Internet

Luis García Casas | Martes 02 de septiembre de 2014

  



¿Qué supone internet en este sentido, qué cambios en el negocio informativo implica?

En un lado, en el lado positivo, la distribución se ha hecho muchísimo más fácil. Es positivo, sí, pero también tira la barrera de entrada: ahora mismo cualquiera puede hacer contenidos y distribuirlos. Pero, por otro lado, generar ingresos se ha hecho mucho más difícil. Y las dos cosas combinadas, hacen que sea un entorno complicado, más competitivo. Venimos de un modelo en el que había, prácticamente, oligopolios: muy pocas compañías que competían en cada uno de los segmentos de mercado. Y hemos pasado a un entorno en el que compites con prácticamente cualquier compañía. Es más, no solamente compites con compañías, compites también con amateurs, con amateurs que se profesionalizan, y con otros que hacen esto no porque quieran ganar dinero sino que lo hacen porque les gusta. Claro, es muy complicado competir en tu mercado con alguien que se mueve con lógicas muy diferentes a las tuyas.

También eso se puede aprovechar: conseguir que esos amateurs publiquen en tu página, en lugar de en las suyas, como hace el Huftington Post, que cuenta, por ejemplo, con Felipe González como bloguero. Puede ser una ventaja...

Sí, pero, por otra parte, lo que sí que te diría es que en el Huffpo [como popularmente se conoce al Huffington Post], que tiene un modelo nuevo, interesante, al final, cuando hacen un blog de Felipe González no es muy distinto a cuando El País hacía una tribuna o una columna que escribía el ex presidente del Gobierno. O sea, apuesto que el proceso es similar y me juego el cuello a que Felipe González no entra en el CMS [el servidor] a subir su artículo. Y no sé si contesta a los comentarios de sus lectores en su blog… posiblemente él no lo hace, pero sí que hay otros que sí que lo hacen. Yo creo que, si no usas ese tipo de… si usas un blog como una columna, pierdes una parte de las ventajas que te da. Dicho esto, el modelo del Huffpo en Estados Unidos es absolutamente estupendo y, bueno, está por ver cómo se adapta en España y qué nivel de éxito tiene.

¿Todo son desventajas para los medios tradicionales en este nuevo panorama?

Obviamente los medios tradicionales tienen muchas ventajas. Yo creo que la principal es las marcas. En cierta medida, también, las audiencias adquiridas, pero, sobre todo, el poder de esas marcas y la comunidad creada en torno a esas marcas: la afinidad emocional que tienen muchos lectores, muchos oyentes o muchos televidentes con esas marcas. También está, el acceso a las fuentes. A nosotros, al principio, no nos dejaban un teléfono [para hacer nuestros reportajes], imagínate para dejarnos un coche. Ahora nos prestan coches con asiduidad para hacer nuestras pruebas. Eso se consigue. Quizá en el entorno político es un poco más complicado, y además es una temática que nosotros no tratamos, pero yo estoy convencido que sí que se consigue.

Ejemplos en positivo: ¿quién lo está haciendo bien?

¿Qué es lo que sucede? Cuando hay un cambio, en negocios, en política, o en todos los entornos, tan grande, lo normal es que las organizaciones no sobrevivan. Porque las organizaciones están pensadas para un entorno determinado, y cuando el entorno cambia bruscamente, esas organizaciones... a ver, técnicamente, podrían adaptarse, pero en la práctica tienen unas inercias que hacen que sea muy complicado que lo hagan. Quitando algunas excepciones, tipo la Iglesia, son pocas las organizaciones que han logrado adaptarse bien a los cambios. Pero lo que sí que hay, dentro de las organizaciones clásicas, es gente muy valiosa y recursos muy válidos que van a salir a montar proyectos propios o van a salir a incorporarse en proyectos que se hayan montado fuera. Y esto, de nuevo, me vale para las empresas, me vale para los medios y me vale también para la política. Pero veo complicado que organizaciones que están pensadas para un entorno radicalmente distinto, tengan éxito importante y sean protagonistas de esta otra era. No sé si es una respuesta demasiado elevada.

Ya que cita a la Iglesia, que lleva dos mil años adaptándose a todo, ¡qué poco le ha durado el Twitter al Papa!

Bueno, no sé si es que al Papa al que le ha durado poco el Twitter o al Twitter al que le ha durado poco el Papa, pero bueno.

¿Sigue siendo Internet un ámbito, el ámbito, de la libertad de expresión?

