Prefiero entender un por qué

Lecciones del debate sobre las edades de los contendientes

José Luis Zunni | Martes 14 de junio de 2016

Cada vez que se produce una revolución cultural de la dimensión que produjeron, por ejemplo “The Beatles” en los años 60, es inevitable que surja una forma de contestación social de aquellos que no ven con buenos ojos dicho cambio. Para muchos es una evolución social, para otros (generalmente una mayoría significativa) una involución para toda la sociedad. En este tipo de revoluciones sociales el choque generacional existe y no puede evitarse. Pero el cambio finalmente se mete bajo la piel de todos y nos guste o no tenemos que aceptarlo para adaptarnos y convivir en un mundo en constante mutación.



En el ámbito de la política ni Angela Merkel ni Hillary Clinton tienen las edades de Sánchez, Iglesias y Rivera, pero la primera no sólo gobierna Alemania sino que es el auténtico “peso pesado” de la UE, mientras que Clinton es candidata a la presidencia de la primera potencia del mundo, habiendo sido ya senadora y secretaria de estado. ¿Es que la edad superior a 55 años es un impedimento, sea en la política o en la vida laboral en general? Al menos después del debate de ayer se ha confirmado una cosa: Rajoy que estaba peleando anoche con otra generación de políticos, aguantó muy bien todos los “asaltos” como si de una pelea de boxeo se tratase. En principio según todos los medios no hay un claro ganador como siempre se busca después de un evento de este tipo. Pero sí hay un “superviviente” del debate que después de las andanadas recibidas ha “salido vivo”, pero no por inexperiencia, sino justo todo lo contrario.

Mi aportación de hoy no es sobre lo que se dijo y lo que cada uno de los contrincantes políticos defendió o en su caso, las “armas” que utilizó para atacar a alguno de sus pares. ¡No!. Lo que me interesa resaltar y que seguramente compartirán una mayoría de mis lectoras/es, es que debemos desterrar definitivamente ese tópico de la edad y la derivada directa que significa si se está en condiciones de realizar bien un trabajo y ejercer una responsabilidad cuando se pasa de cincuenta años. Y en este punto todos tenemos culpa, porque hemos aceptado unas pautas culturales que nos llevan a escenarios en los que son realmente excepcionales los momentos en los que se vea en la presentación de un telediario o cualquier otro programa televisivo, caras (hombre o mujer) en los que reflejen algo del paso del tiempo aunque estén en lo mejor de la madurez de la vida, por trayectoria y dominio de lo que hacen.

Es evidente que en trabajos que requieren más fuerza física que intelecto, la edad pasa factura. Pero asimismo, si tenemos una cuadrilla de obreros cavando zanjas para poner cables de fibra óptica, habrá un capataz que sea el más experimentado y que ya no realiza las tareas más exigentes para el físico, sino que coordinará y dará instrucciones, porque lo que ya pesa en su actividad es la experiencia y el conocimiento.

Probablemente Rajoy operó anoche contra todo pronóstico como un auténtico “Rommel zorro del desierto”, dándose el lujo de llegar a decir que para participar del debate hay que “venir con los deberes hechos”, en relación al baile de cifras que se pusieron sobre la mesa, como siempre de fuentes diversas y utilizadas en función de lo que cada uno quería señalar. Quizás sería bueno que en un debate de este tipo, se consensuaran menos atriles, fondos grises y la ubicación de los candidatos en el plató, pero sí las fuentes de la información, por ejemplo OCDE, INE, Eurostat, Ministerio de Economía, etc. Pero además qué cifras y qué cuadros se tienen que tener como referencia. Si no los telespectadores no saben a cuáles de los datos, cuadros, etc. dar crédito.

Lo que sí es cierto es que como dice el refranero “la vestimenta hace al monje”, en materia política podríamos decir, como de hecho sostienen los orientales, que “la edad y experiencia no es un hándicap sino una virtud”.

Cuando Winston Churchill pronuncia el que es considerado uno de sus tres mejores discursos el 4 de junio de 1940, porque las cosas iban muy mal en Francia y el resto de Europa, tenía nada más y nada menos que 65 años, pero no le faltó ni fuerza ni inteligencia para escribir uno de los momentos de la historia contemporánea más importante de Occidente, afirmando que "lucharemos…llegaremos hasta el final; lucharemos en Francia; lucharemos en los mares y océanos; lucharemos con creciente confianza y creciente fuerza en el aire; defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el coste; lucharemos en las playas; lucharemos en los aeródromos; lucharemos en los campos y en las calles; lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos...".

En las organizaciones orientales la edad no es una desventaja, por el contario se aprovecha la sabiduría y experiencia escuchando el consejo de los mayores. La propia cultura oriental tiene un respeto hacia cualquier persona que tenga una edad avanzada que nosotros hemos desoído hace ya muchos años. No defiendo a Rajoy sino lo que él representa como generación ya experimentada y que puede trabajar con eficacia en cualquier ámbito de la sociedad.

Hemos dejado de utilizar determinadas palabras como “maestro” y también “discípulo”, que dichas así suenan (y en esto coincidimos seguramente) como un poco anticuadas. Es evidente que el idioma es algo vivo y que hay palabras que quedan en desuso. Pero una cosa es el significado y otra muy diferente el alcance que dicho olvido tienen en nuestras vidas de todos los días. La figura del maestro no debería sufrir el paso del tiempo. Tampoco la del discípulo, porque si nos referíamos a Julián Marías como el más destacado discípulo de Ortega y Gasset, era justamente para resaltar la importancia de la continuidad de una doctrina y filosofía que debe perdurar en el tiempo no sólo por los escritos, sino por la labor de quiénes como Marías, se ocupara de ser una prolongación viva del pensamiento de Ortega. En todo caso, ambos dieron muchísimo de sí y nadie se pregunta hoy por sus respectivas edades.

En política en vez de “choque generacional” habría que hablar de “consenso generacional”, aprovechando toda la experiencia de unos y la fuerza e impulso de otros.

Si alguien ganó ayer en el debate a 4 fue la edad, porque ha quedado demostrado que para ser un buen político, no debe haber ni mínimos ni máximos. Ni los que aún no han cumplido los 40 ni los que como Rajoy ya tienen 61 años.