Medios de Comunicación

(4) “Lo que estamos ofreciéndole al lector son archivos digitales, no libros”

Primer Congreso Nacional del Libro Electrónico en Barbastro (Huesca)

Los editores expresaron sus frustraciones en una ponencia dedicada a la tecnología 

Miriam Garcimartin | Martes 02 de septiembre de 2014

Los profesionales que se dedican a la producción de libros hablaron en el congreso que se celebra estos días en Barbastro sobre las múltiples posibilidades técnicas que permite el libro electrónico y de los factores que imposibilitan que éstas puedan llevarse a la práctica.



“Soy un mutante que leo en pantallas desde hace más de diez años”. Así comenzó Darío Pescador, consultor y blogger, a moderar el debate dedicado a la tecnología en la segunda jornada del I Congreso Nacional del Libro Electrónico de Barbastro.

La mesa redonda en la que se congregaron estos mutantes de la era digital giró en torno a las múltiples posibilidades que ofrece la tecnología, pero que según Emiliano Molina, diseñador de Cuadratín, tiene que lidiar con un par de limitaciones.

Una de ellas es técnica: contamos con un formato muy dotado, pero en la práctica no funciona. Este problema tiene como culpables directos a los grandes de la industria que no se han puesto de acuerdo para usar un modelo de código estándar y facilitar las cosas no sólo a los programadores, sino también al lector. El Epub3 ofrece la posibilidad de mejorar la experiencia de lectura para ir más allá de la lectura, pero no se puede usar al 100% porque el software de los dispositivos no lo permite.

El otro problema es la alta exigencia que les pedimos a los libros. Emiliano citó a Miguel Aguilar, que en su charla el día anterior decía que la labor del editor digital era la misma que  la del impreso, pero esto no es así. Las exigencias del libro digital son más bajas que las del papel. Toda la cadena de valor de la industria se ha conformado con menos, en parte por las limitaciones técnicas, pero también porque se ha dejado todo en manos de los programadores y se ha descuidado la edición. Valentín Pérez, editor de Minobitia, mostró su desacuerdo en este punto, ya que considera que al libro electrónico se le exigen cosas que ni siquiera se están teniendo en cuenta en el formato impreso.

Valentín también quiso hacer hincapié en que una cosa es la tecnología, los dispositivos y otra el código. En cuanto a las plataformas, la que posibilita una experiencia similar al papel, con tinta electrónica, es la de los ereaders. Las tabletas sólo serían una miniaturización del ordenador y sus funciones no están enfocadas a la lectura.

Esta tecnología nos facilita la vida, pero la industria no ha sabido interiorizar la otra parte, la de los códigos. Y no porque el Epub2 sea difícil de comprender, al contrario, no está pensado para mentes matemáticas. De aquí en adelante será necesario que todo el mundo lo estudie igual que se aprende un idioma. El sector editorial debe entender que éste es un proceso editorial más, en el que hay que pensar en primer lugar, para luego trasladarlo a cualquier soporte y no al revés como se hace ahora: primero la versión en papel y luego se lleva a digital.

Pablo Barrio, editor de Ganso y Pulpo, quiso compartir las situaciones con las que se encuentra a diario. La primera es el trabajo precario. Las editoriales no incorporan profesionales a su plantilla y se limitan a buscarlos en países como la India para que les hagan un presupuesto muy bajo. Por otra parte, el trabajo que una empresa demanda es la conversión de libros a digital, cuando es más fácil partir de lo digital. Y también pide a las editoriales que procuren tener un máster de los libros bien etiquetados para guardarse las espaldas de cara al futuro.

Finalmente, el editor Jaume Balmes, considera que el producto que se está ofreciendo en estos momentos no puede recibir la categoría de libro, sino más bien de archivo. Vender esos archivos por 5, 6 ó 7 euros “es un timo”. Si se tuvieran en cuenta los costes, se venderían por 10 céntimos o incluso se tendrían que regalar. Emiliano va más allá y califica estos “libros” como “churros” o directamente “basura”. El sector editorial se ha dedicado a precarizar todos los procesos editoriales y los profesionales se limitan a darles lo que les piden.

Si la industria no es capaz de interiorizar el código, entender que nuestro mundo es analógico y digital y plantearse qué se puede hacer con la tecnología existente, explotando todas sus posibilidades y mejorando las condiciones de trabajo de los profesionales, “dentro de unos años, la India vamos a ser nosotros”, sentenció Jaume.