunca nuestro trabajo ha sido tan importante, tan social, tan distinto.
Estaremos permanentemente conectados con dispositivos cada vez más integrados en nuestro cuerpo, cada vez más invisibles. Las gafas digitales son solo el primer paso. Las pantallas interactivas, los smartphones con aplicaciones que resolverán cualquier tarea por nosotros, la desaparición del dinero en efectivo, la posibilidad de interactuar con los dispositivos con gestos y miradas, la nueva economía entre particulares, la economía de lo compartido, el consumo colaborativo, etc. (Véase la serie de las 15 tecnologías que cambiarán nuestra vida, que publicamos completa hoy, que nos da una perspectiva de fondo imprescindible, mucho más allá de Internet). Internet no es un medio, es el símbolo y el paradigma del nuevo medio ambiente digital, un ecosistema radical, el océano en el que vamos a zambullirnos. Aprendamos cuanto antes a nadar, a aprender a aprender toda la vida, porque la discontinuidad sistemática es la nueva mente del emperador.