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Pasar el listón en el liderazgo

martes 26 de abril de 2016, 07:54h

Nuestra foto de portada nos muestra un atleta de la especialidad de salto de altura, que requiere una técnica muy elaborada, pero especialmente, la capacidad de poner en práctica la teoría adquirida y método para pasar el listón sin derribarlo aunque sea rozándolo. La habilidad de convertir la técnica aprendida en un salto perfecto, es sin lugar a dudas en esta modalidad del atletismo, un espacio para elegidos. Lo mismo ocurre con los líderes. Cada vez hay más líderes empresariales, políticos, emprendedores, consultores, conferenciantes, coachs y un largo etcétera, pero una minoría muy notable es la que destaca justamente por hacer como el atleta de la foto: pasar el listón que los objetivos les han impuesto o los que él mismo, como líder, se ha fijado.

Pasar el listón en el liderazgo

Esto ocurre en todos los ámbitos de la vida. El músico que compone y no sabe poner una nota en el pentagrama y requiere de un experto compositor que adecue su melodía al idioma universal de la música, pero finalmente la canción es un éxito porque hay algo natural que no se puede aprender; el niño que a los doce años le da a una pelota de tenis con tal precisión que se le empieza a entrenar en las divisiones infantiles y se ve en él un futuro nº1 del circuito de tenis internacional de los grandes campeones; en todos los casos de éxito en las acciones, las condiciones naturales son fundamentales, pero se pueden educar y entrenar, como por ejemplo en el liderazgo, aprendiendo la técnica y especialmente la implementación de las acciones a medida que acumulan experiencia. Por ello, hoy hacemos una nueva entrega de aspectos sustanciales del liderazgo actual, que nos ilustren a través de la experiencia de colegas con los cuales vamos conformando un espacio de doctrina universal que está provocando los cambios más importantes en la evolución del liderazgo en toda su historia.

1º) Pensar es tan importante como trabajar

Brian Scudamore (1970) fundador y CEO de 02E Brands, es un reconocidísimo emprendedor estadounidense, actualmente residente en Canadá, colaborador habitual de la revista Forbes y un pionero en actividades tales como remover todo lo que no sirve y ganar espacio, tanto para familias como para empresas. Es un convencido de que las personas que han abrazo el éxito han dedicado y lo siguen haciendo, una parte considerable de su tiempo a pensar. Nos interesa su visión porque la compartimos plenamente, de hecho hemos tratado el tema del pensamiento en varias ocasiones. Cuando afirma que “la mayoría de la gente ve el liderazgo como un deporte en dónde el éxito está determinado por el esfuerzo. En cambio creo que al pensar en los negocios se parece más a la cirugía y me gusta pensar los lunes para actuar con la precisión de un cirujano el resto de la semana”, está dejando claro cuál es su filosofía de acción: para llegar a ésta última hay que planificar muy bien lo que hacemos.

Para ello cree que es bueno no ir a la oficina (cuestión un poco complicada para la cultura española) y dedicarse a reflexionar no sólo en su agenda de los próximos días, sino en general. Porque Scudamore cree (nosotros también) que una parte de nuestro tiempo semanal disponible nos interesa (además es muy recomendable para aflojar tensiones) dedicarlo a pensar pero no divagando, sino en profundidad. Replantearse la dirección que está tomando ya sea mi trabajo, o la empresa que lidero o mi vida en general. Es que en la mayoría de las ocasiones en las que hacemos el esfuerzo de reflexionar, nos quedamos subsumidos en los problemas del aquí y ahora, en vez de mirar un poco más allá de nuestro horizonte temporal. Levantar la mirada pensando en los que hemos logrado y sí sinceramente creemos que vamos en la buena dirección.

Aquí aparecen entonces la prioridades, cuestión a veces que nos atormenta porque por las circunstancias especiales en las que estamos viviendo (caso de que la organización está atravesando una crisis) nos es harto dificultoso señalar con precisión cuál es la prioridad (o cuáles) que tengo que poner por delante, si no quiero perder el control de la situación.

De ahí que es bueno alimentar la reflexión con preguntas tales como:

¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Estoy tratando este tema con la gente adecuada? ¿Es esto lo que más me importa en este momento? ¿Es esto lo que realmente necesita la empresa? ¿En qué cosas me considero solvente y en cuáles tengo dudas? ¿Hay alguna manera de dedicar más tiempo a las cosas que domino y controlo mejor?

