Prefiero entender un por qué

El Planeta tierra de vez en cuando “llora desde el cielo” lágrimas enfurecidas del poder de la naturaleza con huracanes como Irma…en respuesta a la acción devastadora del hombre

José Luis Zunni | Martes 12 de septiembre de 2017

Todo el mundo está impresionado. Las imágenes que a través de los diferentes medios de comunicación nos han ido llegando, evidencian una realidad que la Comunidad Científica Internacional viene denunciando hace ya varios años, especialmente desde el gran Tsunami de Indonesia del domingo 26 de diciembre de 2004.



Se alertaba de la necesaria toma de consciencia porque las catástrofes naturales empezaban a ser cada vez más frecuentes y con más poder devastador.

En algunos dibujos animados para niños he tenido ocasión de observar cómo explican a los pequeños el fenómeno de la lluvia. Por ejemplo diciendo que las nubes están llorando desde el cielo entre algunas otras explicaciones obviamente adaptadas al público infantil. Pero cuando vemos el poder de destrucción en cada momento del recorrido del huracán Irma, más el resto de poder potencial destructivo que guarda vaya a saber para descargar dónde, realmente nos invade un miedo e impotencia indescriptible. Porque estos “ojos negros del espacio” tienen la característica de cambiar el rumbo repentinamente.

Frente a estos fenómenos, a la ciencia le cuesta comprender el alcance y cantidad de energía de la que lamentablemente presumen, que destruyen todo a su paso. Y no porque no se hayan venido estudiando, sino porque lo que cuesta advertir es la capacidad destructiva que tiene hasta el mismo momento en que se constituye con características de huracán; tampoco su recorrido es una hoja de ruta inamovible, más bien siempre hay variaciones en su trayectoria.

La destrucción de viviendas y edificios, especialmente los más precarios, es total. Se salvan los edificios como se ha visto en Miami, que están preparados para este tipo de vientos de 295 km/hora.

Impresionaba ver la imagen del satélite en la que podíamos observar cómo la superficie del huracán Irma era más grande que todo el estado de Florida. Devastó parte del Caribe y por fin llegó a territorio estadounidense, pero mientras se alejaba de la costa oeste de la península para entrar en los estados de Georgia y Alabama, el peligro aún persiste por la fuerza de las lluvias tropicales y vientos huracanados que provoca, aunque su fuerza baje a 95 km/hora.

Algunas explicaciones técnicas de meteorólogos eran muy elocuentes, comparando el momento de mayor intensidad cuando está en categoría 5 al paso por una población, que se produce un efecto de choque similar a la onda expansiva que provoca una bomba atómica como la de Hiroshima, lo que da idea de la magnitud de la energía destructiva de este fenómenos atmosférico.

Mientras tanto, bloques cada vez más grandes de la Antártida que se sueltan y que tienen superficies equivalentes a la Comunidad Navarra, deben alertar más que a la Comunidad Científica Internacional que ya conocen perfectamente el efecto invernadero y sus consecuencias destructivas para el planeta, a los líderes políticos mundiales, especialmente al presidente Donald Trump que decidió retirar a Estados Unidos del Acuerdo de Paris de 2015 que es la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático.

Es verdad que en todas las épocas de la historia existieron catástrofes naturales. Basta leer las estadísticas de naufragios de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII para observar que prácticamente morían más hombres en las garras enfurecidas de los mares que por las propias batallas. Pero en lo que va de siglo XXI la naturaleza se está comportando como esa madre enojada con su hijo adolescente que no le hace caso, le contesta y a veces, lamentablemente, llega al insulto, falta de respeto o agresiones.

La tierra es un organismo vivo que está en constante mutación, pero que a pesar de la fuerza que nos muestra que tiene con sus enviados como el huracán Irma, en realidad es producto de un equilibrio muy frágil de todas las variables que entran en el sistema y que incluye a plantas, ríos, animales y todo tipo de organismos vivos que por la acción del hombre de manera descontrolada, a veces irracional, está alterando ese equilibrio y generando anomalías atmosféricasque actúan más allá de la propia energía natural diaria que la tierra tiene para seguir rotando sobre su eje, trasladándose alrededor del sol, manteniendo de manera constante el cambio de estaciones del año, etc.

Somos vulnerables…la tierra es vulnerable…y el huracán Irma es la reacción a esa herida constante que hacemos la especie humana en la naturaleza, porque creyendo que con la inteligencia podemos dominar todos los ámbitos que queramos, está demostrándose que esto no es cierto, más bien, perderemos la batalla.

No en vano, empresas privadas como VirginAerospace están trabajando junto a otras organizaciones como la NASA, porque en dos o tres décadas se tratarán de hacer más cotidianos los viajes hacia otros mundos, poder habitar otros planetas de condiciones similares al nuestro. Eso sí, si mantenemos nuestra forma de vida actual, también en menos de cien años de estrenada nueva casa, empezaríamos a tener los problemas que hoy tenemos en la tierra.

¡Nunca hemos cuidado como debíamos nuestro hogar común! Aún hay un espacio de tiempo para hacerlo. Requiere voluntad y decisión política. El cambio climático es uno de los dos o tres problemas más importantes al que se enfrentan la humanidad.

Esperemos que la frecuencia de estas “lágrimas enfurecidas de la naturaleza” disminuya su frecuencia y potencia destructiva. De nosotros en gran parte depende ello.