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Infundir el miedo = ANTILIDERAZGO

A mis lectores una aclaración: cuando reuní hace unos tres años a un grupo de destacados colegas expertos en diferentes campos del conocimiento, le dimos en llamar Economistas Críticos Independientes, justamente porque nuestro eslogan decía que éramos independientemente de los políticos y el poder. Por tanto, a mis seguidores en este Blog tengan presente que sigo manteniéndome absolutamente independiente de cualquier formación política y todos mis críticas y análisis son efectuadas desde la óptica del liderazgo y la buena gobernanza.

La historia de la humanidad está plagada de pasajes en los que el miedo fue el actor principal de muchas sociedades. Por el miedo y a pesar del miedo, se levantaron en armas, provocaron revoluciones y transformaron sus respectivas sociedades. La opresión de cualquier régimen mediante el miedo, es la antítesis del liderazgo y la partida de defunción de cualquier movimiento que habiendo sido revolucionario en su origen, se convierte en un sistema opresor de libertad del individuo como sus señas de identidad.

Infundir es despertar un sentimiento en alguien, puede ser miedo o también confianza. Teológicamente hablando, cuando Dios da una gracia o un don, como la expresión bíblica de que “Dios les infundió el don de lenguas a los apóstoles”.

En el liderazgo organizacional ha sido justamente un factor de utilización por directivos o líderes inescrupulosos, que de esta manera pensaban– en su falsa creencia técnica- que aseguraban altos niveles de productividad empresarial. La evidencia empírica que la transformación de las organizaciones nos ha demostrado en los últimos treinta años, es que justamente en las antípodas del miedo se encuentra la confianza, e infundir ésta en todos los cuadros de una organización es garantizar niveles de compromiso de la gente con su trabajo, así como lealtad al equipo y dirección.

Lo que no se entiende hoy día, es que teniendo muy claro los líderes empresariales más destacados, y obviamente siendo emulados por una nueva generación de líderes que se basan en el éxito de sus equipos, en una filosofía de dejar hacer de manera autónoma y delegar control y toma de decisiones a sus áreas de trabajo (empoderamiento), pueda en otro ámbito de la sociedad como es el político, seguir con la “cantinela” de que “viene la derecha” o la muy actual de que “si gobierna Podemos”, como queriendo significar que es el fin del sistema que tan grandilocuentemente los políticos se jactan, un día sí y otro también, de que lo que está en juego es el estado de derecho.

Craso error infundir miedo a una sociedad moderna, abierta y democrática. El miedo podía ser utilizado incluso hasta muy entrado el siglo XX, pero ya no puede ser arma arrojadiza y sólo manifiesta mezquindad política y obstinación con seguir controlando el poder. Algo así como si “el poder cambia de manos” viene el desastre.

Justamente esta expresión es el título de un libro de un Premio Nobel de Literatura polaco, Czeslaw Milosz, que lo obtuviera en 1980. La novela de Milosz constituye una dura crítica a cualquier tipo de totalitarismo, pero especialmente se trata de un reproche al soviético, que impone su ley a la población nuevamente ocupada. Un nuevo miedo que espanta a la gente que no es tanto el peligro inmediato, como sentir la amenaza de que a partir de ahora, esa sociedad estará plagada de prohibiciones.

Si bien lo que Czeslaw Milosz recrea en su novela es como suele decirse de un “testigo de cargo” y nos suena como lejano, por el contario no debe parecernos menos próximo a nuestra realidad social actual, un miedo que se infunde desde las esferas políticas y también desde gobiernos, sobre movimientos sociales como el de los “Indignados” que floreció en los últimos años en toda Europa, y en particular, asumió forma de partido político en España.

Primero se les dijo que si querían manifestarse que formaran un partido. Cuando lo formaron y ganaron cinco eurodiputados, se inició una campaña de “miedo” que hubiera dado resultado en la España de los años 60 del siglo pasado, pero no en la actual. Una sociedad evolucionada y muy bien informada, con una característica esencial que la hace comparable hoy día a cualquier otro país desarrollado: la libertad de prensa y especialmente el periodismo de investigación.

Este periodismo que sacó a relucir centenares de casos de corrupción política y que ha soliviantado a toda la sociedad, de ahí que infundir miedo porque pueda gobernar tal o cual formación política (generalmente de izquierdas) es tan estéril como pretender eliminar la ley de gravedad.

El antiliderazgo se manifiesta de diversas formas, entre ellas:

1º) La mentira política como justificación de determinadas acciones que realiza un gobierno.

2º) La defensa a ultranza de personas y/o instituciones que supuestamente están involucradas en casos de corrupción.

3º) La manipulación de la información que pretende mostrar aspectos más edulcorados de lo que es la cruda realidad, en cuestiones de paro, pobreza, exclusión social, etc.

4º) La falta de información y la absoluta ausencia de transparencia sobre determinadas cuestiones y/o acciones de los gobiernos.

5º) La descalificación de los opositores políticos a niveles propios de regímenes totalitarios, con expresiones tales como: “está en juego la democracia y el estado de derecho” o que “volveremos en España a las “cartas de racionamiento”.

Cualquiera de las formas descritas es un mecanismo que tiene por única finalidad que el miedo opere a nivel consciente de los ciudadanos para sencillamente “torcer” el voto a favor de los que ostenten el poder y aunque no estén en el gobierno (partidos opositores convencionales) formen parte del establishment.

Lo que tienen que comprender los políticos que recurren a cualquier mecanismo que pretenda infundir el miedo en los ciudadanos, es un auténtico boomerang que les provocará una gran vía de agua por la que perderán votos y también poder (menos representación).

El liderazgo como el yin y el yang, tiene su opuesto en el antiliderazgo. Los que desde las altas esferas del estado o en los partidos políticos, sigan infundiendo el miedo sobre otras formaciones políticas y personalidades de estos partidos, terminarán muy perjudicados en el escrutinio electoral. La ciudadanía en 2014 sólo tiene miedo al paro, la incertidumbre respecto al futuro, etc. pero no a ninguna formación política.

Las evidencias que estamos viendo estos últimos días de participación ciudadana, así lo acreditan.

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