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“La pandemia afecta todos los aspectos de la vida, por lo que es valioso conocer el nivel de satisfacción de cada persona con su vida”. John F. Helliwell

Vivimos en una sociedad que está bombardeada por información, encuestas, estudios e investigaciones.

Y esto, por supuesto que nos parece bien en la medida que se haga buen uso (estamos acostumbrados a filtrar los inputs de información), pero muy especialmente que se toma debida nota de ello. Y esto implica a las autoridades e instituciones.

No es el objetivo de mi aportación de hoy. si es que dicho bombardeo nos pone en posición de estar desinformados, cuestión que he planteado en ocasiones anteriores, sino si la clase política le está dando importancia al menos, a los estudios más ambiciosos y transversales a nivel internacional que existen, a fin de tomar las medidas adecuadas.

 “La pandemia afecta todos los aspectos de la vida, por lo que es valioso conocer el nivel de satisfacción de cada persona con su vida”. John F. Helliwell
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Este punto de “tomar las medidas adecuadas” sí lo ponemos en cuestión, porque sabemos que las prioridades tienen siempre algún dueño, como John Kenneth Galbraith solía definir en su obra “La cultura de la satisfacción”, en la que siempre hay colectivos mejor posicionados e incluso con mayor capacidad de ejercer presión sobre la clase gobernante, para poder mantener los privilegios y/o prebendas a las que dicho colectivo está acostumbrado.

Pero la pandemia ha roto con mucho de estas situaciones, porque lo ha afectado todo. Por ello, estamos haciendo hoy un reclamo público a todas las instancias políticas e institucionales para que se hagan oído en serio sobre los problemas de la gran afectada de este año pasado y también ahora en 2021 que es la psicología social.

Ella nos viene advirtiendo que no se puede ni legislar ni tomar decisiones de gran calado, especialmente en los ámbitos sociales y económicos, si no se tienen en cuenta los niveles de la psicología de una población.

Si esto debe ser considerado en épocas normales, qué decir en medio de una pandemia como el Covid-19.

La cuestión sanitaria no acaba con la salud física de las personas, sino digamos que ahí es en dónde empieza la otra cara de la moneda: la salud mental de una población.

Y esto no está suficientemente resguardado, porque no se ha trabajado con esmero, no por culpa del personal sanitario que ha estado desbordado durante estas tres olas a las que hemos estado sometidos, sino porque no se ha diseñado un esquema de protección de la psicología social como es debido.

No existe ni por asomo, ningún programa televisivo, sólo a fin de poner un ejemplo, de personalidades de prestigio en el campo de la psicología, que estén ayudando a los televidentes a recomponer sus prioridades, adaptándolas a las circunstancias que se están sufriendo.

Llámese de enfermedades vividas en primera persona, o de sus más directos familiares, o situaciones que tienen que ver con la pérdida de trabajo, la precariedad absoluta de ingresos que comprometen el mínimo nivel de dignidad para una familia, etc.

Durante 2020 y en los meses más críticos de la primera ola de la pandemia, se realizó una encuesta de miles de personas en 26 países, que ponía de manifiesto cómo el Covid-19 estaba afectando el grado de satisfacción de las personas con su vida.

Perfectamente este macro estudio sobre el impacto del virus en la felicidad de las poblaciones de diferentes países, es aún perfectamente aplicable a todos los estados que estamos atravesando la tercera ola.

Entre los hallazgos clave se encuentran que en Occidente, los países más afectados por el COVID-19 son generalmente más infelices que aquellos con tasas más bajas de muerte por la enfermedad.

A mayores tasas de mortandad menor nivel de satisfacción con la vida

Los países occidentales que informan los niveles más bajos de satisfacción con la vida incluyen Italia, España, Estados Unidos y Reino Unido, que también tienen las tasas de muerte por COVID-19 más altas en este grupo.

Más confianza en el sistema sanitario mejor satisfacción con la vida

En todos los países encuestados, las personas que tienen la mayor confianza en la capacidad de su sistema de salud para responder al COVID-19 tienen la mayor satisfacción con la vida, mientras que las que no tienen confianza quedaron en la parte inferior.

El informe, dirigido por el Instituto de Innovación en Salud Global del Imperial College de Londres en asociación con la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible (SDSN) y el Informe Mundial de la Felicidad, también mostró que los jóvenes están menos satisfechos con la vida.

Esto contrasta fuertemente con los tiempos pre-pandémicos, cuando la satisfacción con la vida seguía una forma de U con la edad, la felicidad era mayor para los jóvenes y los ancianos, y la más baja en la mediana edad.

John F. Helliwell de la Universidad de Columbia Británica, coeditor del Informe Mundial sobre la Felicidad, dijo: “La pandemia está afectando todos los aspectos de la vida, por lo que es especialmente valioso tener una medida general de cómo va la vida de las personas en diferentes circunstancias”.

Y continúa diciendo:

“La evidencia sobre la satisfacción con la vida ahora disponible en esta encuesta debería ayudar al diseño oportuno de políticas más capaces de reconstruir la calidad de vida mientras se mantiene a las poblaciones lo más seguras posible de los riesgos directos e indirectos para la vida, los medios de vida, la salud y la felicidad".

Tomemos sus palabras:

- diseño oportuno de políticas.

- políticas capaces de reconstruir la calidad de vida.

- mantener las poblaciones seguras ante los riesgos directos e indirectos para la vida.

Es tan sencillo que podría incluso no ser refutado como carga de profundidad, pero en rigor, lo es:

1º) Porque se han tomada decisiones en casi todos los países del orbe a destiempo, justificado en parte por el desconocimiento que se tenía del virus y cómo actuar para frenarlo, pero ya se ha aprendido suficiente como para evitar nuevas olas o si bien éstas no pueden ser evitadas, al menos, bajar el impacto de las mismas en la salud poblacional.

2º) En cuanto a las políticas capaces de reconstruir la calidad de vida, creemos que tienen un déficit gigantesco en no considerar, ni siquiera en las declaraciones políticas y/o entrevistas, la cuestión psicológica, tanto individual como social.

3º) Mantener a las poblaciones seguras no sólo tiene que ver con que sus pulmones no se vean afectados y cuando les ha invadido el virus, que puedan salir con las terapéuticas adecuadas, independientemente de las vacunas, sino que se destruya su moral, sus esperanzas, las ansias de vivir por pérdidas de un ser querido, la dura batalla diaria por sobrevivir económicamente cuando se han perdido o el trabajo o las fuentes de ingresos y un largo etcétera.

Debe quedar claro para los gobernantes de este difícil mundo en el que vivimos, que felicidad es sinónimo de salud física y mental.

Que son una sola. Mente y cuerpo conforman una persona, pero la felicidad y satisfacción por la vida es indivisible de una y otra.

Esperemos mejor respuesta de los gobernantes mundiales en cuanto a la satisfacción por la vida de las poblaciones que lideran.

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