2º) La obsesión doctrinaria por el fracaso

Chris Matyszczyk es el propietario y presidente de Howard Raucous LLC, es un afamado experto en publicidad y marketing que en 2013 fue nombrado por MediaPost la persona más influyente de Madison Avenue, que es la avenida asociada al sector de la publicidad en Nueva York y un auténtico referente de esta industria a nivel mundial. A propósito de la acción, Matyszczyk cree que con demasiada frecuencia la gente cree -especialmente los emprendedores- que no han escatimado recursos para llevar a cabo una acción, que el fracaso no es algo malo (influenciado este pensamiento por unos cuántos gurús), pero no está muy seguro del todo. Nosotros tampoco.

En la vida (también en los negocios) la justa medida en la forma en que llevamos adelante nuestras experiencias es clave. Existe un punto medio, claro está, que sin asumir riesgos excesivos (lo hemos dicho) los emprendedores, los empresarios que ya abrazaron el éxito y los líderes efectivos, no hubiesen tenido ese reconocimiento que finalmente se ganaron.

También es cierto (lo compartimos con Matyszczyk) que la motivación que la gente asume en la acción nos enseña que no se corona ninguna cima sin antes haber tenido una caída. Pero es en este punto, que tanto Matyszczyk como nosotros creemos que atribuir todo a la necesaria sucesión de hechos fracaso-éxito (generalmente más de los primeros) responde a una visión un poco fatalista del mundo occidental, cuando en realidad lo que está sucediendo en todas las cadenas de acciones que nos llevan a ver empresarios exitosos mientras miles de experiencias emprendedoras fracasan a diario en el mundo, es que la ley de probabilidades está más vigente que nunca, que son muchas las circunstancias que entran en juego y que es parte de la “curva normal” de resultados finales, que los logros se cuenten por decenas y los fracasos por miles.

La vida tiene complicaciones pero los negocios también, lo que determina un universo más pequeño de personas que tienen éxito respecto de aquel gigante universo de los que lo han intentado (han ido a la acción) pero los resultados no fueron los esperados.

Esto nos lleva a un punto sustancial del pensamiento de este destacado líder del sector de medios publicitarios, cuando dice “en definitiva, todos tenemos nuestras interpretaciones de lo que realmente significa la palabra exitoso. A pesar de que los medios de comunicación les gustaría hacernos creer que existen únicamente dos palabras: ricos y famosos. En cualquier caso, “fracaso” es una palabra que al igual que su sobrino “error” es una entidad cambiante”. Y aquí está ubicándose en el ojo del huracán, relacionando la acción y los resultados con el cambio.

Siempre hemos insistido en la naturaleza actual del cambio por motivos de la innovación tecnológica. Pero si algo hemos destacado es las características especiales del cambio a partir del inicio del proceso de globalización de la década de los noventa del siglo pasado: el cambio es cada vez más acelerado, pero no tanto impacta su velocidad, como la profundidad del mismo. Esto nos lo hizo comprender con claridad meridiana Alvin Toffler en “The Power Shift” (El cambio de poder) justamente en aquellos años. Pero la tesis de Toffler no sólo se verificó en años posteriores, sino que en la actualidad estamos viviendo una edición actualizada, mucho más rápida y profunda debido a que las NT’s se comportaron de manera también mucho más impactante en nuestros métodos de trabajo, en la forma en que se hacen hoy día los negocios y especialmente en los cambios que se produjeron en las sociedades, tanto en las estructuras de las organizaciones como en las pautas de consumo de la gente. Hoy niños de 12 años manejan móviles y ordenadores. Es más, lo que en el presente puede ser considerado un fracaso (una acción inadecuada), mañana puede ser adoptada por algún líder, no porque se base en la cadena de errores-aciertos e importe el fracaso de otro líder, sino que sencillamente las circunstancias cambiantes han provocado que lo que no se ajustaba ayer se adapte perfectamente hoy a las necesidades del mercado (el tipo de respuesta).

