Prefiero entender un por qué

En algún momento todo líder cae en la desesperanza

Martes 02 de septiembre de 2014

En algún momento tiempo después de haber iniciado una actividad, sea fundando una empresa en su trayectoria como reconocida persona en los negocios, o incluso, recién iniciada como emprendedor su primer start-up, puede encontrarse anímicamente o más bien caer, en lo que técnicamente denominamos “un valle”.



Chris Heivly que ha sido cofundador de MapQuest y vendida a AOL por 1.200 millones de dólares, es en la actualidad también cofundador y director general de el Triangle Startup Factory, una empresa líder de software, cree que con más o menos proximidad, cada nuevo empresario fundador pasa en algún momento a través de lo que él llama “un lugar de desesperación” (a place of despair) y como muy bien dice, “alguien que ha estado de ese lado (es esa situación)” sabe que hay ciertas cosas que puede hacer para pasar a la otra orilla de ese valle.

Lo primero que uno debe de tener en cuenta, es ese momento en que empieza a sentir el agobio de un exceso de responsabilidad, tanto del proyecto como de su gente, y que le lleva a preguntarse si finalmente lo que está en sus manos funcionará.

Esta circunstancia, que se produce con más frecuencia de lo que Ud. puede imaginarse, algunas personas lo sobrellevan mejor que otras. Y la duda, que es lícita, puede detenernos en el tiempo pero no demasiado. Como diría Herbert Simon, uno de los padres de la Teoría de las Decisiones en las organizaciones, que se puede decidir bien o mal, pero lo que no se puede hacer, es no tomar decisión alguna.

Pero si las conversaciones con el equipo y socios hacen que esas dudas se conviertan en una tensión muy fuerte, no es el momento de replantearse el proyecto y la estrategia que ya ha sido suficientemente estudiada: cuidado con esto, porque se puede estar en el valle y caer en esa sensación de derrota, creyendo que no se llegará a nada, no por el valor del negocio en sí, sino porque se está apoderando de esos responsables de conducir al equipo y organización a la meta fijada, una pérdida en la focalización de los problemas a los que se enfrentan. O se está notando, que las facilidades que se tenían meses atrás para focalizarlos adecuadamente se están perdiendo. Éste es el auténtico meollo de la cuestión.

Chris Heivly describe como lo haría un biógrafo, que “aquellos de nosotros que tenemos muchos kilómetros de recorrido a nuestras espaldas” saben que antes o después ese valle es inevitable.

En el caso de ser la primer start-up en la trayectoria profesional, tiene que tener más cuidado que nunca, porque como Heivly afirma con gran sentido del humor, que “si Ud. es un emprendedor que inicia su primera start-up y piensa que esto no va con Ud. y que realmente será una excepción su caso, porque lo tiene todo perfectamente calculado, planificado y no tiene más que limitarse a implementar, el valle le va a dar con seguridad una patada en el trasero”. Sabemos que justamente de todas las primeras start-ups, sobreviven antes de los dos años poco menos de la mitad.

Es normal que los emprendedores que sienten tal pasión por lo que tienen entre manos, crean que su start-up despegará sin problemas y que todo el trabajo será cómo gestionar el crecimiento futuro del que se está seguro se tendrá. En algunos sectores como las NT’s, incluso de tipo exponencial: la experiencia lo demuestran. Pero gestionar los primeros meses o primeros años puede que sea el auténtico valle del cual, algunas compañías no salgan nunca.

Por eso es importante tener en cuenta:

1º Hacer un buen diagnóstico de lo que está sucediendo, porque es la única manera de controlarlo. Esto pertenece al ámbito de la reflexión, que de ninguna manera está reñida con la planificación estratégica y el Business plan. Es escucharnos a nosotros mismos, tratando de componer las piezas de un puzzle que están condicionadas por cómo adecuamos nuestras posibilidades al entorno cambiante.

Los buenos líderes, que tienen una perspicacia natural, se dan cuenta sin que nadie tenga que advertirles, que algo está sucediendo, porque han cambiado simples rutinas diarias, como el descanso, las comidas, etc.

2º Recurrir a alguien que no esté formando parte del equipo, ni sea socio, sino una persona en la que Ud. confía y que ya ha “atravesado alguna vez” el valle. Coincido con Chris Heivly que este recurso no es un asesoramiento, sino la forma de empatizar con alguien que puede poner en orden aquellas dudas, los problemas para focalizar adecuadamente, etc.

3º Si Ud. no puede reconocer que los valles existen y no se prepara para ello, su empresa por sí sola no lo hará. Chris Heivly es muy directo afirmando: “Es mejor echar el cierre porque Ud. es incapaz de ver otra cosa más que el valle”.

Y los emprendedores, el espíritu emprendedor, básicamente está sustentado de una confianza en sí mismo y el proyecto, que supera la media del resto de mortales en cuanto a enfrentarse a la adversidad. Si es un emprendedor nato, si tiene espíritu de buen líder, sabrá evitar esta decisión que truncará no solamente su proyecto empresarial, sino proyectos de vida de todo un equipo que ve como se diluyen las ilusiones por no haber sabido liderar el paso del valle.

Si no ve más que ese desierto, sumido en las peripecias que una crisis como la actual ha debilitado las fuerzas impulsoras iniciales, tanto en el plano financiero y económico como –y lo más grave de todo- en el estado emocional de la gente, pueda que aquella decisión sea la correcta (suspender el proyecto o liquidar la organización), aunque la experiencia emocional –en este caso negativa- le servirá para iniciar otra start-up o ser cofundador de otra compañía. De esto ya hay muchos ejemplos, ya que de cada nueva start-up hay otras (a veces tres o cuatro anteriores) oportunidades perdidas.

Pero el impulso emprendedor no debe detenerse. Hay que moldear políticas que favorezcan la creación de nuevas empresas y hay que formar a la gente tanto técnica como emocionalmente en el aprendizaje de lo difícil que es a veces, más en épocas de recesión, salir del valle.