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El miedo como motivación para el éxito

martes 27 de junio de 2017, 08:29h

En los grandes compromisos deportivos, como son unos juegos olímpicos, los deportistas de élite mundial compiten contra sus peores enemigos que no son sus colegas, sino los tiempos que hay que batir. Siempre han dicho que hasta el instante en que se señala con el disparo la salida sienten el miedo por la responsabilidad que tienen sobre sus espaldas. Pero una vez que se ha iniciado la prueba, ese miedo contenido les da la fuerza para hacer la mejor performance posible. Sin ninguna duda, en la raíz del éxito deportivo hay mucho miedo contenido que los entrenadores de los atletas tienen que enseñar a gestionar a sus pupilos.

El miedo puede ser un elemento paralizador, pero también un factor altamente motivante. En el mundo de las organizaciones, la gran pregunta es ¿cómo se puede transformar el miedo en éxito? Hay quienes sostienen que el miedo es negativo, porque además de producir una parálisis estimula acciones de tipo irracional.

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Si bien este enfoque queda circunscrito principalmente a la esfera individual de las personas, lo que condiciona su psicología y personalidad, tampoco creemos que sea del todo exacto en los tiempos que corren. En otros términos: el miedo puede afectar las acciones de personas que estás sometidas a un proceso brusco de cambio, por ejemplo, por una absorción empresarial, pero no que le esté configurando una personalidad de tipo miedosa para todos los actos de la vida

De ahí que defendemos para la gran mayoría de personas, que cuando se produce este efecto paralizante es en la esfera individual, porque en el mundo de las organizaciones los líderes efectivos saben cómo controlar y gestionar no sólo los miedos del personal ante situaciones complicadas, sino también sus dudas, para poder usarlas de manera de obtener ventaja. Pero además, y pieza fundamental, enseñar cómo deben enfrentarse personas y equipos a esas situaciones en que a priori una crisis o un cambio sobrevenido que ha sorprendido hasta el propio líder, pueden desbaratar todos los planes estratégicos que venían implementándose.

Nosotros creemos que la pregunta que debería formularse en el ámbito de las empresas sería: ¿es esto posible? ¿Realmente puede llegar a tener un efecto de parálisis sobre personas y equipos? Cada vez que hemos abordado el tratamiento de la inteligencia emocional y el liderazgo, hemos sostenido desde esta tribuna que la clave está en controlar las emociones, pero que en esencia éstas no tienen por qué ser negativas, excepto que se las descontrole, que se tomen decisiones en base a supuestos no fundados, o lo que es peor, a tópicos y prejuicios, cuando dichas acciones versan principalmente sobre personas.

Sentimientos vs. Inteligencia

En los ambientes laborales distendidos, existen factores motivadores como ser una política empresarial de comunicación interna transparente y directa, al que se le sume la lealtad y compromiso de los empleados.

Si además de estos elementos se reconoce de parte de todos los integrantes de la organización que se cuenta con un liderazgo que sabe gestionar y reconducir, cuando es necesario, la parte emocional de las personas, es un efecto mucho mayor que si únicamente se limitase a cuestiones que abarcan los mecanismos racionales y críticos del intelecto. O sea, la preparación, entrenamiento y desarrollo en las habilidades técnicas de las personas en sus respectivas funciones, por más importante que se considere, no puede desplazar jamás la preocupación por los componentes emocionales, sentimientos, etc. de las personas, especialmente en momentos en que la adversidad muestra su cara más agresiva.

Vivimos las experiencias a diario con los sentimientos en prevalencia sobre nuestra capacidad para que sean inteligibles. Esto es así por nuestra naturaleza humana.

Prioridad de nuestras acciones

Lógicamente, tendremos que tener en cuenta más que nunca cuáles son las prioridades de nuestras acciones, no perdiendo jamás de vista el objetivo por el cual estamos trabajando.

Si por ejemplo, miramos nuestro entorno, en concreto el sector de mercado en el que actúa nuestra empresa, no es raro que uno pueda sentir cierto temor por las acciones del que consideramos un buen y duro competidor. En este punto, al mismo tiempo que preocuparnos por los factores externos, hay que pensar en cómo se debe actuar, qué decisiones se deben tomar en función de los productos que el competidor más directo está comercializando y los cambios (esto es decisivo) que ha ido haciendo dicha competencia para llevar razonablemente bien la crisis.

En estas circunstancias el miedo se convierte en un excelente motivador e impulsor de todas las acciones que la organización deba emprender para no perder posición competitiva.

Cuando surge el buen liderazgo que neutraliza el miedo

Nosotros sabemos que cuando se está mirando con obsesión al competidor directo, pueden surgir miedos, es algo natural, pero no los de índole individual, sino aquellos que afectan a la organización como un todo, lo que hace que uno trabaje más duro y apele a su creatividad más que nunca. Pero especialmente, es en estos momentos de dificultades y cierta incertidumbre, en los que tiene que surgir la capacidad de liderazgo de esos directivos que evitarán que el barco zozobre.

