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Gamificación y comunicación: cómo aprovechar el juego en la comunicación interna

Los neologismos o la creación de nuevos términos son una constante en el sector de la comunicación y muchas veces vienen a poner nombre a prácticas que ya existían desde hace tiempo y que, bajo esa nueva denominación, cobran entidad propia y resurgen como tendencia. Lo hemos visto con el branded content o el storytelling y también sería el caso que nos ocupa hoy, el de la gamificación.

Llevándolo a nuestro campo, el matrimonio gamificación-comunicación tiene tantas posibles aplicaciones como audiencias, pero es en la comunicación interna uno de los campos donde más se ha desarrollado. La razón principal es que es una herramienta muy útil para muchos de los retos a los que se enfrentan las organizaciones en la relación con sus empleados, desde necesidades muy tácticas como puede ser que los empleados interioricen contenidos o procesos de forma muy clara y ágil, hasta otras metas más intangibles como pueden ser incrementar la motivación del empleado y su compromiso.

Sin embargo, en todos estos casos es preciso que la estrategia de gamificación esté bien diseñada para que sea útil tanto para los promotores como para sus audiencias. Para ello recomendamos hacerse una serie de preguntas a la hora de diseñarla:

  • ¿Está mi organización preparada para incorporar estrategias de gamificación? La respuesta no tiene que ver con el tamaño de la empresa, el sector de actividad al que pertenece o el perfil de sus empleados. Se trata de saber si la gamificación está alineada con la cultura de la empresa, si la dirección cree en ello, si su implementación no será percibida como algo discordante y si es el momento adecuado o hay que realizar previamente otras acciones que vayan preparando el camino.

  • ¿Tenemos claros cuáles son los objetivos que queremos alcanzar con ella? Formación en políticas y herramientas, estimular la interacción entre empleados, dar a conocer nuevos procedimientos, reconocer la contribución de las personas, fomentar el trabajo en equipo… Planteándonos el problema que queremos abordar obtendremos el concepto sobre el que trabajar. Un ejemplo bastante famoso es el de Siemens que creó un juego online donde puedes simular ser el director de la fábrica para conocer todos los procesos de la misma y alcanzar los máximos indicadores de calidad y seguridad.

  • ¿Tenemos capacidad técnica para llevarlo a cabo? No nos encaprichemos con una idea súper divertida y sofisticada si la mitad de nuestros empleados no tienen acceso a Internet ni a equipos técnicos. Lo mismo pasa con entornos operativos, problemas de seguridad que impiden ponerlo en marcha… Un consejo, incorpora a tu CIO a la hora de diseñar tu estrategia y todo será más fácil.

  • ¿Se adapta la dinámica del juego a mi audiencia? Una cosa es jugar y otra que a todo el mundo le guste el juego que le hemos diseñado: buscar un punto de equilibrio para que nuestra estrategia no sea demasiado simple ni muy compleja, tenga una mezcla justa de lúdico y corporativo y refleje el estilo de comunicación de la compañía. Además, dotar al guión de una línea argumental (volvemos a hablar del storytelling) es una gran ayuda.

  • ¿Estoy motivando al jugador? Uno de los elementos clave de cualquier estrategia gamificación es la recompensa que se obtiene al final del mismo o incluso durante el juego, ya sea en formato de puntos, premios, etc. Un caso emblemático es el de Correos, que consiguió embarcar a sus empleados para hacer una revisión exhaustiva de su web en tiempo record para mejorarla a cambio de pequeños premios. Sin embargo hay muchas otras formas de hacerlo: personalizar el entorno, dar campo a la competición entre empleados o permitir que haya un reconocimiento público son alicientes adicionales. Y, por supuesto, asegúrate de que las reglas estén claras o no nuestro empleado abandonará frustrado el intento.

  • ¿Puedo medir los resultados? Deberías. Si no ¿qué sentido tiene? La tecnología nos permite obtener muchos parámetros estadísticos: descargas, visitas, duración del juego, personas que lo han completado, etc. pero hay otras mucho más sencillas que se pueden incorporar como son una sencilla pregunta final tipo “¿te ha gustado?” o incluso incorporar nuevos ítems en encuestas internas, plantear preguntas en los canales internos y ver si generan conversación, etc.


Si las respuestas a todas estas preguntas son afirmativas, la organización no debe perder un minuto en poner en marcha estrategias de gamificación para relacionarse con sus empleados, pues los beneficios son múltiples y los estudios existentes apuntan a que ellos lo valoran muy positivamente. Eso sí, nunca pensemos en una estrategia de gamificación de forma aislada, sin estar alineada con la estrategia de comunicación de la compañía, sino que esté al servicio de ésta.


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