Tecnologías Emergentes

Llegan los móviles con cámara… térmica

Los promotores citan el GPS como ejemplo de una tecnología muy especializada adoptada por el mercado de masas

Miguel Ángel Ossorio Vega | Viernes 09 de diciembre de 2016
Esta inusual tecnología ya está disponible en algunos teléfonos y comienza a ganar adeptos para buscar fugas de agua en casa… o para encontrar la barra de pan perfecta en el supermercado.

La pregunta sería lógica: ¿para qué necesito una cámara térmica? Los promotores responden con un ejemplo: nadie parecía necesitar un GPS… y ahora todos lo utilizamos. Con la cámara térmica quieren algo similar: convertirlo en un producto más, en algo habitual para cualquier usuario. Y por eso han decidido asaltar el dispositivo más popular, el móvil.

La compañía estadounidense Flir ha conseguido que el CAT S60 sea el primer móvil del mundo con cámara térmica. Cuesta unos 500 euros y, curiosamente, ha conseguido una legión de adeptos que utilizan la cámara para tareas tan variopintas como comprobar si el sushi del supermercado no está en su punto, compartir imágenes térmicas en redes sociales o buscar la barra de pan más caliente y reciente. Otros buscan corrientes de aire, fugas en radiadores o humedades en las paredes de su casa para repararlo antes de que sea demasiado tarde. La imaginación y la necesidad harán el resto.

Las cámaras térmicas, que utilizan sensores para detectar la radiación infrarroja y reproducen esas imágenes en una pantalla para que sea visible por el ser humano, llevan decenas de años en uso. Primero se implantaron en los barcos para detectar icebergs y después llegaron al mundo militar y a los servicios de rescate.

Esto es, precisamente, lo que hace WWF en África, donde utiliza cámaras térmicas para detectar la presencia de cazadores furtivos en áreas protegidas. En Italia hay ayuntamientos que rastrean con estos dispositivos las fachadas de los edificios en busca de azulejos y revestimientos que podrían desprenderse.

La llegada de las cámaras térmicas al móvil es fruto del propio avance de la tecnología. Flir, con sede en Oregón y un valor de casi 5.000 millones de dólares, nunca pensó en convertirse en una marca de consumo, sino en fabricar un dispositivo muy especializado para un público concreto. Entre otras cosas porque algunas de las cámaras de infrarrojos más populares eran tan grandes que tenían que montarse en la parte trasera de un camión. Ahora existen del tamaño de una moneda. Y pronto, en nuestro bolsillo. Como el GPS. Como todo lo demás.

TEMAS RELACIONADOS: