Prefiero entender un por qué

Salvador Molina: ese eterno disconforme

José Luis Zunni | Martes 25 de octubre de 2016

Le conocí a principios de los 90 cuando todos estábamos preocupados del fenómeno de la globalización. Por aquel entonces estaba trabajando en Cinco Días y de vez en cuando nos tomábamos un desayuno en Gran Vía, con la finalidad de ver cuáles podían ser nuestras colaboraciones posibles.



A lo largo de estos 25 años en los que hemos labrado una gran amistad, le he visto crecer desde un puesto de periodista en uno de los periódicos económicos de referencia, hasta que en 2006 el “eterno disconforme” Molina, su característica personal principal que le ha llevado a ser un excelente emprendedor y no menos destacado gestor, terminó gestando por fin la revista ECOFIN.

Recién finalizado el primer lustro del siglo XXI, el proyecto ya apuntaba alto, porque además de ser una revista de economía y finanzas, quería convertirla en un referente del sector en un momento que estábamos sometidos en Europa y el mundo, a unas transformaciones tecnológicas y sociales tremendas. Con los años se convirtió en el prestigioso Foro ECOFIN que él preside, y que en una segunda línea tengo el honor de compartir ciertos retos desde la dirección de la edición online ecofin.es.

Salvador Molina, el profesional, da la sensación a primera vista de ser un poco impenetrable, pero ni bien arranca a dar sus opiniones en cualquier reunión, aquella impresión de persona a veces fría…otras distante, se comprende bien al escuchar sus aportaciones la rigurosidad con la que aborda todos los temas. Es escrupuloso y muy dedicado. Comete errores como todos, pero tiene una capacidad sobrenatural para corregir sobre la marcha.

Salvador Molina, el hombre, es un carácter afable y tranquilo, padre de tres hijas extraordinarias y un marido ejemplar.

Salvador Molina, el amigo, es incondicional y entregado, pero como diría mi abuela “líbrame Dios del agua mansa…que de la tormentosa me libraré yo”, porque la quietud aparente es un torbellino de ideas y acción, que en caso de que alguna actitud de otra persona no le guste o la descalifique, puede arder Troya.

En los últimos tres años hemos dedicado conjuntamente un esfuerzo importante a las temáticas del Management y el liderazgo desde nuestras secciones “ECOFIN Management & Leadership” y “ECOFIN Business Schools” en las cuales también hay otras firmas importantes como Ximo Salas y Javier Espina.

Estos encuentros semanales me han hecho descubrir otra faceta de la personalidad de Salvador, que es su inagotable capacidad de focalizar cualquier temática, por más doctrinaria que sea -lo que significa estar soportada por reconocidos expertos- en analizarla desde otro ángulo de miras. Debo confesar que a veces me ha dejado sorprendido.

En definitiva, su personalidad no es la de un líder arrollador que se le supone todo una galería de carisma a disposición de sus seguidores. Salvador Molina es un líder sosegado, pensante y reflexivo. Cuando hablas con él, los que no le conocen, pueden pensar que no presta la debida atención a la conversación. Pero en realidad está concentrado en cualquier reunión en la que participa. Piensa siempre lo que responde y especialmente deja abierta la puerta a nuevas aportaciones que no necesariamente dice en ese momento. Es un “maestro” en el manejo del tiempo y de los espacios en blanco.

En más de una ocasión, llegué a contener la risa al estar juntos en una reunión, en el que nuestro interlocutor miraba esperando una respuesta o una posición aseverativa que no llegaba. Puede desesperar pero es templado, muy educado e incapaz de provocar una tensión innecesaria en las personas con las que esté tratando un tema. Es evidente, que es un líder en el que prevalece su presencia, irradia conocimiento y responsabilidad por todos los poros de su piel, dando cierta tranquilidad a sus interlocutores.

Y llegó por fin su nombramiento como consejero de Telemadrid y después presidente de la nueva sociedad que gestionará sus activos. Lo que sí debe tener clara la ciudadanía, en particular los ciudadanos de Madrid, es que Salvador Molina no es político, no depende de la disciplina de ningún partido y siempre actúa con independencia de criterio. Su integridad es a prueba de bombas y necesitaríamos más Salvadores Molinas en las diferentes instituciones para que en pocos años se pueda por fin producir la definitiva extinción de los procesos de corrupción que tanto daño han hecho a nuestro país.