Management

Cosas que jamás debe revelar en el trabajo

José Luis Zunni y Eduardo Rebollada Casado | Martes 12 de mayo de 2015

Todas aquellas personas que hayan logrado ya un reconocimiento profesional y personal en la organización en la que trabajan, comparten un común denominador en su personalidad: nunca revelan determinados aspectos de cómo piensan. Esto no quiere decir que no compartan otras muchas características de la personalidad en las relaciones interpersonales. Lo que decimos, es que las personas sensatas se cuidan mucho de qué cosas tienen que saber los demás de ellas.

Compartir los aspectos que pueden ser considerados comunes, como la afición al fútbol o el cine, o encuentros con compañeros de trabajo informales para salir de copas, es parte de la construcción de la amistad y relación que se necesita en el puesto de trabajo, especialmente con quiénes se comparten un tercio de las horas de la vida.



Pero cuando lo que se dice, en algún momento por imprudencia o dejarse llevar por el subconsciente, puede tener consecuencias terribles frente al resto de miembros del equipo, pero muy especialmente en los mandos intermedios y la dirección. Porque cuando se produce lo que coloquialmente se define como que “uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios”, puede abrirse, sin pensarlo ni quererlo, una brecha incluso en la amistad que se estaba construyendo, pero muy especialmente, en la relación con el líder.

No se puede construir una red de colaboracionismo profesional fuerte, si las personas no se abren unas con otras. Si no fluye la confianza, el diálogo e incluso cierto grado de complicidad. Pero hacerlo tiene riesgo, no es fácil y cuando se revelan cosas que no deberían haberse conocido por los demás, puede tener un efecto devastador en la carrera de una persona.

Cierto tipo de comentarios, a veces en tono de confesión, pueden socavar la confianza que los demás tengan en la persona que las está diciendo, simplemente porque no compartan ese punto de vista o el sentimiento que manifiesten. No hay que olvidarse, que todas las acciones que las personas emprenden a diario, se guían fundamentalmente por cuestiones emocionales.

Cómo uno se dirige para hablar con el director de departamento, o con un compañero o con el empleado que gestiona nuestra cuenta en el Banco. Todas y cada una de las personas con las cuales intercambiamos palabras a diario, nos emiten mensajes y los recibimos; también nosotros emitimos los nuestros y los demás son receptores; en toda esta comunicación constante y en todas las direcciones, son los sentimientos los que determinan el grado de atención, preocupación, interés, empatía, etc. Por tanto, cuando una verdad oculta, aunque no sea mala en sí misma, pero que esté revelando un sentimiento adverso hacia otra persona de la organización, o la manifestación clara de una inclinación política o también religiosa, puede ser el inicio de un distanciamiento, que aunque sea leve, la otra u otras personas si se han visto impactadas negativamente por las expresiones o sentimientos manifestados, van a enfriar, se quiera o no, las relaciones interpersonales que se venían teniendo.

Algunos pensamientos o cosas que no hay que airear

1º Que se le ha tomado manía al trabajo

En términos generales, los compañeros de trabajo no les gusta tener que escuchar que otro compañero, está un día sí y otro también, vociferando en contra del trabajo, que odia al jefe o que le ha tomado manía a los días lunes cuando tiene que empezar la semana e ir a la oficina.

¿Cuál es la razón para que no se esté de acuerdo con este tipo de revelaciones? Son varias las conclusiones que se pueden sacar de una persona que actué de esta manera, pero las que primero sacarán sus compañeros serán:

a) Que no es una persona de equipo. Que le cuesta integrarse y que siempre encontrará problemas para compartir o colaborar con alguno de los miembros.

b) Que todo lo que dice y hace esta persona, es con una actitud –incluso gestual- muy negativa. Contraria a las actitudes que buscan en el otro u otros, colaboracionismo profesional y sentido de compañerismo, especialmente empatía.

c) La moral del grupo se resiente.

d) Se genera inestabilidad en el equipo, porque se sabe que esa persona, antes o después, o dejará el departamento o al equipo, o quizás también a la empresa.

2º) Críticas personales y juicios de valor

Que alguien piense que un compañero o incluso un jefe es incompetente, podemos decir que es una actitud casi normal en las empresas. Siempre hay alguien que en realidad es incompetente y los demás lo saben. Pero de ahí a estar haciendo una crítica sobre una persona en particular, que hasta ese momento concreto a nadie le consta en la organización que tenga un nivel manifiesto de incompetencia, entonces escuchar estos comentarios surgidos más de inquina personal o vaya a saber qué sentimiento negativo, lo único que hace es descalificar a quién lo dice.

En el caso de que efectivamente se está refiriendo a esa persona que se sabe no tiene la competencia que requiere el puesto, si se insiste en este punto no se tiene nada que ganar al respecto, ya que como casi siempre ocurre, quién emite la crítica tampoco tiene el poder para ayudar a mejorar la situación o incluso a despedir a esa persona.

Al anunciar la incompetencia de un colega, que tenga por ejemplo, la misma categoría y nivel de salario, puede interpretarse como una clara inseguridad de quién lleva la voz cantante de la crítica. O porque cree que le mejorarán sus condiciones contractuales antes que a él (el crítico). En todo caso, su insensibilidad le hará inevitablemente volver en su contra, en forma de opiniones negativas de sus compañeros de trabajo.

3º) Creencias políticas y religiosas

Las creencias políticas y religiosas de las personas, están estrechamente vinculadas con la identidad de una persona. Pero corresponden a un aspecto íntimo de la personalidad, porque responden al “mapa mental” de nuestros valores y principios. Por lo que al vertirse determinados comentarios tanto religiosos como políticos, lo que se está haciendo es provocar una respuesta altisonante, porque es seguro que también ha herido otros principios y juicios de valor que los demás tienen.

Entonces, estas opiniones pueden alterar rápidamente la percepción que se tenga de una persona. Hasta ayer mismo podían simpatizar las dos que hoy se enfrentan, pero es que han tocado la fibra sensible de la personalidad, aquella que subyace en nuestros sentimientos y filosofía de vida.

Herir los sentimientos más básicos de una persona, aquellos que considera fundamentales en su vida, como son los religiosos o su ideología política, se convierte a veces en un insulto y abre de la brecha de los desencuentros.

Se da el fenómeno sociológico, que a veces, en comentarios que después se convierten en discusión abierta, personas que no estaban de nuestra parte pasan a estarlo y otras que eran “socios” aparecen como enfrentados no sólo en lo que se discute, sino en todo lo demás.

Afirmar o cuestionar determinados valores y principios, tiene la virtud de alinear personas rápidamente a nuestra visión de la vida, como a expulsar de nuestro círculo íntimo y zona de confort a los que creíamos que compartíamos todo, incluso esos pensamientos.

Cada vez que un sentimiento está muy arraigado, como es el religioso, cualquier afirmación en contra de lo que uno piensa puede generar no sólo un desencuentro y la opinión negativa hacia quién lo dice, sino que puede ser el inicio de un conflicto mayor.

José Luis Zunni. Director de ECOFIN.es, coordinador de la División de Análisis de ECOFIN, del Blog de Mangement & Leadership y del Blog ECOFIN Business Schools. Junta Directiva de Governance2014. Coordinador académico de e Latam. Profesor de la EEN (Escuela Europea de Negocios).

Eduardo Rebollada Casado, miembro de la Junta Directiva de Governance2014 y co- autor con José Luis Zunni de más de 200 artículos de Management y liderazgo en la EEN (Escuela Europea de Negocios) y colaborador del Blog Management & Liderazgo de ECOFIN