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Las prostitutas de la guerra

En los últimos días he tenido la ocasión de ver una película, “La verdad oculta” (2010) (título original “The whistleblower” que significa denunciante) de Larysa Kondracki, además del documental de “La noche temática” en la 2 de TVE, “Las prostitutas de la guerra”. Tanto al final de la película como del documental, me he quedado más que indignado: ¡cabreado! Con ganas de contribuir con mi modesto aporte a la denuncia. Porque el mensaje es claro: han seguido habiendo abusos en tiempos de paz, en el que funcionarios amparados por el logo de Naciones Unidas participaron de manera directa e indirecta en el tráfico de personas.

En la noche temática la voz en off inicia el documental diciendo:

“¿Qué se necesita para crear un buen soldado? Un informe, un arma y a ser posible…una prostituta. Es una ley de la guerra, nunca enunciada como tal, pero aparece como algo evidente. ¿Es un daño colateral o una cuestión sin importancia? Allá dónde haya soldados siempre habrá una casa de citas. Los estados mayores siempre se han encargado de garantizar el descanso del guerrero”. Sres. lectores, es espeluznante, porque es cierto, hay testigos. Lo tremendamente grave: es que no hay procesados. Y esto puede volver a repetirse.

Cuando el documental se inicia con las andanzas de las tropas francesas en el sudeste asiático, deja entrever que era un mal del colonialismo de las potencias. Pero a medida que avanza el documental, se ve con claridad que es un problema de fondo, recurrente en todas las guerras y peor aún, en todas las postguerras en las que se supone las fuerzas de paz están llamadas a la noble tarea de la reconstrucción y la pacificación.

En cuanto a la película que refiero, está inspirada en hechos reales. Un drama basado en las experiencias de Kathryn Bolkovac, una policía estadounidense que sirvió en las fuerzas de paz de Naciones Unidas para el mantenimiento del orden y la seguridad en la posguerra de Bosnia, pero que termina siendo expulsada por querer evitar a toda costa que se sigan encubriendo escándalos sexuales y tráfico de personas en las que funcionarios de Naciones Unidas estaban implicados.

Sus expectativas de ayudar a reconstruir un país devastado, se desvanecen cuando descubre una peligrosa realidad de corrupción, con la gravedad del encubrimiento de responsables de Naciones Unidas sobre el terreno. Aquí entran en juego dinero en grandes cantidades, droga con la que controlaban a las chicas de países del este que engañaban trayéndolas a Bosnia y la sociedad siniestra entre algunos funcionarios de Naciones Unidas y contratistas de seguridad privados. Lo más escandaloso, el doble lenguaje diplomático multinacional y la impunidad que se manifiesta tanto en el filme como el documental.

Planteos que hace el documental y que relata de manera magistral la película: que parece que la prostitución jamás se ha planteado durante las escaladas bélicas o en los procesos de pacificación, como algo moral. Pero lo insólito es, que incluso una vez terminada la guerra, los cascos azules de Naciones Unidas pudieran haberse visto implicados en sórdidos escándalos de prostitución organizada con total impunidad. Esto es crimen organizado.

Se muestran lo que las autoridades bosnias y funcionarios llamaban “clubes de alterne”, cuando en lugares apartados de las poblaciones, en condiciones de absoluta falta de higiene, una inscripción en la pared de un contenedor decía en inglés “Night Club”, en la mitad de la nada, cuando los pobladores de esas zonas no hablan inglés, pero eso sí: siempre había vehículos de Naciones Unidas estacionados delante.

Madeleine Rees, ha sido la comisaria del Alta Comisionado para los derechos humanos en Bosnia, (1998-2006) y es una de las demandantes y testigos de cargo en el documental. Al final del filme, se deja claro que la protagonista en la vida real tuvo que apartarse de la vida pública e irse a vivir con su marido a Santa Fé, estado de Nuevo México, Estados Unidos. También se dicen en los créditos finales, que ningún cargo de Naciones Unidas fue procesado. Pero lo más grave aún, es que los contratistas que ya operaban sobre el terreno en Bosnia, son los mismos que siguieron contratando con el gobierno de Estados Unidos para la reconstrucción de Irak y Afganistán.

La impunidad es la cara más amarga de cualquier proceso de corrupción. Pero cuando quedan impunes de crímenes contra personas por cometer uno de los delitos más graves que es el tráfico de seres humanos, la desesperanza nos invade.

Si bien no son cosas comparables, me viene a la cabeza la crisis de 2008-2009 que vengo denunciando desde hace varios años en artículos de análisis y “economic reports”, en el siempre sostuvimos que el origen de la misma es que se saltaron todos los controles por los que llevó a que el sistema financiero se pusiera contra las cuerdas y tuviesen que rescatarse importantes entidades financieras y bancarias, entrándose posteriormente en una recesión de la cual en Europa, se está saliendo a trancas y barrancas. De igual modo, los casos de implicaciones de funcionarios de Naciones Unidas con la complicidad de fuerzas del orden locales en dónde estuviesen (Bosnia, Kosovo, etc.) no cuestiona –faltaba más- la necesaria existencia de tan importante institución: sólo que han fallado los controles y lo que se ve por la denuncia del filme y el documental, no ha habido voluntad política para poner remedio a un mal que tiene décadas. Peor aún: ¿quiénes son los funcionarios castigados? ¿A qué países corresponden? ¿Tienen algún cargo en la actualidad?

Si se quiere que esto cambie tendremos que educar desde la base en el respeto a la mujer. Y una pregunta que deberíamos formular al llegar a un país y querer saber el grado de desarrollo social y económico del mismo, basta con preguntar: ¿cuál es el grado de integración de la mujer en la sociedad? ¿Cómo se la ve en su trabajo y en actividades profesionales? Esto nos dará una idea clara de si es una sociedad más o menos evolucionada. No nos olvidemos que las que denunciaron las atrocidades cometidas por funcionarios de Naciones Unidas eran mujeres. Que también se deja clara constancia de que a medida de que sean más las mujeres que integren estos cuerpos de paz, habrá un cambio de actitud porque habrá más consciencia del papel de la mujer y de que no se puede considerar a ninguna mujer como botín de guerra de los soldados, ni una justificación para tropelías y crímenes diversos porque están a 10.000 km de sus hogares.

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