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Avances y premisas para reenfocar tu liderazgo en 2019

martes 11 de diciembre de 2018, 08:28h
Le hemos pedido prestado a Alvin Toffler el título de su obra: ‘Avances y premisas’ (1983) para vislumbrar ese lugar en dónde deben esperarse los cambios en el ejercicio de un liderazgo efectivo. Alvin Toffler nos facilitó sus provocativos puntos de vista sobre la economía, el futuro del trabajo, el mudable equilibrio del poder racial en el planeta, la cambiante naturaleza de la identidad personal, los ordenadores en la política y el futuro tanto del socialismo como del capitalismo. Pero, ¿podemos, como individuos, influir en la dirección y en la marcha del cambio en el mundo de hoy?

La respuesta no puede ser otra que una llamada a reivindicar el liderazgo personal. Cada uno de nosotros tenemos una semilla de bellota en nuestro interior. Es nuestra responsabilidad decidir dejarla pudrir en nuestro interior o hacerla germinar como un robusto roble que dé cobijo, alimento y seguridad a otros.

Avances y premisas para reenfocar tu liderazgo en 2019

Al finalizar cada año, solemos hacer análisis del camino andado, de las metas para el nuevo año y de si merece la pena el esfuerzo. Son momentos para analizar la soledad del líder y medir el alcance de la influencia posible.

Quizá también es momento para seguir leyendo y ver qué opinan sobre ello grandes líderes empresariales que han atravesado idénticas travesías del desierto, han estado en encrucijadas similares y han aceptado la importancia de lo pequeño, lo decisivo de los primeros pasos y la trascendencia de las decisiones personales.

Rob Goffee, profesor emérito de ‘Organizationa behaviour’ (Comportamiento organizativo) en la London Business School y un consultor de renombre internacional, afirma que “las grandes empresas tienen líderes en todos sus niveles, no sólo en la parte superior”, que si bien lo dice en un contexto estrictamente organizativo, nosotros lo ampliamos al ámbito de la sociedad en su conjunto y especialmente en la política.

¿Por qué esta ampliación del alcance del pensamiento de Goffee? Porque la transformación que se ha producido en las organizaciones y la sociedad en su conjunto, como consecuencia de las nuevas tecnologías, han creado unos canales de información y consecuentemente de acceso al conocimiento colectivo, como jamás había ocurrido en toda la historia. Por tanto, el acceso sin límites y en tiempo real a un nuevo conocimiento que está disponible y de manera gratuita, produce una participación obligada de las clases dirigentes para “testear” el pulso de la sociedad de manera constante.

Se van viendo si determinadas preocupaciones sociales se incrementan, por ejemplo, dentro de un comportamiento más o menos razonable o por el contrario, se dispara la contestación social en alguna materia, lo que exige que la clase política tome medidas urgentes a fin de dar respuesta a ese reclamo.

Lo que venimos observando en Europa y en casi todos los países del mundo, es que la respuesta política se ha acelerado (aunque no necesariamente en el buen camino) frente a la irrupción de problemas que pasaron de ser localizados en determinado sector de la economía y la sociedad, a convertirse en un auténtico problema para el crecimiento y desarrollo de ese país, por ejemplo, como consecuencia de un gran desequilibrio en la distribución de la riqueza, o en la aparición de un nuevo tipo de trabajador considerado pobre, porque con los salarios bajos y precariedad laboral, no puede salir de su zona de pobreza en la que le ha dejado la crisis.

Esto obliga a que en las reuniones del G20 o en el habitual encuentro de líderes en el Foro de Davos, se profundice en materia de políticas económicas y sociales a escala global (el papel de los países más desarrollados será clave) para que se disminuya la pobreza y la desigualdad. No es ya sólo una cuestión técnica, sino de voluntad política.

La soledad del liderazgo ya no es excusa

No nos lleva más que un instante seguir a la multitud (una corriente de opinión, por ejemplo), pero nos insume todo nuestro tiempo permanecer solos. Esta forma de focalizar desde el liderazgo de hace tan sólo diez años, en que el líder con frecuencia está solo, se ha acabado. No es útil y menos aún, una manera de dirigir personas en organizaciones o ciudadanos en un país.

