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Y si RTVE no eligiera un presidente, sino una Sociocracia…
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Y si RTVE no eligiera un presidente, sino una Sociocracia…

Anoche tuve un sueño… RTVE se convertía en una Sociocracia. Se ponía fin a los repartos de sillones, comenzando por la presidencia, y se adoptaba un modelo de gestión del siglo XXI que es el más democrático, participativo y basado en la propia naturaleza de los medios de comunicación y el periodismo.

La nueva economía social y colaborativa no nos es ajena a los Periodistas. Los medios de comunicación son y siempre han sido un sistema eficiente de estructuras horizontales basadas en el talento de los periodistas que componen sus redacciones. Siempre ha habido periodistas (plumillas o gráficos) más valorados que los propios directores del medio y, en no pocos casos, que cobran más que el jefe cada fin de mes.

La Talentocracia que ahora emerge como modelo de gestión basada en el talento de los profesionales que componen la empresa, ya estaba en las estructuras que hace medio siglo crearon los Consejos de Redacción en Le Monde o en El País. Sin embargo, las empresas de prensa no han sabido hibridar aquellos modelos con los nuevos métodos de gestión, aquellos aprendizajes tecnológicos con la sociedad en cambio exponencial que habitamos ahora.

La revolución digital está dinamitando las habituales estructuras jerárquicas de los medios, rígidas e inflexibles, adocenadas por jefes apegados al sillón y a las batallas de pasillo. Ahora, llegan otros modelos más aptos al cambio y a las personas. La talentocracia trae reglas igualitarias que anteponen la colaboración a la coacción, la innovación al procedimiento, las propuestas de valor a la jerarquía. ¡Periodismo en estado puro!

Desde el punto de vista del liderazgo, el nuevo paradigma plantea tres retos: ¿cómo podemos ser todos poderosos en la misma organización?, ¿cómo se puede lograr un espacio seguro y abierto en el trabajo? y ¿cómo trabajar por una causa más alta que todos nosotros?

Quizá el modelo de gobernanza más eficiente de todos los propuestos en las últimas décadas es la Sociocracia, un modelo de auto-gestión que quiere empoderar a todos sus participantes.

La Sociocracia es una idea del danés Gerard Endenburg que propone tres reglas. La primera es que todos los integrantes son responsables de sus decisiones y, por lo tanto, las toman siguiendo la misión de la organización. La responsabilidad es personal y cada uno asume sus decisiones sin que nadie diga qué hay que hacer. ¡Sería el sueño de los consejos de redacción de RTVE!

La segunda regla es que el liderazgo no corresponde a roles sino a funciones. El poder no pertenece a quien ejerce una posición sobre el resto, sino que está distribuido entre todos.

La tercera regla es una consecuencia lógica de las anteriores: como todos somos líderes, el liderazgo puede surgir desde cualquier lugar, no sólo desde el Comité de Dirección.

Imaginemos por un momento a empresas de medios como Grupo Prisa, Unidad Editorial, RTVE o Mediaset. Tendríamos que proyectar cuatro pilares esenciales en su organigrama:

1. El círculo. Todos los integrantes son iguales y tienen un mismo objetivo. Cada círculo tiene su propia misión. Cada círculo es semi-autónomo, porque está en relación con otros círculos. Y es auto-organizado con autogobierno; es decir, sus miembros toman las decisiones políticas que guían su día a día.

2. Doble enlace. Los círculos se conectan a través de un doble enlace. En las organizaciones tradicionales, la información y las decisiones se toman en un solo sentido: de arriba abajo. La forma de garantizar que la información y las decisiones fluyan en una organización es a través del doble enlace. En cada círculo hay un jefe al que se une un representante electo para que acompañe a éste en las reuniones del círculo superior. De esta forma, se garantiza que toda la información llega a los círculos inferiores sin que los jefes la retengan. Si una persona en la base tiene una solución, la puede proponer en su círculo y elevarse hasta arriba.

3. Toma de decisiones por consentimiento. Sociocracia es democracia. Si puedes votar para elegir al presidente del Gobierno, ¿por qué no puedes votar a tu jefe? ¡Es lo más democrático! Y para evitar bloqueos, discusiones infinitas y miedos a perder status; la Sociocracia que proponemos se no toma decisiones por consenso o por mayoría, sino por consentimiento. No se vota si se está de acuerdo, sino si se puede aceptar o no. Cuando alguien se opone es porque tiene una objeción a la propuesta. Las objeciones tienen que ser razonadas y presentar una alternativa. Se ven como un regalo porque mejoran las propuestas. Se escucha y se tiene en cuenta.

4. Elección de personas para roles y tareas por consentimiento. En el círculo, se describe la tarea a realizar y entre todos eligen por consentimiento la persona que mejor puede hacer esa tarea, por un tiempo limitado que también se acuerda. Esa persona tiene plena libertad para hacer la tarea como considere. Se la ha elegido por ser la mejor para hacerla. Al acabar el periodo, se revisa si esa persona ha cumplido con el objetivo con el que se le encomendó la tarea.

La Sociocracia lleva la colaboración en el ADN. Todos los miembros son iguales por estar en un círculo y se tiene en cuenta a todos, al tener que dar su consentimiento. La auto-gestión engendra organizaciones corales. Lo que sucede en ellas no es el dictado de una persona sino la energía colectiva.

Además, son más efectivas. Los integrantes están más comprometidos porque han participado en la toma de decisiones políticas, que subordinan a una misión mayor que todos ellos. Mientras que para las decisiones operacionales, se mantiene el respeto a las decisiones que da el jefe de operaciones.

La forma de garantizar que la sabiduría está en todos y no solo en unos cuantos es la transparencia. En la Sociocracia, todas las decisiones son transparentes y todos conocen todo lo que ocurre. La información de cada una de las reuniones de cada uno de los círculos es accesible a cualquiera en la organización. Cuanto antes llega el feedback del resto, más podemos aprender.

Todo cuanto ocurre gira en torno a una idea principal: el liderazgo está en cualquier parte de la empresa y hay que regarlo para que crezca. Y la creencia más íntima que soporta esta metodología de gestión es la Talentocracia, que todos tenemos un talento que hacer crecer y que aportar a la inteligencia colectiva de la empresa. Todos juntos somos más fuerte que la suma individual de cada uno.

Una RTVE basado en la Sociocracia sería creativa, dinámica, independiente, eficiente, eficaz, rentable y lo más democrática que ningún ejecutivo o legislativo pudiera llegar a proyectar nunca. ¿Será por ello que se me antoja que mi sueño nunca llegaré a verlo hecho realidad?

¡Sigue soñando! No renuncies nunca a ellos. Algún día la quimera será realidad.

Salvador Molina, presidente del Foro ECOFIN, autor de 'Talentocracia' (Editorial Kolima, 2018) y consejero de Telemadrid.

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