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Por culpa de la arrogancia se excluyen los argumentos válidos de la discusión

Por José Luis Zunni
martes 24 de enero de 2023, 14:45h

Estamos cansados de ver en los medios masivos de comunicación, como es la televisión, más arrogancia que argumentos. Esto podría ser hasta comprensible por aquello de que los ratings y los prime time mandan. Pero lo que lamentablemente sucede, es que la televisión la ven todas las generaciones, desde niños hasta nonagenarios. En personas mayores no me preocupan demasiado los desaciertos de las formas y los contenidos, pero sí en los niños y adolescentes que se están educando y que también reciben estos inputs tan negativos de formas maleducadas en la expresión y peor aún, como modelos educativos en los que la vulgaridad campa a sus anchas.

Pero esto lo damos por descontado, no podemos despertarnos hoy dándonos cuenta de la finalidad básica de la caja tonta que es entretener. Hay programas que lo logran, pero algunos de ellos a costa del lenguaje, las maneras y por supuesto el fondo.

Por culpa de la arrogancia se excluyen los argumentos válidos de la discusión
No me propongo hoy que todo lo que se diga frente a las cámaras tenga que ser conocimiento científico, porque desvirtuaría el fin del mismo divertimento, de la comedia, del momento de relax, etc.

Lo que sí creo es que hay malos ejemplos de tertulianos que están ocupando segundos muy preciados por los anunciantes de televisión por el coste que tienen, diciendo auténticas estupideces y algunos de ellos, con un desconocimiento profundo sobre la temática que en ese instante se está tratando.

¿Sabes lo que significa ser una persona arrogante?

Hay algunas características de su personalidad que la evidencian, de las cuales las comento a mero título enunciativo:

- Interrumpir mucho a los demás.

- No dejar espacio para que otras personas se expresen.

- No escuchar lo que dicen los otros contertulios u otras personas en una reunión de trabajo, menospreciando incluso con gestos de desaprobación lo que dicen los demás, especialmente cuando los argumentos del arrogante no pueden contrarrestar los de sus oponentes.

- Creer que son mejores que los demás, envolviéndose en un halo de superioridad que ellos mismos se construyen.

- Se esfuerzan por tener siempre la razón, contra viento y marea.

- Piensan que su estatus es más importante que cualquier contribución que hagan. Que su presencia es suficiente.

La arrogancia se puede definir como un rasgo de personalidad por el cual una persona tiene un sentido de autoestima exageradamente elevado. He llegado a leer al respecto que hay analistas que la describen como una autoestima “desagradablemente elevada”. Desde ya que coincido con estas opiniones.

Una persona arrogante es la que actúa como si fuera superior, más digna y más importante que los demás. Pero lo grave, no solo es su actuación, sus palabras y sus gestos, sino su convencimiento (él o ella se lo creen). Lo cual entra en el terreno puro de la psicología individual, no precisamente como una conducta a destacar. Más bien lo contrario.

Por lo tanto, tienden una tendencia natural (diría también una facilidad) a faltar el respeto y subestimar lo que otras personas opinan, estén o no en esa reunión. Y lo que es más destacable de este tipo de actuaciones, es que simultáneamente buscan la admiración y que de alguna manera puedan imponer una especie de respeto y veneración que esperan recibir de los demás.

Sin duda, puede suceder que hayan hecho cosas en el pasado, o también recientemente, dignas de admiración, por las cuales se les reconozca ciertas cualidades y habilidades. Pero lo que sí es cierto, que cuando una persona en posición de liderazgo y/o de responsabilidad pública importante, sabe perfectamente que lo que ha decidido y actuado está bien hecho. No necesitan, las personas que son auténticos líderes, estar regodeándose continuamente de los méritos y logros, sino que prefieren atribuirlos a la responsabilidad compartida de los equipos de trabajo y de colegas profesionales con los que han compartido horas en determinados proyectos. Esto es lo normal, lo que abunda, el sentido de colaboracionismo profesional, que está muy metido bajo la piel de las organizaciones, en las que los líderes efectivos hacen grandes esfuerzos también por desarrollar nuevos líderes, formando y capacitando, por tanto, el éxito del liderazgo transformacional e inclusivo de la actualidad, es justamente lo opuesto a la arrogancia, la exclusividad, el egocentrismo y la falta de empatía.

