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Ni santos ni inocentes
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Ni santos ni inocentes

domingo 25 de diciembre de 2016, 11:48h
Las noticias falsas han encontrado una gran caja de resonancia en internet. Como la falsa moneda, se intercambian mucho más rápido que las verdaderas. Ahora Facebook quiere luchar contra la utilización de su plataforma para difundir noticias falsas. Un efecto no esperado de esta tendencia es que cada vez haya más gente dispuesta a suscribirse a medios de pago para poder confiar en la información que recibe.

Las noticias falsas siempre han existido. Desde los primeros primeros periódicos, como la Gazeta que fundó Renaudot en 1631 (quien ya decía que si "la Historia relata las cosas sucedidas; el periodismo, los rumores que corren sobre ellas"), hasta incluso antes de que estos surgieran. Y siempre ha habido quien ha utilizado las noticias falsas para sacar provecho de ellas.

Tampoco es nuevo el intento por luchar contra ellas. En 1721 se publicó en París el 'Diario sobre la mentira', cuyos autores se quejaban de que, por escribir cosas interesantes para el público, los autores se las inventaban o exageraban. Y cuando el poder, más o menos autoritario, ha intentado controlar lo que se publica mediante la censura, también se ha revuelto la prensa contra ese control: "¿tan poco se confía en la verdad, que no se la deja competir libremente contra las mentiras?", decían los liberales del siglo XIX.

O sea, que el debate no es nuevo, pero internet le ha dado una nueva dimensión. Tampoco es que los medios tradicionales hayan estado exentos del peligro de publicar historias falsas. No hay más que recordar el Premio Pulitzer que recibió Janet Cook en 1980 por un reportaje sobre un niño de ocho años adicto a la heroína que parecía sacado de una novela de Dickens. Cuando la policía trató de localizar al niño para ayudarlo, descubrió que todo había sido un invento de Cook. Tuvo que devolver el premio. Las palabras de García Márquez, otro periodista siempre dispuesto a sacrificar una porción de verdad por ganar otra de lírica, suenan a absolución: "es injusto que le hayan dado el Pulitzer, pero también lo es que no le den el Nobel de literatura".

También hay noticias falsas bienintencionadas, como las que se publican cada 28 de diciembre en España por el Día de los Inocentes (que en otros países se celebra en abril). Recuerdo especialmente aquella portada del ABC diciendo que Butragueño fichaba por el Barcelona. O las que se publican a modo de advertencia, como la que en 1891 publicó Mariano de Cavia anunciando que un incendio había destruido el Museo de El Prado. Su intención era que se mejoraran las medidas de seguridad que, eso sí que era noticia, no eran las adecuadas.

Las noticias falsas han encontrado una gran caja de resonancia en internet. Como la falsa moneda, se intercambian mucho más rápido que las verdaderas. Y pocas veces su desmentido alcanza tanta difusión como la propia noticia. A veces sí. En Alemania, la noticia de que un refugiado había robado en una tienda llegó a oídos del tendero en cuestión. Colgó un cartel en su puerta diciendo que era mentira. Lo fotografió y lo publicó en las redes sociales, consiguiendo mucha más difusión que la propia mentira. La imagen de un cartel en una tienda recuerda, además, la del tendero ahorcado en su escaparate con un cartel de "yo voté a Hitler", escena probablemente real que Bertolt Brecht recogió en 'Terror y misera del Tercer Reicht'.

La extrema derecha en Alemania y en Estados Unidos han difundido noticias falsas para ganar votos. Ni el papa Francisco apoya a Trump, ni los refugiados crucifican niños cristianos, ni mucha gente es capaz de darse cuenta de ello. El problema es que ahora, hay mucha gente también que difunde estas noticias no para ganar votos, sino para ganar clicks y, con ellos, dinero. En Veles, una pequeñita localidad de Macedonia, multitud de jóvenes se han sacado un sobresueldo difundiendo ese tipo de noticias falsas por internet. Alguno ha ganado más de cien mil euros con ello, cuando el salario medio allí son 150 euros al mes.

Ahora Facebook quiere luchar contra la utilización de su plataforma para difundir noticias falsas. Y es que, al final, la gente pierde la confianza en un medio o en un canal si recibe de él demasiada información incorrecta... siempre que sea capaz de identificarla como tal. En Alemania cada vez más gente está dispuesta a suscribirse a un medio de pago para evitar tener que filtrar qué es cierto y qué no de la información que le llega, gratis, por internet.

Las noticias falsas tienen también otras consecuencias más nefastas. Por un lado, vacuna a la gente contra la credulidad (un medio de parecer inteligente en las redes sociales actualmente es no creerse nada y poner en duda cualquier noticia). Por otro, mueve a la acción a gente para la que esa vacuna no ha surtido efecto. Un rumor difundido por la extrema derecha alemana casi lleva al linchamiento de un líder regional de Los Verdes. Es sólo un ejemplo actual.

La invasión de Polonia que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial vino precedida por una campaña de difamación cargada de noticias falsas sobre supuestos abusos contra la minoría alemana en el país. Y no sabemos si el Museo del Prado mejoró su seguridad contraincendios después del artículo de De Cavia, aunque sí que un aristócrata madrileño murió de un infarto al leer la noticia. Por supuesto, a nadie le ocurrió lo mismo al leer que Butragueño fichaba por el Barça, porque todo el mundo identificaba rápidamente que eso era imposible. No siempre es tan fácil de identificar la información falsa e interesada.

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