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Desmitificar las medias verdades de la innovación

Por José Luis Zunni
martes 06 de septiembre de 2022, 11:06h
Seguro que estás un poco cansado de escuchar el término innovación, también la expresión innovación tecnológica y por supuesto, la otra habitual manera de referirse al mundo actual representada por dos palabras: “disrupción tecnológica”.

Nos encantan las palabras de moda, pero con frecuencia, por no decir, casi siempre, la gran mayoría de personas no conocen exactamente lo que significan, e incluso muchos profesionales no llegan a dimensionar el alcance de las mismas.

Desmitificar las medias verdades de la innovación
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Vamos por partes: ¿qué es la innovación?

Como casi todo el mundo cree cuando se utiliza este término, es sinónimo de invención y, por tanto, está fuera del alcance de la persona media. Pero te aseguro que es más simple de lo que piensas. No es necesario crear “la rueda” o “a radio”, porque a menudo la innovación simplemente significa realizar mejoras incrementales en algo que ya existe.

Sí, muy bien, ¿pero, cómo se hace? De alguna manera se toma prestada una idea y se la adapta, porque pasa de ser esa idea o enfoque de una cosa de determinado campo del conocimiento, a otro nuevo en el que las reglas de juego no son las mismas. De ahí que por más que se adapte una idea ya existente adquiere en esta nueva circunstancia un carácter totalmente nuevo. Básicamente en cuanto a su utilidad, principio básico de la teoría económica, que también de los negocios en la vida real.

Una de las razones por las que nos enfocamos constantemente en la innovación, es nuestra creencia fundamental de que la innovación es difícil. Pero ha habido estudios en los últimos años que decían que el 68 % de los líderes empresariales creen que los innovadores “nacen y no se pueden hacer”. Pero la evidencia, también científica, dice que esto no es exactamente así. Dos personas nacidas iguales (el famoso caso de los gemelos) que son separados al nacer y tienen vidas diferentes, al cabo de unos años, más allá que se supone que son idénticos porque su ADN así lo indica, al volver a reunirlos se prueba que uno de ellos tiene más dotes creativas que el otro, ya que también es otra evidencia científica, que el 70 % de la creatividad está relacionada con el medio ambiente, lo que significa que es completamente posible que cualquier persona aprenda a pensar de manera más innovadora por circunstancias del entorno en el que se desarrolla.

“En la economía industrial, la persona que gana es el experto”, explica Claude Legrand, coautor de “Innovative Intelligence”. Y afirma que “en la economía del conocimiento, la persona que gana es la que tiene el proceso para resolver problemas complejos”. O sea, la metodología y también el necesario aprendizaje adquirido por la experiencia que se suma a la formación de base.

Algunos mitos que resuenan como verdades axiomáticas

1º) La innovación es disrupción

Por eso hay un mito muy común respecto a la innovación que dice que “La innovación es disrupción”. Pero la realidad es que es mucho más probable que los pequeños pasos estimulen el éxito.

2º) No se pueden tener demasiadas ideas

Pero el hecho real es que sí que puedes, la cuestión es si eres capaz de aplicarlas. O sea, saber qué hacer con tantas ideas buenas. Esto nos lleva a una reflexión: imaginemos una pyme que no hace más que pensar (su dirección) en nuevas ideas para no perder cuota de mercado. Pero tiene que decidir cuáles son buenas o malas para sus particulares circunstancias.

Cuando se entra en esta dinámica, si no se actúa con mesura y especialmente un sentido de proporcionalidad en tiempo y recursos destinados, dicha pyme podría ser aplastada por una abrumadora cantidad de ideas que han supuesto recursos, distracción de otros proyectos en los que se había estado trabajando, etc.

No es para nada habitual que las pymes cuenten con procesos para decidir qué ideas seguir, y mucho menos de formas de medir su éxito. Por tanto, el primer paso que debes hacer, en el caso de que seas el propietario y/o líder de una empresa de este tipo, es tener clara la misión de su empresa, porque suponiendo que la idea sea genial y tenga futuro, no hay que convertirla en proyecto en curso mientras existan otra cantidad de problemas operativos ordinarios que hay que resolver diariamente y de los cuales resulta la buena relación con los clientes, por ende, impacto en las ventas. De ahí que para buscar una innovación se debe de tener en cuenta en cuánto va a impactar en cuanto la apliquemos. O sea, la idea bajada a tierra y puesta a prueba.