Liderar no implica soledad o que hay que ser “diferente”, estando los líderes solos “frente al mundo”. Entramos desde hace muy poco tiempo, en un pasillo muy reducido en el que deben caber líderes y seguidores, en el caso de una organización, o ser escuchados y sentir que tienen participación real (también representación) los ciudadanos. Los espacios de poder se han reducido porque se han ampliado las posibilidades de acceso a la información y el conocimiento. Este es el cambio sustancial que se ha producido en la sociedad.

Pero además, la transformación de por sí con un grado de celeridad que a veces impresiona a los más expertos en el ejercicio del liderazgo empresarial y político, sorprende por la profundidad con la que está impactando en los cimientos de la sociedad.

O sea, que lo primero que tienen que aprender los nuevos líderes en potencia, los que están cursando, por ejemplo un MBA o un determinado postgrado, es que empieza a conformarse una sociedad y consecuentemente organizaciones que forman parte de ella, que dependen más que nunca de la colaboración y participación en objetivos comunes.

La única soledad válida del líder efectivo y de prestigio consolidado, es cuánto dedica a la formación de su personal para prepararlos a que puedan asumir en breve posiciones de liderazgo y a que toda la organización, pueda disfrutar y beneficiarse de un mayor nivel de conocimiento y rendimiento de las personas. Pero eso sí: habrá personas mucho más felices porque se sentirán en gran parte realizadas sus expectativas.

Entonces podremos decir que el liderazgo no es ya cosa de “una persona” (el líder), sino de una línea de actuación en el ejercicio del liderazgo. Se pasa de jerarquía (posición de mando) a la dirección de la acción (la estrategia e implementación de las acciones). Pero si alguna lectora/or se pregunta ¿cómo es posible que se nos hable de jerarquía si justamente las organizaciones actuales y el liderazgo en los últimos años, ha condenado el ejercicio de un poder jerárquico? Respondemos que sí…que la pregunta está bien formulada. Lo que sucede, es que faltaba una “vuelta más de tuerca” para que el ejercicio del liderazgo efectivo se “quitara la piel de poder y autoridad funcional” para pasar a tener sólo una autoridad técnica y moral. Pesa muchísimo más la capacidad de influencia que un líder tenga que esa autoridad jerárquica per se, aunque por estructura del organigrama de la empresa deba tenerla.

Otra pregunta posible que puede formularse es que ¿un director de marketing ya no tiene autoridad en el sentido jerárquico de poder? Negativo. La sigue teniendo, porque tiene que tomar decisiones que previamente las ha consensuado con el consejo de administración o con el director general (el líder de la organización).

La cuestión es que en su departamento y con sus equipos, así como con cada uno de sus miembros, el nivel de proximidad, colaboracionismo, preocupación por las inquietudes y problemas de todas y cada una de las personas, así como la empatía, proximidad, sensibilidad a determinadas cuestiones que la gente plantea o pide y un largo etcétera, hacen que su poder jerárquico quede en realidad circunscripto en la esfera del organigrama, porque sólo es respetado por sus acciones y la forma en cómo se implementan, pero especialmente, en cómo afectan y comprometen a su personal.

En suma, existe un auténtico coaching permanente de responsables de área con su personal, por tanto, un liderazgo compartido en los hechos y en las formas, sin necesidad de apelar a categorizaciones del pasado sobre soledad del liderazgo y similares.

Lo posible y lo imposible vs. la soledad del liderazgo

Bran Ferren es un ingeniero, experto en diseño, emprendedor, inventor y se ha destacado como presidente de investigación y desarrollo de Walt Disney Imagineering y actualmente director creativo de Applied Minds que provee consultoría en tecnología e I+D+i, nos sorprende con la siguiente afirmación: “los visionarios no sólo creen que lo imposible puede alcanzarse, sino que debe ser alcanzado”.

Hemos extraído este pensamiento de Ferren, con la finalidad de contraponer la soledad del liderazgo que hemos criticado (que ya no sostenemos como la mayoría de la doctrina), a ver en qué momentos y circunstancias podría decirse que el líder más que estar solo, tiene que asumir la responsabilidad de una decisión trascendental para la organización. Por ejemplo, convencer a todo un consejo primero y dar explicaciones a todos los miembros de sus equipos y demás mandos intermedios después, sobre un acuerdo estratégico para comercializar un determinado producto que implica hacer una alianza en el ámbito de la comercialización con un competidor directo.

