Prefiero entender un por qué

Las mujeres que hablan por sí mismas y por quienes representan son la fuerza más poderosa que tenemos para cambiar el mundo (Melinda Gates)

José Luis Zunni | Martes 31 de octubre de 2017

Con Melinda Gates (1964) que es una filántropa reconocida en todo el mundo por sus obras en pro de los niños y las mujeres en los países más subdesarrollados, pretendo cumplir desde mi modesta tribuna a que el resto de mujeres tengan voz. Hago hablar hoy a Melinda pero estoy haciendo que su voz sea la de millones de mujeres en la tierra.



No puede sorprendernos que esta extraordinaria mujer hable en nombre de todas las mujeres y les de voz con afirmaciones como “una mujer con una voz es, por definición, una mujer fuerte. Pero la búsqueda para encontrar esa voz puede ser notablemente difícil”. Cuánta lucha, sacrificio, esfuerzos sin reconocimiento a lo largo de siglos han sido necesarios para que hoy día la mujer por fin sea escuchada.Asimismo, tiene un largo camino por recorrer en materias como igualdad de salario, porcentaje de participación en puestos de alta dirección respecto a los hombres, etc.

Por ello hagamos este ejercicio para darle voz a las mujeres que ni han escrito la historia (fue escrita por hombres) y lamentablemente tampoco han tenido hasta décadas recientes directa participación en el destino del mundo, porque siempre han sido los hombres los que provocaban que los hechos históricos ocurriesen, especialmente las guerras y todo tipo de conflictos.

Melinda Gates nos dice que “si tiene éxito, es porque en algún lugar, en algún momento, alguien le dio una vida o una idea que lo inició en la dirección correcta. Recuerde también que está en deuda con la vida hasta que ayude a una persona menos afortunada, tal como le ayudaron”. Impresiona la rotundidad de esta afirmación que viene a corroborar esa sensibilidad especial que tiene la mujer en cuanto al reconocimiento del prójimo, como suele decirse, su valor empático para poner sobre la mesa el axioma que toda mujer lleva dentro de que “el otro también existe”.

Esto ayuda de manera incontrovertible a la paz y concordia en todos los órdenes de la vida. Desde ya que en el mundo de las organizaciones y especialmente de la política, se nota cuando la que debe opinar y tomar decisiones es una mujer.

Sabemos que no hay fuerza más poderosa que una mujer determinada a levantarse cuando se ha caído…cuando las cosas salieron mal. Cuando en una familia tiene que hacer al mismo tiempo las labores de padre y madre. Una mujer nunca antepondrá el egoísmo personal ni profesional como solemos hacer los hombres.

Menos mal que en la gran mayoría de casos a nivel de todas las sociedades, son las mujeres las que tienen la custodia de los hijos en los procesos de divorcio aunque sea compartida, porque de su presencia constante en los años claves de educación infantil, no hay mejor medicina para un futuro hombre y mujer sanos mentalmente, que una madre rodeada de sus hijos, compartiendo los momentos de crecimiento y la educación.

Como era el estilo duro y poco elegante, pero no por ello menos certero en sus apreciaciones, Eleanor Roosevelt decía que “una mujer es como un saquito de té…que nunca sabes lo fuerte que es hasta que está dentro del agua hirviendo”. Aunque resulte un poco chocante, probablemente nadie haya expresado mejor la capacidad de resistencia de las mujeres que la Sra. Roosevelt.

Melinda Gates dando voz a esos millones de seres en todo el planeta que necesitan ayuda, dice que “la filantropía no se trata sólo de dinero, sino de la utilización de cualquier recurso que se tenga entre manos y aplicarlos debidamente para mejorar el mundo”. Ella es perfectamente consciente del efecto multiplicador cuando en el tercer mundo se apoya y ayuda a la mujer, porque es el camino a que esas comunidades inicien un crecimiento y desarrollo sostenible.

Siempre decíamos aquella expresión coloquial que “detrás de todo hombre exitoso había una mujer inteligente”, lo cual en sí mismo era muy cierto si nos atenemos a muchos episodios de la historia en los que hombres célebres, desde generales victoriosos en las batallas a políticos de carácter universal, siempre una mujer influía de manera importante en sus vidas y decisiones. Eso sí…poco de ello se ha contado en la historia por las razones expuestas más arriba.

Pero me permito hacer una actualización de dicha afirmación por lo que acontece en el tremendo avance social que la mujer ha ido logrando en las últimas dos décadas: que detrás de toda mujer exitosa existen comunidades de mujeres que también han abrazo el éxito y que se cuidan sus respectivas espaldas. Es así, porque ahora ya no hay ni temor ni vergüenza en mostrarse las mujeres como son, especialmente sin complejos en cuanto a la cuota de poder que tienen en el nuevo liderazgo que están marcando en las organizaciones y en la política en general, que tan buenos resultados está dando a las sociedades.

Cuando una sociedad se precia de ser abierta, moderna y democrática, no puede sostenerse jamás este principio sociológico si la mujer no está debidamente integrada, reconocida y respetada al mismo nivel de los hombres. Porque la construcción social no se puede concebir sin la participación absoluta y sin limitaciones de la mujer.

Lo que Melinda Gates refería como mujer fuerte porque podía hablar en nombre de su comunidad y de miles o millones de personas hombres y mujeres (no es excluyente con los hombres), tiene a su vez un alcance mayor en cuanto al atributo fortaleza. ¿Por qué? Porque la fuerza que emana de la mujer se canaliza de infinidad de maneras: cuando ama, en los momentos que perdona, cuando tiene que seguir para delante no mirando atrás por el bien de sus hijos….cuando lo intenta una y otra vez perseverando con la misma fuerza y motivación que tenía en el pasado. Y desde la fortaleza la mujer es la que también repara cuando el daño ya fue hecho. Cuando hay que superar el trauma y hay que volver a sonreír por el bien de los hijos.

Me parece adecuado cerrar mi contribución de hoy con un pensamiento de Ladi Di que decía “no sigo el libro de reglas. Dirijo desde el corazón, no desde la cabeza”, porque siempre era persona sujeta a críticas por su forma abierta de conducirse y la proximidad y cariño que demostraba hacia personas de toda condición y en todo lugar. Digamos que nadie hizo más para lograr la erradicación de las minas personalesque Diana Frances Spencer, princesa de Gales.