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“Meditación, vodka y vinagre: ¿pueden las rutinas matutinas de los ricos y famosos hacerme una mejor persona?” (Emma Beddington)

Por José Luis Zunni

Emma Beddington escribía en The Guardian este martes 19 de octubre un artículo que titulaba Meditation, vodka and vinegar: can the morning routines of the rich and famous make me a better person?” (Meditación, vodka y vinagre: ¿pueden las rutinas matutinas de los ricos y famosos hacerme una mejor persona?), el cual lo iniciaba diciendo:

No estoy empoderada ni optimizada por mi rutina matutina actual. Soy una perdedora de ojos llorosos. Así que pasé un mes abandonando mi teléfono, haciendo ejercicio, escribiendo un diario y abrazando el amanecer, para descubrir qué es lo que realmente funciona”.

“Meditación, vodka y vinagre: ¿pueden las rutinas matutinas de los ricos y famosos hacerme una mejor persona?” (Emma Beddington)
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Interesante punto de vista. Y continúa preguntándose: “¿Es mejor la gente de la mañana que los noctámbulos? Me encantó descubrir que no lo son. El "efecto moral matutino" - la noción de que nuestra capacidad para resistir la mentira y el engaño disminuye a lo largo del día - se aplica solo a las alondras, según muestra una investigación; los halcones nocturnos se comportan mejor por las noches. La gente de la mañana, sin embargo, tiene la reputación de hacer las cosas. El madrugar está asociado con la energía, la optimización y la eficiencia; es un principio fundamental de todo tipo de programas de autoayuda y autorrealización”.

Sin duda el proverbio “al que madruga Dios le ayuda” ha tenido mucho peso en nuestra civilización occidental. Veamos lo que se dice en el portal www.allhealthnetwork.org en una publicación de febrero de 2021 titulada “Making a Healthy Morning Routine” (Hacer una rutina matutina saludable) en el que se afirma que “hay muchas investigaciones que respaldan la noción de que los hábitos matutinos saludables pueden traducirse en una mayor productividad a lo largo del día de una persona, sin mencionar los beneficios físicos y emocionales. Aprovechar al máximo sus mañanas y establecer una rutina matutina motivadora puede cambiar radicalmente su estado de ánimo, actitud y mentalidad durante el resto del día. Encuentre hábitos relajantes que hagan soportables las mañanas, o incluso anticipadas para los noctámbulos históricos. Cualquier cosa que calme tus nervios y te permita relajarte y concentrarte en ti mismo”.

Para la mayoría de las personas, su mañana comienza de la misma manera que lo viene haciendo normalmente a lo largo de los meses y los años. Pero ¿a qué se debe? Seguramente a que se activa casi de inmediato un ciclo subconsciente, como cuando estamos al volante de nuestro coche, en que ya no pensamos en los movimientos que hacemos para, por ejemplo, aparcar.

Por las mañanas, en este siglo XXI ¿quién no mira su teléfono como paso previo incluso a tomarse un café? Revisa sus mensajes de la misma manera costumbrista que se levanta de la cama por el mismo lado, se ducha, se viste, desayuna en casa o lo hace cerca del trabajo y luego continúa con su día. Es probable que llegue a la oficina sin haber sido consciente de los pasos que ha dado.

Está en nuestro mecanismo que encadena un hábito seguido de otro y nos transporta sin que a veces estemos siendo conscientes de que ya hemos llegado. Es una sensación extraña. Pero nos ocurre. Por eso, para mantener la atención (de eso se trata si nos consideramos personas eficaces) es conveniente pensar en lo que hacemos, la agenda del día, una manera de que nuestra mente reflexione sobre lo que esperamos ocurra en tal o cual reunión y no permanezca en modo de piloto automático.

Su cuerpo físico se ha convertido en su mente y, debido a la repetición que ha experimentado, el cuerpo puede pasar el día de forma automática y subconsciente. Por eso el ejercicio sencillo de planificar nuestro día es romper con el automatismo que es tan nocivo para la productividad personal.

Comemos las mismas dietas una y otra vez, aunque sepamos que no son lo saludable que debieran, pero es parte de nuestro rito, del mismo modo que hay cosas en el trabajo – a pesar de la responsabilidad que tengamos- que nos provocan distracción de manera recurrente, y sí debemos esforzarnos en no caer una y otra vez en esa pérdida de atención.