La visión del líder la explica y transmite con claridad a sus equipos, para que vean que sí es posible alcanzar esta nueva meta que se ha impuesto la dirección. La diferencia es que en el liderazgo convencional se exigía alcanzar la meta impuesta (por imposición, o sea imponer los objetivos a alcanzar), cuando hoy día existe un convencimiento de que dichos objetivos (consecuentemente las diferentes metas) son alcanzables y que gozan de la adherencia de todo el personal a esas directivas, porque se ha comprendido (el líder explica) las ventajas de las elecciones que han sido tomadas y los por qué, los cómo y los cuándo.

Este nivel de coparticipación, hace posible lo imposible, que les aseguramos, casi siempre lo imposible es la negación, la incomprensión o la falta de información de un problema al que uno se enfrenta. Convertir lo imposible en posible, es justamente hacer transparente objetivos, metas, procedimientos y beneficios para equipos y personas.

No hay compromiso que se asuma sin motivación, por ende, una fuerte voluntad, esfuerzo, dedicación y compromiso es función directa de la capacidad de liderazgo. Esto implica a su vez, mayor influencia y confianza en los nuevos temas que se están abordando, decisiones trascendentales para la organización que se están tomando, etc.

Richard Branson viene a corroborar lo que decimos, con su siguiente pensamiento: “entrena y forma a tu gente tan bien que estén en condiciones de dejar la empresa, pero trátalos de manera tal que no quieran hacerlo”. En el caso de la alianza estratégica que ejemplificamos, puede ocurrir, que personas muy bien formadas y de las cuales se espera que den lo máximo aún, deseen cambiar de trabajo y empresa porque no están de acuerdo con la línea de dirección que se está asumiendo.

Entonces es el momento en el que el líder explicará los beneficios para la organización y los que se deriven para su personal, de tomarse esta nueva iniciativa que comparten a partes iguales con otra organización que hasta ayer mismo era competidora directa.

El líder tiene que tener un amplitud de mente para comprender las razones de los que quieran dejar la organización, pero demostrar que su actitud no es de indiferencia (que le da igual porque sabe que tiene opciones al reemplazo de ese puesto de trabajo), sino que es de preocupación por todo el esfuerzo y dedicación compartido entre líder, personas y organización, como para no hacer un nuevo esfuerzo para encontrar puntos de convergencia y que esa persona desista de su decisión de dejar la empresa.

Branson sostiene que ese esfuerzo que nos lleva al éxito en la vida no sólo se da cuando uno renuncia a “tirar la toalla”, sino cuando se tienen unos objetivos tan importantes que simplemente, los obstáculos, el fracaso y las pérdidas actúan como grandes motivadores de la personalidad. También es de los que cree que en nuestro ejemplo, sin engañar al candidato a irse y tratar de convertirlo en el que quiere quedarse, la mejor actuación del buen líder, es mostrar aquellas fronteras, divisiones de opinión, criterios, métodos y todo lo atinente al trabajo como a los objetivos, para que comprenda que dejar la empresa le traerá menos beneficios de los que obtendría en el cambio.

Ayudándole a cambiar la forma de pensar sobre una determinad cuestión, puede operar un gran cambio en la vida de esa persona. Porque podrá en breve asumir posiciones de liderazgo con una proyección que a lo mejor no podría alcanzar si renunciase y empezara nuevamente a forjar una carrera en otra organización.

José Luis Zunni es director de ecofin.es y vicepresidente de FORO Ecofin. Director de ECOFIN Business School y coordinador de ECOFIN Management & Leadership. Director del Centro de Liderazgo de la EEN (Escuela Europea de Negocios) y coordinador académico de la Red e Latam del grupo media-tics.com. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management de la EEN y coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DE LA EEN. Autor de ‘Inteligencia Emocional para la Gestión. Un nuevo liderazgo empresarial’, coautor de ‘Liderar es sencillo. Management & Liderazgo’ y coautor con Ximo Salas de ‘Leader’s time (Tiempo del líder)’

Salvador Molina, presidente del Foro ECOFIN y consejero de Telemadrid

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