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El pasado es historia…el futuro un misterio…pero hoy es un don al que llamamos presente. ¡Vive entonces!

Por José Luis Zunni

Cada día cuando nos levantamos, deberíamos imponernos una tarea: ¡ser la mejor visión de nosotros mismos! Es tan simple como admitir y aceptar errores y/o comportamientos de los que no nos sentimos orgullosos; sufrir heridas pero superarlas y olvidarlas es una forma no deignorar el pasado, sino de saber convivir con recuerdos buenos y malos, pero tratando de encontrar esa sonrisa que nos permita hacer que el hoy sea agradable y que el mañana no nos provoque tanta incertidumbre.

Mario Benedetti (1920- 2009), el gran poeta y dramaturgo uruguayo, lo dice con su habitual estilo poético y que se entiende claramente:

“No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,aunque el sol se esconda y calle el viento,aún hay fuego en tu alma,aún hay vida en tus sueños”

Recuerda que la felicidad no es una estación de llegada, sino un modo de viajar. Porque si vivimos con intensidad el presente sin que el futuro nos robe el protagonismo de hoy, es evidente que seremos más felices y que podremos mejorar nuestra preparación mental y actitud para enfrentar esa permanente incertidumbre que es el mañana.

Cada persona tiene una montaña que vencer en su vida.“Nosotros creamos el mundo en el que vivimos y diseñamos nuestro propio entorno”, lo decía Orison Sweet Marden (1848–1924), autor estadounidense que se destacó por sus escritos sobre cómo alcanzar el éxito.Se refería al sentido común y las virtudes que facilitan que una persona tenga una vida integral y exitosa. Fundó en 1897 la revista Success (éxito). Al referirse a que “diseñamos nuestro propio entorno”, está hablando de presente, pero cuya consecuencia de cómo lo hacemos es también lo que determina nuestro futuro.

Y es por ello que el éxito nos llega en la vida simplemente cuando renunciamos a tirar la toalla y darnos por vencidos. ¿Qué cómo se hace? Imponiéndonos metas tan duras que los obstáculos, los problemas, fracasos y pérdidas, sólo sean una motivación para la acción. No lamentarnos tampoco por un presente adverso, sino que sirva de catapulta para un futuro mejor.

¿Prometemos cuando nos sentimos bien, satisfechos o felices? ¿Respondemos inmediatamente cuando estamos enojados? ¿Decidimos cuando estamos tristes? Ni prometer en momentos de euforia porque podemos calibrar mal el futuro, ni tampoco responder como el principio físico de acción-reacción cuando estamos que nos subimos por las paredes porque algo nos ha lastimado o también ofendido. Pero muy especialmente cuidado con las decisiones que tomamos cuando nos invaden las tristezas, melancolías o algún tipo de sentimiento que es más grande, al menos por un instante, que nuestra capacidad racional para sopesar bien los hechos y las acciones que emprenderemos en consecuencia. El presente siempre exige nuestra máxima vivencia, ser conscientes de lo que somos y queremos ser.

Galileo Galilei (1564-1642) decía que “no podemos enseñarle a la gente cualquier cosa…sino que sólo podremos ayudarla a descubrirla por sí misma”.A veces, cuando nuestros objetivos y ambiciones son tan grandes, lo mejor que puede sucedernos es que podamos lograrlos de manera pausada, con el tiempo, para que estemos realmente preparados para encarar ese camino de éxito, porque grandes retos junto a importantes obstáculos que se nos ponen en el camino, son los que perfilan definitivamente nuestra personalidad.Que descubramos como decía Galilei, lo que nos convierten en la persona que somos de verdad. Y esto no se puede representar como en el teatro, porque no podemos simular quién no somos,sino únicamente dejar el paso a la autenticidad, que ha sido potenciada por el gran motivador que siempre es la adversidad y muchos noes con los que nos hemos encontrado en el camino.

Uno de los secretos de nuestra vida es la paciencia, porque nos permite que aquella fluya naturalmente. Tenemos la tendencia a estar siempre empujando las circunstancias para cambiarlas y es como pretender mover a un elefante con la fuerza de cuatro, cinco o diez hombres. ¡Da igual…no se moverá! Lo que sí debemos procurar hacer, es observar muy atentos lo que está ocurriendo en nuestro entorno, que se desplieguen como un abanico las diferentes oportunidades y posibilidades que nos brinda la vida, o sea, ese cambio al que en vez de enfrentarnos a su fuerza arrolladora, nos adaptemos lo mejor que podamos a su inevitable presencia. Esto es justamente la actitud que debemos asumir, alimentada de paciencia y determinación.

Vincent Van Gogh (1853-1890) afirmaba que “las grandes cosas son realizadas por una serie de pequeñas cosas que se han reunido”.Cuando queremos ser ese tipo de persona que no importa quién es, qué hace, dónde se encuentra o hacia dónde se dirige, lo importante es que en su relación con los demás siempre agregue valor a esas vidas de personas de su entorno. Sea en el trabajo o a nivel personal. Todas esas pequeñas cosas reunidas que conforman las grandes cosas de la vida y que por supuesto, hacen mejor nuestro presente.

Hablamos de éxito y obstáculos. Hablamos de éxito y motivación. Pero olvidamos una cuestión no menor: la creencia en uno mismo. Creer en nosotros es la dosis de confianza para tomar decisiones e implementar acciones.Y “la acción es la base primordial de todo éxito”, principio que sostiene Tony Robbins (la mayor autoridad mundial en cambio y crecimiento personal).

Cuidado con aferrarse a las reglas, lo importante es tener en cuenta algunos comportamientos que pueden ayudarnos a vivir mejor nuestro presente:

- No dejemos que únicamente la opinión de los demás se convierta en nuestra realidad. Debemos tener la nuestra propia, siendo conscientes de cómo comprendemos y vemos el mundo.

- Podemos tener un mal día o estar atravesando un período de dificultades, pero esto no significa que ya nuestra vida esté estigmatizada por el fracaso.

Ocurre que personas de nuestro alrededor, especialmente en las relaciones laborales, puedan no estar dándonos ese crédito y confiabilidad que merecemos. No debemos actuar como si esa valoración es definitiva y nos condena a ser sumisos, miedosos o renunciar a los retos que nos habíamos impuesto.

Salir de nuestra zona de confort nos exige tener la motivación y una determinación clara de superación. Pero justamente para hacerlo, ese salto que queremos dar, hagámoslo con los dos pies y con fuerza, no es cuestión de quedarse a medias, porque la probabilidad de éxito se incrementa sustancialmente cuando lo damos todo. Nuestra capacidad de entrega, es otro de los elementos que forman parte de ese camino de éxito cuando decidimos emprenderlo.

Y debemos recordar una cosa: la gente que realmente vale la pena no aparece con frecuencia en nuestras vidas. Por ello, cuando encontramos o un hombre o una mujer que sea lo suficientemente real para que sintamos esa fidelidad que nos brinda la buena amistad, conviene hacer todo lo posible por tenerla cerca y no dejarla ir. Nos hará valorar las vivencias del presente. No olvidemos que con los deseos no vamos a ninguna parte, sólo una decisión es lo que lo cambia todo.Hoy es un don al que llamamos presente. ¡Vive entonces!

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