Nuestro cuerpo en un cúmulo de sentimientos atrapados en un complejo sistema químico, y son estos elementos químicos los que libera el cuerpo al producirse las emociones. Sin duda, las emociones a su vez están ligadas al pasado, a nuestros recuerdos.

Entonces, cuando Ud. coge el teléfono inteligente por costumbre, su cuerpo se ha apoderado de su mente y está buscando los químicos de dopamina a los que se ha habituado. Y este es el punto en el que sin darse cuenta (sin ser consciente) su cuerpo se convierte en su mente porque su cuerpo físico es literalmente su mente subconsciente. Y su mente subconsciente constituye alrededor del 95% de su comportamiento. El peligro de actuar como autómatas es evidente.

Por eso el cambio puede ser tan difícil. El cambio siempre es emocional. Y hay que hacer el esfuerzo porque Ud. tiene que decidir, de manera intencionada y desde ya que consciente, quién va a ser en este día que se inicia. Qué va a ser a lo largo de toda la jornada. En caso de que no tome esta decisión de quién será y cómo actuará, entonces su cuerpo atravesará su ciclo en busca de las mismas sustancias químicas y estados emocionales a los que se ha acostumbrado.

Entra en el terreno de los hábitos, y debo decirle, que generalmente los negativos prevalecen y debemos volcar nuestra energía positiva para neutralizarlos y ganar la batalla a esa química negativa y que deteriora nuestra concentración y rendimiento. En definitiva, termina por afectarnos porque nos viene un arrepentimiento por no haber hecho las cosas bien o, oportunamente al haber sido atrapados por los hábitos.

Los datos que nos rodean y condicionan nuestra vida son contundentes. Revisamos nuestros teléfonos cada 12 minutos, como hemos dicho más arriba, a menudo justo después de despertarnos. Pero es que lo hacemos continuamente y en algunas personas la frecuencia es por minutos. Lo que hace que este comportamiento siempre activo sea perjudicial para la salud mental a largo plazo, y debemos aprender a presionar el botón de pausa.

Es difícil imaginar la vida antes de que nuestros mundos personal y profesional estuvieran tan dominados y "encendidos" a través de los teléfonos inteligentes y otros dispositivos que nos hacen accesibles y, lo que es más importante, lo vulnerable que somos para que tan fácilmente caigamos en la distracción (o seamos distraídos por alguien o algo) así como que seamos interrumpidos una cantidad excesiva de veces al día. Uno de los responsables, sin duda es el móvil.

Esta constante fragmentación de nuestro tiempo y concentración se ha convertido en la nueva normalidad, a la que nos hemos adaptado con facilidad, pero hay una desventaja: cada vez más expertos nos dicen que estas interrupciones y distracciones han erosionado nuestra capacidad de concentración. Sabemos desde hace mucho tiempo que las interrupciones repetidas afectan la concentración.

En 2005, una investigación llevada a cabo por el Dr. Glenn Wilson en el Instituto de Psiquiatría de Londres encontró que las interrupciones y distracciones persistentes en el trabajo tenían un efecto profundo.

Aquellos que se distrajeron con correos electrónicos y llamadas telefónicas vieron una caída de 10 puntos en su coeficiente intelectual, el doble de lo encontrado en estudios sobre el impacto de fumar marihuana.

Más de la mitad de los 1.100 participantes dijeron que siempre respondían a un correo electrónico de inmediato o lo antes posible, mientras que el 21% admitió que interrumpiría una reunión para hacerlo. Las interrupciones constantes pueden tener el mismo efecto que la pérdida del sueño por la noche.

Por tanto, de nada sirve aplicar “al que madruga Dios le ayuda” si no es capaz de erradicar los malos hábitos y no haber el hecho el esfuerzo de quién quiere ser y qué es lo que va a hacer en ese día en particular. El día de mañana hoy no debe preocuparle, porque cuando se inicie también deberá hacer lo que hoy está haciendo para no caer en una rutina destructiva en vez de disfrutar de una mañana y una jornada que Ud. realmente controla.

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