Tecnologías Emergentes

El CES más descafeinado de los últimos años

CES Las Vegas 2018 (y2)

Miguel Ángel Ossorio Vega | Lunes 15 de enero de 2018
Como su propio nombre indica, el Consumer Electronics Show se ha convertido en un espectáculo que derrocha buenas ideas y ganas de cambiar el mundo, pero a través de aparatos que más bien son prototipos sin fecha de lanzamiento.

La Singularidad es ese momento tan esperado como temido en el que las máquinas sean más inteligentes que los humanos gracias a su capacidad para mejorar sus propias aptitudes. Debe de ser estresante ver cómo la tecnología avanza a inalcanzable velocidad. También entre las máquinas que se queden rezagadas.

Si traemos algo similar a nuestros días, podemos intuir cómo algunas empresas tecnológicas se sienten cual máquina rezagada: la tecnología avanza a una velocidad que no permite lanzar nada significativo de un año para otro. Tal vez sea porque tocamos techo (que no parece el caso) o porque no es posible crear productos y servicios verdaderamente disruptivos a tal velocidad. Ese sí parece el caso.

El CES 2018 no deja nada realmente nuevo. De hacerlo sería en el segmento de los televisores, con uno enrollable que recuerda a las pantallas de los proyectores y uno gigantesco que pocos podrán acomodar en su salón. Cuando te fallan las ideas, lo haces más grande. Pero eso no es una novedad real. Ni siquiera podemos hablar de disrupción la llegada del 8K, la máxima calidad de imagen posible. Y no lo es porque no está aportando nada nuevo: se ve mejor, pero se sigue viendo, y no tocando u oliendo. Ahí estaría el cambio, que algunos cines empiezan a poner en marcha.

El problema del CES es haberse quedado en tierra de nadie y de todos a la vez. No está especializada en móviles, cuyos fabricantes dejan para el Mobile World Congress de Barcelona los pesos pesados. Tampoco vehículos, que tienen en el Salón de Detroit sus mejores novedades (aunque en el CES se presenten coches que son más bien robots con ruedas, como el Byton del que todo el mundo habla). Ni siquiera es una feria de robots, a pesar de que hemos visto más de uno (muy simpáticos, eso sí).

A pesar de todo, el CES nos sigue gustando porque allí se reúne lo más granado del mundo digital. No importa si se convierte en un escaparate de ideas e ilusiones, y no tanto de novedades hechas realidad. Lo que nos gusta es conocer esos pequeños avances que en sí no aportan nada nuevo, pero van configurando un puzle de mayor tamaño que sí cambiará nuestras vidas. Hace un año concluimos que el mayor avance había sido la voz. Como resumen puede servir también para este año, ya que será la combinación de voz e inteligencia artificial la que marque el futuro. Visto así, podría parecer que en un año no hemos ganado nada, pero es falso: ahora nuestros móviles, nuestras casas y nuestros coches están preparados para hablar con nosotros e incluso para escucharnos y actuar en consecuencia. Y eso trasciende a toda feria tecnológica que se precie.

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