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“Lost in translation” vs. “Lost in politics”

Por José Luis Zunni

Que no se preocupen…que no se ha realizado aún la película “Lost in politics” (Perdidos en la política), aunque seamos los ciudadanos los que sí estamos perdidos en ella. ¿Por qué se me ocurre hoy hacer esta reflexión? Por que he tenido ocasión el pasado fin de semana de volver a disfrutar de “Lost in translation” (2003) de Sofía Coppola, galardonada con el Oscar al mejor guión y nominada en las categorías de mejor película, mejor director y mejor actor.

El contraste entre los personajes de Bob Harris (quizás la mejor interpretación de Bill Murray de su carrera) y de Charlotte (Scarlett Johansson) es deslumbrante, una comedia de esas que te insuflan vida y en la que se hace uso de una ironía suave e inteligente, aunque no deja de ser punzante y profunda. El mérito está en mostrar de manera delicada la naturaleza humana tal cual es, sin trampas ni hipocresía.

Me decía a mí mismo: qué importante es la sinceridad y la actitud honesta en la vida, típica de la gran mayoría de personas normales, categoría en la cual también entran con seguridad más del 90% de los políticos, que son honrados y que ejercen su trabajo con auténtica vocación de servicio. La cuestión estriba en el pequeño porcentaje (no sabemos con precisión cuál es, si el 1 o el 2% de todo el universo político) que nos provoca este estado de “lost in politics”, porque amén de los problemas de corrupción que ensucian a las organizaciones políticas (algunas más que otras), nos muestra esa otra cara negativa de las personas que los rostros pueden mostrar, siendo sin duda “la patología del poder” la que se lleva la palma.

Querer mantenerse en el puesto a cualquier coste, sumada a actitudes vergonzantes de utilización de los cargos e influencia para lucrarse a título individual. Lo que Abraham Lincoln llamó “el lado oscuro del alma humana”, porque él decía que toda persona tiene sus dos facetas, la cuestión era cómo hacía para dominar el lado malo.

Parce que cuesta mucho resistirse a esta tentación, especialmente cuando se trata de corrupción económica y política, por el uso y abuso de las funciones y responsabilidades, así como el poder que se ostenta.

Ese “lado bueno del alma” de Lincoln, se encuentran como un espejo de millones y millones de personas en todo el mundo, en “Lost in translation”, porque los personajes de Bill Murray y Scarlett Johansson proyectan la grandeza humana (la gran mayoría de ciudadanos de este planeta) cuando se encuentran dos personas sanas e íntegras, que en paralelo atraviesan sus respectivas crisis matrimoniales, que coquetean con el romance aunque mantienen el lugar que les corresponde, que es la lealtad a sus respectivos matrimonios y no más que la amistad entre ellos dos. Sabían cada uno cuál era el límite que no podía pasar. No sólo no lo pasan, sino que dan una lección de lo que es la comprensión, así como saber compartir un tiempo y espacio.

¿En qué posición nos está dejando esta sin razón de un bloqueo que pretende darle otro contenido a la expresión “democracia parlamentaria”?

Desde ya que defendemos con toda la fuerza lo que los electores han mandatado a sus políticos para que negocien. ¡Faltaba más! El pueblo es soberano y lo que éste mande hay que cumplirlo.

Lo que los ciudadanos no imaginaron, es que el panorama de parálisis institucional y política en el que está inmersa la sociedad española, no se deriva del mecanismo de conformación de mayorías, sino de otros mecanismos: los mentales de los líderes políticos. Porque no hay manera que comprendan qué significa la palabra “dimitir” o la otra expresión que dice “asumir responsabilidades políticas”. Como si esto no fuera con uno (con el político de turno que está cuestionado).

¿Cuál es la lección que deberíamos sacar de ambas situaciones, la del filme y la de la realidad política?

Que en la vida no hay que mirar atrás con ira ni caminar hacia delante con miedo. Lo que hay que hacer es observar el presente con atención y cuidado. En una escena de la película, Murray le dice a Johansson que tiene tiempo aún para experimentar, que ella misma se va a ir dando respuesta a sus dudas, en referencia a que a ella le gustaría ser escritora al mismo tiempo que dice que no le gusta lo que escribe. Pero Murray le está transmitiendo un mensaje derivado de su experiencia (le duplica la edad), de que aún tiene tiempo, aunque debe planificar bien el hoy, para estar en condiciones de asumir las tensiones del mañana. Porque cuando no se comprende bien el presente no se descomprime dicha tensión en el futuro. Y lo que se está percibiendo en el día a día de la política española, es que poco importa cuál será ese grado de tensión que habrá que afrontar en el futuro por no haber sabido gestionarse debidamente el presente.

¿Pero es que la situación en la que estamos se deriva de un error o imposibilidad técnica? ¡Pues claro que no! Es el resultado de actitudes egoístas y mezquinas, algunas que quieren llegar al poder como sea; otras, no menos importantes, que no quieren dejar el poder de ninguna manera.

Winston Churchill decía que “la actitud es una cosa pequeña pero que marca la gran diferencia”, que perfectamente encajaría en cuán grande podría ser el giro de los acontecimientos si hubiera un mínimo de actitudes de estos líderes políticos que han encallado su embarcación (el partido y la política) por culpa exclusiva de sus apetencias y ambiciones personales.

Nelson Mandela afirmaba que “he aprendido que el coraje no es la ausencia de miedo pero sí el triunfo sobre éste. El hombre con coraje no es el que no siente miedo, pero sí el que lo domina”, pero no veo coraje en las personas que están alrededor de algunos de estos líderes en plantarles cara y pedirles que elijan la puerta de salida honrosa por el bien del país. Coraje significa no tener miedo de decir lo conveniente. La actitud honrosa (esa pequeña actitud churchuliana) es plantar cara a los que no comprenden más razón que la de su presencia, por más equivocada que sea su percepción de la realidad y a pesar del daño que su personalismo pueda estar haciendo al partido y al país.

Era Platón el que sostenía que “cuando un hombre se conquista a sí mismo, es la más importante y noble de sus victorias”. No parece que ni Sánchez ni Rajoy estén ganando esta batalla personal, más bien la están perdiendo y están haciendo perder tiempo a la sociedad en su conjunto.

“Lost in translation” es vivificante, te da esperanzas en el género humano y de seguir creyendo en que hay una gran mayoría de personas buenas. “Lost in politics”, la película que no se ha realizado aún pero que estamos rodando entre todos, tiene como mensaje central del guión cómo les han cegado a los líderes políticos la percepción de cuál es la realidad, como consecuencia de la influencia negativa de la ambición y personalismo, que lamentablemente pertenecen a ese “lado oscuro del alma humana” de Lincoln.

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