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Me he caído y levantado…cometí errores, aprendido, me han lastimado y he estado roto por dentro pero estoy vivo, soy humano pero no soy perfecto…Estoy agradecido por todo lo que tengo.

Cuando escuchamos aquello de que la vida es como una historia a la que le vamos poniendo y quitando personajes, a veces por exigencias aunque no sea nuestra voluntad y otras porque es nuestro deseo, no deja de ser una buena aproximación a lo que realmente es la existencia de cualquier persona. Pero si bien puede haber historias más interesantes que otras, nuestro deber es tratar de convertirla en un best-seller. Que por más vicisitudes que hayamos tenido, lo importante es que sintamos que haya valido la pena vivirla. Que cualquier persona la pueda leer como un libro.

Finalmente nos arrepentimos de las cosas que no hicimos, de las decisiones que no tomamos, de la falta de valor que tuvimos en determinado momento para hacer un cambio. Dejamos pasar oportunidades por exceso de prudencia y por los miedos que siempre nos aguardan a la vuelta de la esquina: “qué van a decir de nosotros….o qué van a pensar de mí”, preocupándonos demasiado por lo que los demás piensan sobre cómo somos y nuestras acciones, en vez de preocuparnos por cómo pensamos, qué queremos hacer, por qué respetamos determinados principios, etc.

SholomAleichem (1859-1916) que fue un novelista y autor de obras de teatro como “El violinista en el tejado”, afirmaba que “la vida es un sueño para los sabios, un juego para el tonto, una comedia para los ricos, una tragedia para los pobres”.Su visión pesimista igualmente la rompía al señalar que la sabiduría era la única que nos permitía soñar.La propia filosofía de la China antigua sostenía que era más valeroso el general que no llegaba a librar la batalla pero igualmente ganaba, por negociación, demostración de fuerza y una estrategia demoledora, lo que le configuraba la categoría de sabio.

En la vida diaria, las personas sabias saben ganar sus batallas sin ruido ni aspaviento. Logrando lo más difícil que es, que todo el mundo está contento con ellos, ya que entonces seguramente han hecho y cumplido muchos compromisos en la vida. Del mismo modo, si nos produce felicidad la relación con todas las personas que tratamos habitualmente, tanto a nivel de trabajo como personal, seguramente hemos ignorado muchos defectos de los demás. Otra forma de aflorar la sabiduría.

Sir Winston Churchill decía que “el coraje es lo que nos hace poner de pie y hablar. Pero tener coraje es lo que hace que también nos sentemos y escuchemos”. Y los maestros chinos e hindúes siempre han enseñado a sus discípulos la sabiduría de escuchar y aprender, incluso tratando de emular las virtudes del maestro.

La sabiduría también tiene otra faceta, el saber escucharnos los unos a los otros, lo que no parece que sea un deporte nacional en ninguna sociedad, porque bastante tiene cada persona con sobrellevar la carga de sus problemas, responsabilidades, etc. para vivir su vida y desarrollar su familia.

Pero la sabiduría es también la habilidad para aprender del cambio, no sólo adaptarse a él.Algo así como ser conscientes que la felicidad no está en otro lugar, sino en el lugar en el que habitamos o con quiénes la compartimos. Y es este lugar y a esta hora…no en otra hora, porque saber distinguir también la oportunidad así como el espacio en el que convivimos, también forma parte de la sabiduría. Porque son muchas las personas que creen que conocen todo lo que el sitio que ocupan le es capaz de dar y que tienen todas las horas del tiempo a su disposición. Ni lo uno ni lo otro.

Lo ha definido con su habitual maestría el poeta, escritor, ensayista y humanista estadounidenseWalt Whitman (1819-1892), que ha sido una de las más influyentes personalidades de la cultura norteamericana: “la felicidad no en otro lugar ... pero en este lugar. No en otra hora... pero a esta hora”.

Sabiduría también es comprender las auténticas profundidades de nuestra vida que no por más larga será más profunda. Saber buscar en los espacios recónditos de nuestra alma y espíritu, mentalizándonos sobre qué cosas debemos cambiar y qué tesoros guardar.

Se da la paradoja que las cosas más importantes en la vida no son cosas tangibles ni materiales, sino que están en ese valor inconmensurable que son amor, cariño, compromiso, entrega, desinterés y lealtad. Auténticas reliquias del ser humano que determinan y condicionan el carácter de las personas de bien. Saber valorar a tiempo en la vida lo que realmente debe importarnos, es el mayor o menor nivel de “sabios” en que nos convertiremos.

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