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“Para la mente que está quieta, el universo entero se rinde”. Lao Tzu

En todas las épocas de la historia, indagar sobre la mente siempre fue un desafío. Fundamentalmente, porque si aún hoy en 2015 sigue siendo una gran desconocida, cómo imagina Ud. el conocimiento que de ella se tenía en el siglo XII o en el XVII. Según las más antiguas filosofías, si Ud. controla su mente, es que lo puede controlar casi todo.

Esto se atribuye a una fuerza creativa que existe en el universo y que está al alcance de todos, digamos que podemos tener acceso. La cuestión es, que si podemos encontrar soluciones a los problemas y desafíos que se nos presentan, nutrir nuestra mente desde una óptica universal y naturalista, es una forma de apertura a la vida y especialmente, cuando se sabe hacer bien, una experiencia increíble.

¿Qué es lo que sucede entonces, cuando sentimos que fallamos, que no podemos controlar una situación, por ejemplo en una crisis, y tenemos la sensación de fracaso y derrota? Que nuestros pensamientos, palabras y acciones pueden convertirse en un dique de contención (estar bloqueando) nuestra energía que necesitamos para enfrentarnos a ese cambio de situación.

O sea, que cuando ponemos orden en nuestras ideas a través de la reflexión y la meditación, estamos ayudando a nuestro cerebro a “desatascar” la confusión que tenemos y que se multiplica con frecuencia, debido a la impotencia que sentimos cuando no podemos resolver una cosa. Nuestra parte emocional nos suele jugar una mala pasada, ya que en definitiva nos impide disfrutar de toda la energía que hace que nuestro talento y creatividad afloren y resuelvan de manera sencilla lo que termina siendo resuelto con grandes dificultades. Esta es la cuestión: no sólo resolver el problema, sino cuánto es el coste de su resolución. Cuánto tiempo y sacrificio tenemos que dedicar a que las cosas nos salgan bien. De ahí la importancia de poner orden en nuestras ideas, revisar nuestro mapa mental de principios y valores.

Nuestro entorno nos juega también malas pasadas, porque opera como si por ejemplo, estamos en una estación central de ferrocarril, en el que todo el ruido circundante, nos hace imposible mantener una reflexión o tener las ideas claras. No cabe duda, que cuando bajamos (o de alguna manera neutralizamos) el ruido externo, podemos poner todo nuestro intelecto en modo “on” para afrontar lo que tenemos delante. Y cuando afirmamos “enfrentar el problema” o el cambio que nos ha sobrevenido, esto implica que la mente ha tomado consciencia de la situación. Por eso cuando decimos de tomarnos un respiro para pensar, es el tiempo que necesitamos de respuesta ante la situación, de manera de poner orden y actuar en consecuencia. Pero en todo caso, lo que estamos verificando, es que si tenemos el control mental y lo acompañamos de las reacciones emocionales adecuadas, estaremos caminando en la buena dirección.

Un proverbio Zen dice: “el obstáculo es el camino”. ¿Qué significa esta afirmación? Que en sí mismo el tránsito (el proceso que iniciamos con nuestras acciones) es la prueba de que no perdemos ni el control ni la concentración. Mantenemos el foco en el problema y somos conscientes que alimentar nuestra mente desde esa fuerza universal referida más arriba, nos hará convertir los obstáculos en oportunidades. La gran mayoría de las personas no llegan a medir el alcance de esta “sentencia oriental” porque creen que el camino está abierto para recorrerlo de inicio a fin, sin dificultades o las mínimas posibles, cuando lo que decimos nosotros y en consonancia con la filosofía milenaria de Oriente, que es justamente el camino el inicio de los obstáculos que debemos sortear.

¿En qué camino cree Ud. que se encuentra ahora mismo? Algunas veces se está moviendo en una cierta dirección, creyendo que es la que entraba en sus planes (fueren personales o de su actividad laboral), cuando en realidad termina siendo un sendero desconocido. Entonces piensa que en su particular “viaje” (recorrido) algo ha hecho mal. Busca afanosamente atribuir su error o incluso fracaso (según sea la gravedad de lo sucedido), a algo o alguien. Pero no entiende ni comprende muy bien por qué se está encaminando en esta dirección.

Qué es lo que ha sucedido para que haya cambiado su rumbo, aunque quizás no su destino. Son los momentos en los que mira toda su vida como una película, aunque empieza a ser consciente al revisar sus acciones, que a lo mejor se debe a una decisión en particular que jamás pensó tendría consecuencias negativas.

¿Cuál es el error más frecuente que cometemos ante este tipo de situaciones? Que como ya hemos recorrido muchos caminos a lo largo de nuestra vida, de los cuales somos perfectamente conscientes, entramos a analizar y preguntarnos si hemos transitado por alguno que finalmente resultó equivocado. Y llegados a este punto, en vez de entrar en estado de pánico y creer que es un destino fatídico que le asecha, lo que tiene que hacer es mirar este camino en el que está transitando hoy día e insistir en hacerlo apropiadamente, sin necesidad de buscar rutas alternativas. Buscar y descubrir lo bueno que hay en esta dirección que oportunamente había tomado, que seguro lo tiene mucho más próximo de lo que Ud. imagina.

Mirar a todo su entorno y tratar de observarlo desde otra perspectiva, viendo cómo lo que creía no le conducía a ninguna parte, en definitiva, al vencer ese obstáculo mental que le impedía ver hacia dónde se dirigía, incorpora una nueva visión a su vida (todo su conocimiento y experiencia) que le harán mirar de otra manera.

Si bien puede no ser el camino originalmente elegido, podría convertirse en un destino mucho más agradable teniendo la paciencia y considerando en todo su esplendor el presente, a esa parte de la vida que no le damos la importancia que tiene.

Un reconocido comediante norteamericano tiene una frase que es una “auténtica revolución” en la forma de cómo ver y encarar los problemas o en general, las cosas a las que debemos enfrentarnos. Milton Berle dice “If opportunity doesn’t kock…build a door” (Si la oportunidad no nos llama…construye una puerta). Obviamente, ese llamado (kock de golpear) es a la puerta (a nuestra consciencia), lo que tiene por respuesta según Berle, que no debemos preocuparnos cuando no hemos sentido esa llamada en nuestra consciencia, pero cuando en algún momento nos percatamos de ello, la solución es entonces estar abiertos con toda nuestra lucidez, para cualquier otra oportunidad que se nos presente (construir la puerta).

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