El cambio que supone internet en la sociedad es tan grande y está tan cerca, que yo creo que no lo llegamos a percibir bien. O sea, imagínate tú a Guttemberg haciendo la imprenta... en aquel momento, nadie que trabajaba allí se daba cuenta del impacto en la sociedad, en todos los ámbitos, que iba a tener el invento, porque estás demasiado cerca, estás con las manos manchadas de tinta intentando ver si aquello funciona o no, si imprimes Biblias o si imprimes otra cosa. Nos pasa un poco eso, yo creo que a partir del siglo XIX o a finales del XX, Internet es el ámbito de la libertad de expresión por excelencia, y te diría que, además, es el ámbito de actuación política por excelencia. Esto todavía está mucho más en la infancia que en lo otro, pero no me cabe ninguna duda de que esto va a así.

 ¿Qué está suponiendo internet para la participación ciudadana?

Internet está suponiendo dos cosas muy importantes para el ámbito político: lo primero es que democratiza o generaliza la capacidad de difundir un mensaje propio. Igual que decíamos antes de los medios, pasa lo mismo con las ideas políticas. Con las opiniones o el activismo. Cualquiera podía empezar una causa antes, pero la capacidad que tenía de llegada una persona normal y corriente era muy limitada. Ahora, si tú tienes una causa suficientemente potente, la puedes poner en internet y se van sumando adhesiones y se puede convertir en algo mucho más multitudinario. De nuevo, se ha roto un oligopolio de quién podía hacer llegar su mensaje a todo el mundo. Y ahora hay muchísima más gente que puede hacerlo llegar. La otra característica de internet que altera fundamentalmente esto es que en vez de haber solamente comunicación en un sentido, cuotas, que es lo que nos daban la mayor parte de los medios anteriores, internet lo que permite es la bidireccionalidad y la comunicación horizontal. Es decir, permite que la gente se comunique entre ellos, que no dependan de un medio para hacerlo, que cada uno de ellos pueda informarse y que se puedan coordinar, y esto hace que se genere opinión fuera de los conductos ordinarios. Se comparte información, se genera opinión y se genera actividad de carácter político fuera de los conductos habituales. Y esto es un fenómeno intrínseco... Al final los cambios tecnológicos fuertes introducen cambios en la sociedad mucho más potentes. Y uno de los cambios que estamos viviendo, que está introduciendo en todos los ámbitos, es que pasamos de unas estructuras jerarquizadas, que son las propias de la época industrial, a estructuras en red que son las características de la época de internet. Y eso propicia que haya un montón de organizaciones en todos los entornos que se  organizan con lógicas de red. Y son muy difíciles de entender (o de atacar o de competir contra ellas) cuando estás en una lógica jerárquica, que es una lógica de un entorno social distinto.

¿Los políticos han entendido este cambio?

Es una pregunta retórica, ¿no?

Tenemos DNI electrónico, ventanilla en internet, tuvimos el 15M... ¿Por qué tenemos la sensación de que nos estamos quedando atrás en este sentido en España? ¿Es errónea?

Yo creo que, efectivamente, en algunos entornos estamos en primera línea. Obviamente, este tipo de cosas van a salir antes en entornos donde la situación es más complicada: es más fácil que haya protestas políticas en internet en España que, a lo mejor, en Alemania. Sin Embargo, si te das cuenta, en Estados Unidos ya hay (quitando Ocuppy Wall Street, que es muy parecido al 15-M), y a mí me parece muy interesante, hay corrientes que dan este paso. Si tú miras, por ejemplo, a Lawrence Lessig, que es abogado, profesor de Harvard y uno de los fundadores de Creative Commons, ha pasado de estar trabajando en temas que tenían mucho que ver con el copyright y la propiedad intelectual, que es en lo que él es especialista, a sumarse al activismo político. Y él el último libro que ha escrito, que es “Why Public Lost”, lo que dice es que han perdido la república americana, o el sentido tradicional, que los poderes ya no responden al pueblo, sino a intereses económicos que son los que sufragan las campañas y son los que luego influyen en la legislación que se hace en Estados Unidos. Y tú fíjate que estamos hablando de Estados Unidos, que tiene un sistema mucho más democrático que el nuestro, mucho más consolidado, con mucha más práctica y de más.

No estamos tan atrás, entonces...

