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Mensaje a los políticos:“Ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema” (Ulysses de James Joyce)

En una ocasión asistí a la presentación de un libro más de Mario Vargas Llosa, en la Casa de América de Madrid y saqué una muy buena lección de algunas explicaciones que dio el Nobel ante las preguntas que se le formularon. Pero especialmente me impresionó la sencillez con la describió el “oficio” (como él lo llama) del “escribidor”. Afirmaba que “la narrativa tiene la virtud de describirnos un mundo de ficción al que nos gustaría que la realidad se aproximase, pero en definitiva tiene el mérito de que los autores en su construcción literaria buscan que ese mundo real sea mejor”. Lo que vino a decir, es que una determinada acción u obra ayudan en el mundo real a tratar de emular los buenos ejemplos.

Cuando en Ulyses, considerarda la mejor novela en idioma inglés del siglo XX, porque es una obra que cambió el panorama de la narrativa de su tiempo, Joyce nos dice que mejor es cambiar de tema porque podemos hacerlo y no de país, también logra expresar de manera sencilla la impotencia del hombre ordinario en su vida cotidiana y qué mejor solución que hablar de otra cosa.

¿La impotencia de los ciudadanos frente a la incompetencia de los políticos o lo que es peor, la mala fe de algunos de ellos? Por ello, no deber sorprendernos lo que se ha bautizado en los últimos tiempos como desafección política, o sea, el poco interés que los ciudadanos tienen en la política, pero no debido a una carencia de interés en los asuntos que realmente les interesa que los políticos resuelvan para lograr una sociedad mejor, sino en la absoluta falta de credibilidad en la clase política para gestionar la cosa pública, amén de la terrible y dañina consecuencia de una corrupción que no conoce límites.

Cuando de vez en cuando releo algún clásico, entre los cuales también se encuentra Vargas Llosa que lo es por mérito propio, observo con agrado que deberíamos esforzarnos en las sociedades modernas, en buscar una mayor proximidad a esa ficción de la cual la narrativa se supone que ayuda a diseñar un espacio mejor en el que vivir. ¿Es esto una teoría aplicable? ¡No! Meramente es una reflexión que me surge siempre que me dejo llevar por mentes privilegiadas como Vargas Llosa, Joyce o también Oscar Wilde, cuando afirmaba que “la experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores”, poniendo negro sobre blanco ya que si un común denominador tienen los tres novelistas citados es la capacidad casi inextinguible de hacernos reflexionar sobre la conducta y naturaleza humana. De la necesaria búsqueda de la verdad a través de la ficción.

En el panorama actual de la política española, cómo nos gustaría que la realidad se encaminara a ese mundo ideal de los narradores, aunque la auténtica narrativa la tenemos en las declaraciones diarias que los líderes de primera línea, así como los de segunda y tercera de los actuales competidores en el arco Parlamentario, nos ofrecen de manera repetitiva, cansina y a veces cargada de hipocresía.

Los de segunda y tercera línea se pasean por las tertulias televisivas, pero escasamente nos ofrecen reflexiones y pensamientos agudos, más bien “propaganda” política.

En cuanto a los líderes de primera línea, todo el debate nacional se centra en si los partidos que cuentan para la abstención o el sí (Ciudadanos y PSOE) se mantienen en sus trece o como diría Joyce, cambian de tema y facilitan que haya un gobierno en España.

Si estos líderes actuasen con la vocación de los narradores, el escenario sería muy diferente al actual, que está bloqueado las instituciones por una falta de escrúpulos alarmante en cuanto a los intereses de estado y los que quedan en la esfera personal. Pero están enrocados en la estructura legal Parlamentaria, no facilitando la gobernabilidad, sino haciendo un jaque constante a la misma en aras de una creencia que pretenden transmitir absolutamente falsa, de que actúan en coherencia con sus declaraciones efectuadas antes y después de las elecciones, así como de sus supuestas ideologías (algunas muy en entredicho).

Veamos un pasaje de Oscar Wilde y se nos pondrán los pelos de punta al pensar quién o quiénes pueden decir cosas similares en todas las agotadoras declaraciones diarias en los medios de comunicación de estos “salvadores de la patria”. Decía Wilde: “no voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo”. Cuando los discursos repetitivos y propagandísticos, que salen de la boca pero a veces parece que no del pensamiento, dirigido a sus electores, deberían pensar más en los ciudadanos porque esta es la categoría de personas a las cuales se supone que representan. A todas y todos, no sólo a los suyos.

Decía el primer ministro británico Benjamín Disraeli (1884-1881) que en la vida existen tres tipos de mentira: la mentira grande…la mentira pequeña y la estadística. Pues no le faltaba razón, ya que realmente si no fuera porque es penoso que cuando se enfrentan líderes políticos en tertulias o debates manejando datos absolutamente opuestos o mejor dicho, manipulados a su gusto, sería para echarse a reír.

La cuestión es si va a ver un tiempo de reflexión aunque sea en el último minuto. El poeta Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte) afirmaba que “todos los incurables tienen cura aunque sólo sea cinco segundos antes de la muerte”. El momento en el cual hacemos balance de nuestra vida y nuestros actos. El problema es que los políticos actuales, al menos tres de ellos muy jóvenes, no están pensando que el final de sus días está próximo, como es lógico porque tienen mucha vida aún por delante. Pero los estados y las sociedades no pueden estar sujetos a los vaivenes de los intereses personales de los políticos que terminan condicionando la circunstancias por las que atraviesa todo un país. Pero más grave aún, las consecuencias de no tener gobierno en un momento crucial de la UE que pude complicar mucho la gestión económica y social que deba hacerse a partir del instante en que por fin haya un Ejecutivo en Moncloa.

Deberíamos no hacerle caso a Joyce y en vez de cambiar de tema, exigirles a los políticos que ellos cambien su discurso y lo adecuen a las reales necesidades del país, que por cierto pasa por tener gobierno y no bloquearlo.

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