3º) Vale la pena ser el primero

Visto desde la realidad diaria, quizás lo más prudente y al final, que nos da mejor retorno, es lo que se llama ser un seguidor inteligente. Esto se debe a que la innovación a menudo se asocia con el visionario, que inventa algo nuevo y es el primero en comercializar. Y esa es una gran estrategia, si está registrando, por ejemplo, una patente de un nuevo antibiótico, por lo que la lucha constante en el mercado farmacológico, indica que el tiempo ganado es tiempo que será especialmente retribuido en las cotizaciones de las acciones y en las decisiones de los inversores.

Pero en las pymes que están muy lejos del tipo de investigaciones y capitales asignados de los que hacen habitualmente la industria farmacéutica, el sentido común y el mercado nos indican que a veces no estando en primera fila, pero observando lo que están haciendo los demás, especialmente los que nos preocupan como competidores, no es una acción que podamos considerarla mala, o sea, estar en segunda o tercera posición, con cautela y observando. Esto no significa estar paralizado, sino dispuesto a actuar, pero con todo el conocimiento de causa necesario.

En un estudio de 2010, los investigadores de la Universidad de Chicago, Stanislav Dobrev y Aleksios Gotsopoulos, descubrieron que las empresas que ingresan a nuevas industrias en una etapa temprana en realidad tienen una desventaja de ser las primeras en moverse, fallando a un ritmo mucho mayor que aquellas que esperan. Resulta que los primeros pioneros en el mercado sufren costes más altos que eventualmente superan su ventaja de ganancias. Como resultado, a largo plazo son menos rentables que los seguidores de segunda o tercera generación.

4º) La innovación es una actividad individual

De acuerdo con nuestra tendencia a pensar en la innovación únicamente en términos de nuevos inventos rompedores, a menudo pensamos en los innovadores como genios y también como personas extrañas (visto socialmente). Pero lo cierto es que lo que termina pesando es el trabajo de equipo, que estén compartiendo recursos y conocimientos en entornos corporativos, e incluso los más inconformistas terminan mejorando gradualmente sus inventos de alguna manera gracias a la interacción con otras personas y a compartir know-how y metodología disponible en la compañía.

5º) La innovación no se puede enseñar

Enseñar pensamiento innovador no es como enseñar una asignatura como geografía o lengua. Desde ya que es más una cuestión de enseñar a las personas cómo aprovechar su curiosidad natural existente para desatar su capacidad innata para la innovación. La puesta a disposición de un equipo de investigación de los recursos que requiere además de la experiencia de un investigador senior, es un aporte sustancial para que se produzca un proceso de aprendizaje colectivo orientado a esa idea que se está tratando de implementar en un proceso o en un nuevo producto.

6º) La innovación es de arriba hacia abajo

En el caso de un restaurante de comida rápida, el empleado del mostrador se da cuenta mucho antes que nadie en la oficina central de que las nuevas bandejas son endebles y difíciles de apilar. Las empresas inteligentes como Four Seasons y Whole Foods reconocen explícitamente que cuanto más cerca está un empleado del usuario final, más probable es que él o ella tenga ideas concretas sobre cómo innovar, y más importante es para los superiores escuchar.

7º) No se puede forzar la innovación

Es muy cierto que no se puede decir a los demás que empiecen a innovar pronto y esperar mucho bien de ello. Pero se puede crear un entorno que fomente y recompense la curiosidad y, por tanto, promueva el compromiso y la innovación.

José Luis Zunni es director de ecofin.es y vicepresidente de FORO Ecofin. Director de ECOFIN Business School y coordinador de ECOFIN Management & Leadership. Director del Centro de Liderazgo de la EEN (Escuela Europea de Negocios) y coordinador académico de la Red e Latam del grupo media-tics.com. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management de la EEN y coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DE LA EEN. Autor de ‘Inteligencia Emocional para la Gestión. Un nuevo liderazgo empresarial’, coautor de ‘Liderar es sencillo. Management & Liderazgo’ y coautor con Ximo Salas de ‘Leader’s time (Tiempo del líder)’

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