A mí lo que más me preocupa de España en este entorno es que no damos el salto... o sea, en estas cosas hay una parte que van a hacer los individuos y las empresas, y la mayor parte del papel de las administraciones públicas en esto es no entorpecer, o sea, no impedir, no obstaculizar y no inclinar el campo de juego... Si ves esto como un partido de fútbol entre los incumbentes y los nuevos, yo como nuevo entrante en un mercado no pido que el campo esté a mi favor en el partido, lo que pido es que la portería del contrario no esté cuesta arriba, porque entonces marcar goles me va a costar más. Las administraciones públicas tienen mucho más a proteger las industrias antiguas que a potenciar que pueda haberlas nuevas. Y, al final, a base de ladrillos no vamos a salir de la crisis, y a base de defender las industrias que... Cuando se habla de creación y de destrucción de empleo, no solamente hay un problema de las empresas grandes destruyen empleo y las empresas pequeñas lo crean, es un problema, principalmente, de ciclo de vida: las empresas que son pequeñas, que llevan poco tiempo y, sobre todo, que se dedican a sectores nuevos de actividad, son las que tienen más potencial de crecimiento y de generación de valor. Obviamente, el problema que tienes es que el valor en las empresas antiguas se destruye mucho más rápidamente de lo que se crea en las nuevas. Yo siempre digo, entre de guasa y en serio, que nosotros estamos creando empleo, y es verdad, estamos contratando gente y vamos creciendo, pero claro, no lo hacemos a la velocidad que los grandes medios hacen sus ERE, claro, no nos da tiempo a absorber todo ese capital humano.

¿Y va a conseguir hacerlo en algún momento?

 Y tampoco sé si... Dices, mira, estamos en un cambio en la estructura de la industria de medios e imagínate que dentro de cincuenta años ya esté consolidada. No sé si en esa época el tamaño de la industria de medios, en 2063, va a ser (en términos económicos, en términos de empleo) el mismo que es ahora. Puede que sea menos... o a lo mejor puede que sea mucho más, porque hay un montón de industrias derivadas que ahora no hemos pensado y que resulta que sí que emplean a mucha gente. Lo que sí que es verdad es que eso tarda y que, digamos, en los cambios disruptivos se destruye lo viejo mucho más rápido de lo que surge lo nuevo. Por poner un ejemplo, si tú quieres tirar una casa para construir una nueva, hasta que no has quitado los cimientos de la antigua no terminas de empezar, no puedes realmente empezar a construir la nueva. Es difícil decir: voy cambiando, quito una teja de aquí y pongo la nueva... Es difícil, es lo mismo que comentábamos antes del trapecio. Entonces, a mí lo que me preocupa de España, volviendo a tu pregunta anterior, es que veo demasiadas actuaciones que van a defender el mundo antiguo o a intentar que el mundo antiguo nos siga dando de comer a todos. Y ya no es solo un problema de que cuanto más tardes en, ya no te digo que en beneficiar al modelo nuevo, sino, simplemente, no defender tanto el antiguo, peor estarás. Sino que ya es un problema de competitividad. O sea, si al final, el mejor entorno para crear empresas de e-comerce no es España, sino que es UK o es Israel, te van a pasar dos cosas: uno, que las empresas que lo intenten en esos países van a tener más éxito; y, dos, las empresas que quieran montar negocios de ese sector en España, un cierto porcentaje, se van a ir a UK o a Israel a montar esas compañías. Y tú pierdes competitividad como país. Y, además, no solo la pierdes a corto plazo, la pierdes a largo plazo: o sea, estás perdiendo talento y estás perdiendo que grandes empresas que sean relevantes a nivel global, no estén en España, no tengan presencia en España, sino que estén en otro sitio. Eso es a mí lo que me preocupa fundamentalmente. Obviamente, las industrias que caen, hay que ayudarlas... si una industria deja de ser competitiva no hay que ayudarla, hay que dejar que se caiga, hay que ayudar a la reconversión, a los dramas personales, a que la gente se pueda reciclar y dedicarse a otra cosa.

Internet, como herramienta de marketing para relacionar compradores y vendedores, con las posibilidades organizativas que ofrece... ¿va a ser importante para salir de la crisis?