No decimos que no tengan miedo, porque es humano. El gran atributo personal para los líderes efectivos, es que el miedo les impulsa a reaccionar antes de lo que lo hubiesen hecho si no lo hubieran sentido. No es un galimatías, sino la realidad de lo que significa capacidad de anticipación, característica de los buenos líderes.

Porque habrá que buscar con inteligencia y con fuerza nuestro nicho de mercado, aquel espacio, que aunque pequeño al principio de nuestra nueva acción, nos permita seguir compitiendo en los próximos meses en condiciones aceptables y no estar con el miedo de ser expulsados del mercado porque no hayamos tenido respuesta a las acciones comerciales e industriales de este competidor.

Algunos consejos útiles para neutralizar el miedo y convertirlo en un impulsor hacia el éxito

1º) No dejar que el miedo se convierta en un virus que todo lo contagia.

El buen líder trabaja siempre controlando y gestionando la incertidumbre, tratando de que no se convierta en un flagelo que desmorone los sentimientos y buena predisposición de personas y equipos.

2º) Saber cuál es la raíz de nuestro miedo.

Un experto del prestigio de Lee Colan lo explica de manera sencilla pero eficaz: “Si Ud. tiene miedo a volar puede ser un síntoma de tener una gran necesidad de control, y cuando Ud. no lo tiene, como es el caso de estar metido en un avión que es como haber dejado en tierra dicho control, le produce una fuerte ansiedad”. Si por ejemplo, tomamos un miedo tan habitual como hablar en público, que es estadísticamente el más numeroso de todos los miedos en el ambiente de las organizaciones, puede reflejar un síntoma de inseguridad. Y esto también debe neutralizarse y en el peor de los casos, controlarse.

Por eso Lee Colan dice que si se puede dejar de pensar en el miedo por un instante, las primeras reacciones son:

- La inseguridad.

- El sentido de la pérdida.

- La necesidad de control.

- La disconformidad con el nivel de incertidumbre.

Una vez que hayamos identificado cuál es la raíz del miedo que nos afecta, se podrán conocer más íntimamente esos temores, lo que nos permitirá gestionarlos mucho mejor.

3º) Miedo y recompensa.

Estamos inmersos en una sociedad que en los últimos años, si bien la finalidad de la alta política no es infundir miedo en los ciudadanos, sino todo lo contrario, la incertidumbre de la ciudadanía se ha visto incrementada con la larga crisis, no habiendo estado exentas también las personas dentro de las organizaciones que tenían miedos tales como, perder el puesto de trabajo, que cerrara la empresa, etc.

Pero los espacios de incertidumbre respecto al futuro se han incrementado tanto a nivel individual como macro-social. En las empresas, por ejemplo, es lo más natural que cada persona se pregunte si ha efectuado bien la tarea, o si el equipo y el jefe la reconocen como es debido. Evidentemente, las personas, especialmente las que tienen puestos de responsabilidad, se preguntan cuál es la línea que la organización está siguiendo para afrontar el futuro, especialmente si van a contar con alguna oportunidad de desarrollo personal y profesional o deberán limitarse a cuidar su puesto y que no las despidan en los próximos meses. Todos ellos son argumentos que pasan por nuestra mente y nos producen miedo y ansiedad.

De ahí que el líder efectivo tenga que lograr que las personas dejen fuera los miedos y entreguen todo su potencial a la organización. La mejor solución es la recompensa, que asume las formas más diversas según las políticas de RRHH de cada organización, pero que una de ellas tiene que ser común a todo buen liderazgo: preparar a los empleados para que superen los miedos y saquen de su interior todo el talento que empujará al éxito a la organización.

En suma, cuánto más talento hagamos aflorar porque la política de RRHH así lo facilita y prioriza, menos miedo habrá en todos los cuadros para afrontar cualquier reto que se les ponga por delante. Por tanto, podemos concluir que el miedo es un motivador hacia el camino del éxito, mientras que el talento será siempre un gran moderador de aquel.

José Luis Zunnies Director Edición Online ECOFIN. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Coordinador académico de la Red e Latam. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management de la EEN y coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DE LA EEN. Analista de la realidad actual y especialmente en los aspectos económicos, políticos y sociales, Experto en Management y formador de directivos y profesionales en las técnicas de liderazgo.

Ximo Salas, Co-autor del libro “Mejora y gana” (Manual de Marca personal para la búsqueda de empleo).Fundador de Crea Community (Social Media and Human Resources Company).Consultor, confrerenciante y formador. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014

Salvador Molina, presidente del Foro ECOFIN y presidente de Telemadrid

Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools

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