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Los diez minutos que salvaron mi vida. Sepamos liderarnos a nosotros mismos

No tengo duda alguna que hay que aprender a saber cuidarnos: tener una dieta equilibrada, evitar el sedentarismo, no beber en exceso, no fumar, etc. Son piezas fundamentales para que nuestro organismo funcione equilibradamente y, por ende, nuestra mente.

Como dijo un profesor mío hace tiempo: “el mejor liderazgo es el que uno practica con uno mismo”, en referencia a los desarreglos que se hacen con frecuencia –falta de descanso-, el desorden especialmente en las comidas y cómo afecta a la salud tanto física como mental.

Hace muchos años leí la historia que relataba un destacado médico norteamericano explicando qué es lo que le había cambiado el curso de su existencia. El relato no por ser simple carecía de profundidad. Todas las mañanas este médico caminaba durante diez minutos de manera pausada, contando diez pasos mientras inspiraba el aire lenta y profundamente, lo contenía durante otros diez pasos y finalmente lo expiraba mientras contaba diez pasos más.

Ponía su mente en blanco, concentrándose solamente en este ejercicio de gimnasia respiratoria y no pensaba en ninguna otra cosa. Todos sus sentidos pendientes de su respiración pausada y rítmica que le permitía sentir los latidos del corazón y cómo se agrandaban sus pulmones. Toda su consciencia estaba puesta en este ejercicio.

Empecé a aplicar esta lección que por algo este médico bautizó como “los diez minutos que salvaron mi vida”. No era una exageración, porque este tipo de técnica de relajación acompañada por una gimnasia de respiración profunda, tiene efecto directo en la circulación sanguínea, en el propio corazón y en la oxigenación del cerebro.

Me ocupé oportunamente de informarme sobre estas cuestiones médicas y corroborar que efectivamente eran altamente positivas, especialmente para las personas que no practican deporte o que hacen una vida demasiado sedentaria.

Mi historia personal

Se lo debo al médico norteamericano porque él sin saberlo también salvó mi vida. Había dejado el deporte que practicaba desde la infancia. Me había sumido en un sedentarismo enfermizo y que no podía llevarme a buen puerto. Entonces, un día en que me sentí morir, me dije a mí mismo: “si hoy salgo de esta, empezaré con los diez minutos de marcha diaria”.

Cambiar aquellos hábitos que son perjudiciales para la salud, es más agradable cuando se incorpora uno como el de la respiración profunda durante diez minutos caminando. Su cuerpo y su mente se lo agradecerán. Mi cuerpo desde ya que está agradecido y mi mente solamente deja de pensar durante diez minutos cada mañana, porque sólo quiere ser consciente de los latidos del corazón y de la fuerza que hago para inspirar y meter oxígeno en los pulmones.

Y me acuerdo de mi profesor: seamos buenos líderes con nosotros mismos.

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