Absolutamente, no tengo ninguna duda. Que no quiere decir que los seis millones de empleos que faltan en España vayan a ser seis millones de internet, pero sí que tengo claro que o somos capaces de competir en internet y somos capaces de generar empresas del siglo XXI y no empresas del siglo XX o, si no, iremos a rebufo. O sea, esto no lo arregla la construcción y el turismo (que no digo que no sean sectores importantes ni que haya que abandonarlos). Pero, mira, volviendo a lo que te decía antes de las empresas nuevas: de repente, el gobierno empieza a legislar que los particulares no pueden alquilar sus casas a turistas. ¿Qué sentido tiene esto? Pues que el lobby del sector hotelero, que el sector turístico es muy importante en este país, que se ve perjudicado por competidores que, de nuevo, son amateurs, no tienen las barreras de entrada que tenían antes, y ahora tienen una capacidad de distribución que tenían antes. Antes tú tenías un piso en la playa, se lo contabas a tu entorno social o ponías un anuncio. Ahora, lo pones en TopRural o lo pones en cualquier plataforma de internet y te es mucho más fácil alquilar esa casa. Y es verdad que compites con los hoteles. Pero la solución no está en que el Gobierno, por ley, prohíba que los particulares alquilen sus casas. La solución está en que la industria hotelera se vuelva más competitiva, use también esas herramientas... y el problema también es que van a perder cuota seguro. Porque internet ayuda a la eficiencia, y todos pensamos: la eficiencia es buena, quiero más. Pero, claro, la eficiencia es buena dentro de una compañía, pero la eficiencia en un mercado lo que hace es que los márgenes sean más bajos, que haya más competidores, que el mercado sea más perfecto, que sea más difícil competir... y traslada parte del valor a los usuarios finales de ese mercado. Internet hace eso. Y, entonces, si tú te vas a una cierta localidad de la playa y, en vez de cuatro opciones, que son las que había, de los cuatro hoteles que hay en esa localidad, tienes cuarenta opciones, obviamente el precio va a ser más económico, va a hacer falta trabajar mucho más para atraer a ese mismo turista, y los márgenes van a bajar. Bueno, en fin, esto es lo que sucede cuando los mercados maduran y evolucionan.

En América tenéis ya más lectores que aquí… ¿el español, nuestro idioma, es un activo desaprovechado?

Yo creo que, claramente, el español es un activo. Una de las cosas de las que te das cuenta cuando haces medios en internet es que las fronteras no son de países, son de idiomas. Fíjate que nosotros siempre habíamos hecho, hasta no hace mucho, contenidos pensados para España. No estábamos pensando: tenemos una publicación global, vamos a hacer contenidos para México, para Perú… Sino que estábamos pensando en hacer contenidos para España y, de repente, veíamos que nos venían los lectores desde México, Argentina o Colombia. ¿Y por qué sucede esto? Primero porque existen los buscadores. Alguien busca información sobre el iPhone 4 en México y le sale como el mejor resultado la review que hemos hecho del iPhone 4, o del Galaxy SIV, por ejemplo. Eso primero. Luego hemos tenido hasta ahora un mercado publicitario on-line mucho más importante que el que existe en Latinoamérica. Obviamente, el mercado latino en Estados Unidos es más grande. El de Brasil ya es más grande que el de España. Y hay otros que, previsiblemente, van a ser más grandes que el de España en el futuro. El que esos mercados no fueran más grandes permitía que hubiera más gente escribiendo de forma profesional en España que en México. Si el mercado hubiera sido desde el principio más grande en México, probablemente lo que tendríamos es muchos españoles leyendo publicaciones mexicanas. Obviamente, te afecta la manera en que se usa el español o las temáticas concretas. Por ejemplo, tenemos mucha más audiencia, porcentualmente, en tecnología en América Latina que en motor. ¿Por qué? Porque las gamas de producto son mucho más homogéneas en tecnología, y lo que te cambia es en qué fecha es el lanzamiento de un producto en México o en España que en motor, que las gamas de producto son muy distintas: no son los mismos lanzamientos los que hay en México, en Estados Unidos o en Europa. Y nosotros, claramente, estamos haciendo una apuesta por, cada vez, elaborar más contenidos para el público iberoamericano. Queremos ser locales también allí. Y, de hecho, tenemos equipo editorial que está allí y no aquí, y pensamos que es clave para tener éxito allí.

Hay más lectores, pero hasta ahora no había más negocio…

Hasta ahora no. Mientras que los lectores están más o menos en una proporción de sesenta-cuarenta, es decir, un sesenta por ciento en Latam y un sesenta aquí, el negocio, hasta el año pasado, hasta 2012, estaba un 90% en España y 10% en Latam. (15’00”) Nuestro plan es, de hecho ahora en verano abrimos oficina en Miami, y nuestro plan es que de aquí a tres años Latinoamérica tiene que representar, al menos, el 40% de los ingresos. Obviamente, tiene que hacerlo sin que decrezcan los ingresos en España, así es fácil, se trata de que sigan creciendo aquí, pero que en Latinoamérica crezcan mucho más rápido. Se trata de que suponga la mitad de los ingresos de la compañía y, un poco, equilibre. Durante unos cuantos años, nosotros hablábamos de Latinoamérica como de nuestro fondo de pensiones: aquello en lo que gastas un dinero todos los meses, separas un poquito de dinero para servidores y contenidos en Latinoamérica, sabiendo que hoy no tiene retorno pero pensando que, más adelante, ese capital que has ido invirtiendo valdría mucho más y te va a salvar la jubilación. Pues hace un año hemos pensado que ya es el momento de rescatar el plan de pensiones y ponerlo a funcionar.