3º) Acción y producción de ideas

Rhett Power, reconocido emprendedor, conferenciante, asesor de negocios y coach, afirma que hay que buscar la forma de centrarse en la ejecución de las ideas. Para este fin cree necesario que las personas, especialmente los que tienen la responsabilidad de llevar un negocio adelante, deben de tener en cuenta algunas cuestiones básicas, tales como:

a) La producción de las ideas.

b) Bajarlas al papel.

En cuanto a si tenemos o no una “fábrica” de producción de ideas, esto es algo inherente a la fase creativa que todos llevamos dentro, algunos más desarrollados que otros. Pero en todo caso, lo que sugiere Power es reunir de alguna manera las ideas en un diario (puede ser un Excel) las cuales con seguridad iremos retocando día tras día o semana tras semana. En cuanto a b), pueden preguntarse que por qué insistir en escribirlas, si ya estaban clasificadas en un fichero. Lo que Power nos señala (coincidimos con él) es que hay que ir ajustando (adaptando) las ideas (nosotros agregamos que hay que priorizarlas) en función de la posibilidad que le demos de implementarlas.

En realidad Power se mantiene dentro del esquema convencional del proceso de dirección (Planificación, organización, asignación de los recursos, coordinación, control y finalmente feed-back y re-planificar si corresponde). La cuestión es que incorpora algunos conceptos interesantes tales como el establecimiento de puntos de referencia o hacer mediciones creando las medidas para ello. En cuanto al primero, se refiere a una parte del proceso de planificación que es vital, como fijar algunos momentos en los que se debe valorizar y medir lo actuado (una manera de anticipar resultados) o de determinar si se está en el buen camino.

Obviamente, el líder experimentado no necesita tener todo esto escrito, aunque sí puede haber tomado algunas notas o efectuar consulta permanente a sus equipos. En todo caso, la observación de Power nos parece especialmente interesante para los jóvenes emprendedores que aún están experimentando el proceso de planificación y tienen muchas dudas sobre la implementación de las acciones.

En cuanto al segundo, la manera de medir (establecer el método) es diverso y debe adaptarse a cada necesidad organizacional. Lo que sí es claro, que el concepto nos parece fundamental para acostumbrar a los nuevos líderes a medir los objetivos en base al avance en la consecución de los mismos, sea en porcentaje, euros o cualquier otra unidad, caso de la incorporación de horas de equipos de trabajo.

Cuando Power se refiere que incluso hasta el más pequeño de los proyectos requiere una “palmadita en la espalda”, apela al sentido del liderazgo protector que hemos abordado desde esta tribuna, cuando el líder efectivo está controlando las acciones emprendidas, verifica el grado de avance y está al mismo tiempo motivando al equipo para que visto los resultados, sigan en esta línea de trabajo.

El control entendido como fuente de motivación es vital para el rendimiento de las personas. Coincidimos con él, en que algunas personas (los líderes experimentados) dan estos pasos de control y supervisión de manera natural, casi sin darse cuenta. Pero la gran mayoría de las personas necesita esa palabra de apoyo, ese referente que quiere oír de que la cosa marcha en el buen camino. Cuando en una gran mayoría de situaciones, los miembros de los equipos necesitan ayuda y algún tipo de formación frente a lo que están llevando a cabo en ese momento, por ejemplo, un proceso que requiere métodos de trabajo desconocidos hasta hoy por la persona que tiene el encargo de hacerlo.

Obviamente, serán entonces muy importantes esas medidas y evaluaciones sobre el grado de avance. El buen líder se presta a todas estas ayudas, porque una vez que la gente lo internalice como algo natural, al igual que su jefe podrá hacerlo de manera espontánea y sin prestar excesiva atención a los procesos de supervisión, que no significa que no los haga, sino por el contario, que ya domina el trabajo.

José Luis Zunni es el director de la edición online de ECOFIN. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Coordinador académico de la Red e Latam del grupo media-tics.com. Ponente de seminarios de Management y liderazgo de la EEN (Escuela Europea de Negocios) y coordinador del Foro de Management y Nueva Economía de la EEN. Analista de la realidad actual, especialmente en los aspectos económicos, políticos y sociales. Experto en Management y formador de directivos y profesionales en las técnicas de liderazgo.

Ximo Salas co-autor del libro “Mejora y gana (Manual de marca personal para la búsqueda de empleo)”.Fundador de Crea Community (Social Media and Human Resources Company). Consultor, conferenciante y formador. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014

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