Medios de Comunicación

Canción triste por TVE

(1)  Debate sobre las TV públicas

Radiotelevisión Española está en situación límite

Miguel Ormaetxea | Martes 02 de septiembre de 2014

Las pérdidas acumuladas por la corporación RTVE superan los 700 millones de euros. La "solución" de quitar la publicidad de la TV pública ha sido un maná para las privadas, que ahora son un duopolio, pero un desastre para la televisión pública, que pierde sin cesar cuota de audiencia, además de dinero público a chorros. Hacienda tendrá que rescatar con urgencia la corporación, pero es hora de plantear un debate nacional sobre el futuro de la televisiones públicas.



Media-tics va a publicar varias notas sobre este tema, en una breve serie de comenzamos hoy. Creemos que el tema de TVE es de gran alcance, no solo en su vertiente económica, sino también en el extraordinario peso de TVE en la historia de nuestra cultura popular.

Lo primero que hay que decir es que la solución puesta en marcha por el último Gobierno de Zapatero ha resultado una chapuza, como casi siempre que se enfoca con criterios políticos un problema técnico. La fórmula de quitar la publicidad de la TV pública (que acaba volviendo parcialmente por la puerta de atrás de los patrocinios) y que paguen las telecos, además de arbitraria, era ir en contra de las soluciones ya probadas en los principales países de nuestro entorno.

Además, la crisis económica ha golpeado en la línea de flotación de las TV públicas, como se evidencia en los duros recortes que va a acometer la pública tal vez más exitosa del mundo, la BBC. Pero es que para rematar la coyuntura, el negocio de la televisión ha entrado en fase de mutación acelerada por la revolución digital. El público no quiere ver lo que le programen, sino lo que quiera, a la hora que quiera y en la pantalla que escoja para cada ocasión. Las operadoras de telecos se han lanzado a la compra de las primeras televisiones de pago en los principales mercados, por cable o satélite, de todo el mundo, por razones estratégicas de enorme peso, casi de sobrevivencia. Los contenidos de entretenimiento e información de calidad se han convertido en una clave global para la emergente sociedad digital. Y las operadoras de telecos solo pueden competir con los gigantes de Internet si tienen ese as en la manga.

Los datos que dio  Alierta  en la junta de accionistas de Telefónica son apabullantes: las telecos europeas invirtieron el año pasado 60.000 millones de euros y emplean a 1,5 millones de trabajadores. Los gigantes de Internet invirtieron 100 millones y emplearon a 10.000 personas. No digamos ya los impuestos que pagan unas y otras.

La ley obliga en España a las operadoras a pagar el 0,9% de sus ingresos a la RTVE. Las autoridades europeas dudan de la legalidad de esta medida. A pesar de esto, RTVE perdió el año pasado 113 millones de euros, además de cuota de pantalla. Pero en vez de hacer algo parecido a los ahorros de la BBC, el presidente de una corporación que roza la quiebra técnica blindó con los sindicatos mantener el empleo en la casa hasta diciembre de 2015. ¿Cómo se entiende?

TVE ha desempeñado y desempeña aún (muy disminuida) una gran labor en la cultura popular y la opinión pública. Merece que le prestemos una atención cercana y preocupada. No es solo un tema para Montoro.

Si cada español tiene que rascarse su propio bolsillo para pagar la factura de la TV pública, como sucede en otros países, es posible que el debate que ahora proponemos arda en la pira de las verdades incomodas.