Claramente la arrogancia es un sentimiento de superioridad que se desarrolla en relación con los demás. Necesitan del otro para que la arrogancia sea tal. No existe una persona arrogante consigo misma, porque seguramente se detestaría. Lo que le pone, es cuando se compara (en una comparación del todo ilegítima por contenido) con otros compañeros, o jefes, o familiares, o amigos, etc.

Las falsas creencias del arrogante

Si bien es cierto que la arrogancia es el sentimiento de superioridad que desarrolla un individuo en relación con el resto de personas, sea en su entorno más próximo (ambiente laboral) o en otros ámbitos en los que actúa, está basado en la falsa creencia de que merece mayores privilegios o concesiones que el resto. La palabra, como tal, proviene del latín “arrogantia”. En realidad, es una clara deformación (defecto) del carácter que hace a la persona arrogante una, que, da continuas muestras de altanería, además de que sean generalmente prepotentes y hagan gala de una soberbia empalagosa. También, para la psicología, la arrogancia surge como consecuencia de la necesidad de alimentar o proteger un ego frágil. De este modo, funciona como un mecanismo de compensación en el cual la persona arrogante disfraza sus carencias de autoestima con una buena dosis de superioridad.

Por tanto, podemos decir que la arrogancia es una enfermedad del yo que nos hace creer que merecemos más privilegios que los demás. Además, la persona arrogante se apropia de derechos que no tiene y de honores que no posee. En definitiva, esta necesidad de apropiación indebida se debe a que carece del valor verdadero, que pretende compensar con un fuerte orgullo y soberbia que le produce ese necesario sentimiento de superioridad.

En cuanto a su forma de actuar, en los hechos, deja de lado la equidad, la rectitud, el buen hacer, etc., también se deja en el camino la responsabilidad, lo que le inhibe de asumir las obligaciones que realmente debe asumir.

El rechazo social que experimentan

Las personas con estas actitudes o rasgos de personalidad soberbia o arrogante, suelen experimentar en muchas ocasiones rechazo y distancia social, razón por las que las relaciones interpersonales con otras personas de su entorno, o incluso con cualquier persona que no pertenezca a éste, serán bastante superficiales, por lo que es normal que se sientan un poco aisladas, o que también crean que nadie les apoya. Un claro sentimiento de falta de apoyo de los demás, cuando creen fehacientemente que justamente es lo que se merecen de parte de todo el mundo. Una especie de apoyo sin concesiones.

Por tanto, cuando perciben estas situaciones en las que se mezcla el aislamiento con la falta de apoyo, lo que en realidad están sintiendo es un claro rechazo social. Para ellas es algo muy negativo y les produce angustia y dolor. O sea, que estos sentimientos tienen para el arrogante que percibe soledad no por estar solo, sino por sentirse solo, un valor emocional que llega a perturbarles.

Buscarán la proximidad y cambiar esa situación de las cosas que les hace sentir así. También la otra cara de la moneda tiene para ellas el rechazo: que lo justifican por ese sentido de superioridad en el cual se han instalado, que creen que nadie está a su altura, y que lo que están experimentando es consecuencia más de su posición de superioridad frente a los otros. Sentirse único y especial, y por ello encontrarse más solo o aislado socialmente.

José Luis Zunni es director de ecofin.es y vicepresidente de FORO Ecofin. Director de ECOFIN Business School y coordinador de ECOFIN Management & Leadership. Director del Centro de Liderazgo de la EEN (Escuela Europea de Negocios) y coordinador académico de la Red e Latam del grupo media-tics.com. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management de la EEN y coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DE LA EEN. Autor de ‘Inteligencia Emocional para la Gestión. Un nuevo liderazgo empresarial’, coautor de ‘Liderar es sencillo. Management & Liderazgo’ y coautor con Ximo Salas de ‘Leader’s time (Tiempo del líder)’

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