¿Cómo viviste el escándalo de la SGAE, teniendo en cuenta que todavía estaba tu litigio con ellos abierto?

Yo, por poner el tema en su contexto, en 2004 escribo un post en el que hablo del ball bombing que se estaba haciendo sobre la SGAE, esto de “SGAE=ladrones”. En 2007, después de un intercambio de burofax y de alguna apreciación un poco ridícula por parte de la SGAE de que cambiáramos completamente el sentido del artículo, recibo una demanda. Vamos a juicio. En primera instancia pierdo. En segunda instancia, vuelvo a perder. Y subimos al Supremo. Estaba todavía la sentencia en el Supremo pendiente, que luego sería a mi favor, y salta todo el escándalo de la SGAE, de los directivos, de dinero utilizado de forma dudosa, y todo lo que se ha sabido después. Claro, no es aquello de “ya te lo había dicho”, pero se ve que las críticas que había en mi blog y, sobre todo, que vertían los lectores en esa entrada (que fue, de hecho, el motivo de la demanda en primera instancia, que no fue por lo que yo contaba en mi blog, sino por lo que decían mis lectores en los comentarios), algo de base tenía. Pero yo creo que, más allá de que hubiera sido verdad o mentira que había habido ladrones en la SGAE, yo creo que lo importante es el impacto que tiene esta sentencia del Supremo diciendo que prevalece la libertad de información y la libertad de expresión por encima del derecho al honor de, en este caso, una entidad jurídica porque, primero, son bienes que tienen mayor protección en nuestro ordenamiento jurídico y, por otra parte, porque esas críticas están dentro de un contexto social en el que había críticas de ese estilo y muchísimo más fuertes en ese sentido contra esa entidad. Y, de hecho, cuando ves las argumentaciones del fiscal y del Tribunal Supremo en la sentencia, se hacen. Obviamente, no es lo mismo... al final, en los temas sobre el honor... el honor no es una cosa abstracta: atacar contra el honor es cambiar la percepción que se tiene previamente sobre una persona o sobre una entidad jurídica. Entonces, no es lo mismo acusar a alguien o usar una palabra como “ladrones” con alguien si tiene un nivel de reputación distinto. Podemos ir a ejemplos un poco más o menos escabrosos. No es lo mismo llamar ladrón a un juez que llamar ladrón a alguien que acaban de coger robando una joyería con las manos en la masa... y aquí había un poco también de este argumento.

Te eligieron como escarmiento...

Sí. Fíjate, que yo lo decía: ¿por qué me demandan a mí, en concreto, de todas las críticas que había sobre la SGAE en la red? Pues porque cuando tú buscabas, con el Google bombing, “ladrones”, salía SGAE. Google cambió un poco el algoritmo, dejó de salir SGAE, y empezó a salir, como primer resultado, mi página. Porque era una página que se indexaba bien, optimizada... por lo que sea, pero detrás de la mía había un montón. A ellos, lo que yo publicara en mi blog, les daba igual: lo que no querían es que saliese en Google. Y como contra Google no se podían meter, se metieron conmigo. Para mí lo más simple (y lo más baratato, porque al final esto, aunque haya ganado, me ha costado dinero en abogados, a pesar de haber recuperado parte con las costas) hubiera sido decir: oye, pues sí, a mí ni me va ni me viene, no me a va cambiar la vida, retiro el post y ya está. Y no hubiera pasado nada más. Pero no me parecía justo, que las personas y las instituciones tienen que estar sujetas a crítica por las cosas que hacen y que, además, si yo me retiraba, iban a por el siguiente. Y yo tenía la suerte de ser una persona con una posición económica un poco más desahogada, un poco más mayor  que la gente que suele escribir en internet, y podía permitirme plantarle cara judicialmente a la SGAE. Si le llega a tocar a un chaval de 18 años... Pues imagínate, según llega a casa, lo primero, su padre le suelta un guantazo porque ha llegado un burofax, y en esa casa nunca había llegado uno, y, lo segundo, imagínate, cero oportunidad de respuesta. ¿No?, lo quitas y ya está. Recuerdo una entrevista que hice en aquel momento, todavía no sabía si iba a ganar o no, y dije: “Hay batallas que merece la pena dar, aun cuando se pierdan”. Aunque hubiera perdido la batalla en el Supremo, hubiera merecido la pena darla. Obviamente, habiéndola ganado, mucho más.