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Cinco candidatos para presidente. ¿Dónde están las mujeres?

Aún, habiendo sido cinco los políticos que anoche debatían frente a todo un país expectante y preocupado, nos preguntamos ¿dónde estaban las mujeres candidatas a presidenta? No hay respuesta, porque llevamos cuatro años y cuatro elecciones, que si en vez de hombres que se postulaban al puesto hubiesen sido mujeres, seguramente habríamos tenido un gobierno hace rato. ¡Así de claro!

Cinco candidatos para presidente. ¿Dónde están las mujeres?
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¿Por qué lo creo así? Por algo muy simple: si anoche hubieran sido las mujeres las que tenían que defender las posiciones de sus respectivos partidos, no tendríamos que haber estado escuchando y visto como lo hicimos, tirarse trastos a la cabeza, volviendo una y otra vez a los cansinos temas de corrupción bajo el viejo método de “tú más”. Seguro que podríamos haber escuchado más programas y medidas que importan a la ciudadanía.

Insoportable el debate de anoche, campando a sus anchas la ya conocida mediocridad política que tanto daño hace en una sociedad. Se quiera o no se quiera admitir, las mujeres elevan el nivel de cualquier debate, encuentro y son las más aplicadas en las diferentes carreras universitarias.

Desde ya que ha habido (en general) algunos momentos de cierta lucidez y la referencia a ciertas aportaciones (ideas) concretas, pero podía más la inercia de los reproches y las negativas empatías personales que han sido decisivas para que aún no tengamos un gobierno en España.

Justamente en el artículo de management que hoy publicamos en este Newsletter y que firmo con la presidenta de Madrid Woman’s Week, Carmen García, señalamos los aspectos más importantes que siguen lastrando a escala global el ascenso de la mujer a puestos de alta dirección, cuestión que tiene que ver obviamente con el liderazgo de los partidos políticos, que pareciera que aún no se han enterado que también las mujeres pueden aspirar a posiciones del máximo nivel de responsabilidad.

¿Se preguntan por qué asevero esto? Porque la historia mundial del liderazgo político reciente está en manos de la mujer, no por la cantidad de cargos que ocupan (siguen siendo minoritarias), pero por la relevancia de sus políticas y las ideas, así como voluntades de hacer las cosas bien, más allá de ideologías y discursos vacíos.

Sólo haciendo un repaso de algunas de ellas, tenemos, por ejemplo, a cuatro mujeres que han estado mencionadas por la lista Forbes de las políticas más influyentes del mundo. Tal el caso de Angela Merkel (1954), que tras ganar las elecciones que le llevaron a su cuarto y actual mandato, no tuvo problema alguno en mantener viva la alternativa de una coalición de los democristianos, los liberales y los verdes. O Tsai Ing-wen (1956), abogada y profesora, que desde el 20 de mayo de 2016, es presidenta de Taiwán. En los últimos años ha ido ganando un destacado prestigio, tanto en su país como a nivel internacional, gracias al cumplimiento de su programa electoral, por preocuparse por el avance de su nación a niveles sociales y económicos importantes pero sostenibles. O Michelle Bachelet (1951), política y médica chilena que ha ejercido el máximo cargo de su país en dos períodos no consecutivos (2006-2010) y (2014-2018). Además, ha sido la responsable de ONU Mujeres, agencia de Naciones Unidas para la igualdad de género, ejerciendo en la actualidad el cargo de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. O Federica Mogherini (1973), que es una politicóloga italiana que desde 2014 desempeña el cargo de Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

¿Por qué es importante esta pincelada de nombres y qué tiene que ver con lo que sucedió anoche en la batalla electoral masculina en España? Mucho más de lo que mis lectoras/es pueden imaginar.

Me explico: tanto para Angela Merkel, como Tsai Ing-wen, o Michelle Bachelet pasando por Federica Mogherini, es evidente que han tenido que sortear obstáculos, demostrando carácter y competencia profesional. Pero no tuvieron las trabas que en España se les pone (algunas del todo invisibles, pero están) para que sus aspiraciones no pasen del segundo puesto en jerarquía. Entonces, si esto no cambia, no veremos mujeres líderes españolas en puestos de alta responsabilidad, como los que ostentan Bachelet y Mogherini. O Christine Lagarde, actual presidenta del BCE (Banco Central Europeo) y ex directora gerente del FMI.

¿Es que no nos hemos librado aún de los estereotipos en cuanto a que la mujer no puede pasar de vicepresidenta? ¿Qué es lo que tiene que ocurrir para que mujeres políticas españolas, jóvenes y capaces (porque las hay), puedan abrirse paso dentro de los partidos y romper el techo de cristal en la política?

Cuando en mis artículos sobre liderazgo he insistido una y otra vez sobre el necesario cambio de cultura corporativa que se tiene que dar en las organizaciones para erradicar la diversidad de género de una vez, debemos extender este horizonte de manera inexcusable al terreno político. Y esto empieza por los partidos.

Los ratios de la mujer aún siguen muy bajos en cuanto a su participación en la toma de decisiones en las organizaciones. Ya se nos está haciendo complicado para cumplir en 2020 las cuotas mínimas que desde todos los foros nacionales e internacionales se exige en lo referido a la participación de la mujer en puestos de alta dirección. Si a este escenario, le añadimos el “espectáculo” del debate de anoche sólo con hombres, vamos mal.

Pero peor aún, porque es evidente que ellos (los hombres de máxima responsabilidad política de sus respectivos partidos) han sido incapaces de empatizar, al menos, por una cuestión ética frente a millones de ciudadanos que aún seguimos sufriendo inestabilidad política e incertidumbre económica.

Las mujeres son más rigurosas, pero también y no menos importante, más concretas. Van al grano, no se andan con historias. Suman a su vez una cualidad que parece que en el terreno de los hombres sigue escaseando: una visión empática clara por el otro, que también existe y forma parte de la ecuación de la convivencia social.

No son rígidas como lo han demostrado los candidatos de anoche, en gestos, palabras y la forma en la que transmitían a la audiencia, sus rencores, celos, inseguridades, culpas del pasado que recíprocamente se atribuían y un largo y lamentable etcétera.

Ya es tiempo que en España veamos debates a la presidencia con candidatas mujeres que, con seguridad, evitarán que sigamos llamando al presidente del Ejecutivo “en funciones”.

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