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Defiende a los demás sin dejar de defenderte a ti mismo y entonces subirás tu autoestima

Por José Luis Zunni
¿Estás teniendo un día de esos que echas chispas? Pues te doy la mano, porque justamente hoy que arranco con mi Blog habitual, podría decir que tengo uno complicado. Pero se supone que este encuentro que tengo con mis lectores es para darles tranquilidad, transmitirles nuevos puntos de vista sobre cómo están interpretando su mundo, pero muy especialmente me interesa su bienestar. De esto se trata.
Defiende a los demás sin dejar de defenderte a ti mismo y entonces subirás tu autoestima
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Veamos cómo actúas cuando se trata de un problema que está teniendo un amigo, tuyo, por ejemplo, en el trabajo. Para la mayoría de nosotros, es bastante fácil defender a otra persona cuando consideramos que se ha dado una situación injusta. Porque, en definitiva, nos gusta escuchar de nosotros eso que decimos de alguien que es buena persona, que se moja por sus amigos y en general por los demás.

¿No me digas que no te gusta quedar bien con tus amigos? Desde ya que sí. Pero no me estoy refiriendo a cuando vas a comer con uno de ellos y tú invitas. ¡No! Me refiero, cuando en un determinado momento, uno de tus compañeros de trabajo, que también después de varios años de compartir tareas y responsabilidades, han forjado una buena amistad, y por un enfrentamiento con el jefe o con el propietario de la empresa, sales en defensa de este amigo. A esto me refería.

Te repito lo que te decía al inicio: que, para la mayoría de nosotros, es bastante fácil defender a otra persona. ¿Por qué insisto? ¿A quién no le gusta que le digan que es una buena persona? Quieres sentirte bien con lo que crees que los demás piensan de ti.

Pero en el caso que te muestro es algo que te sale de dentro, de ese humanismo que ejercitas de manera natural, sin postureos. En el ejemplo que te estoy poniendo, no es difícil salir en defensa de tu compañero cuando crees que se está cometiendo una injusticia, que ese jefe y/o propietario le esté atribuyendo una responsabilidad por algo que no ha salido bien, pero que en rigor de verdad no es su culpa. Digamos que es una culpa compartida con otros empleados.

La cuestión, es que cuando se cambia el ángulo de miras de las cosas, y dejamos de pensar en ese amigo que estás ayudando (o que ya has ayudado) y te pones a pensar en la ayuda que tú necesitas, surgen necesariamente otro tipo de historias, a menudo, incluso dolorosas. ¿A qué me refiero? Que lo primero que a las personas nos viene a la cabeza, cuando pedimos algo y no nos lo dan, es pensar que ese alguien es egoísta. Y si damos vuelta la situación, cuando tú quieres reservarte ese espacio para ti, por ejemplo, dedicarte cierto tiempo compartiendo un partido de paddle o cualquier otra necesidad más personal, o sea, en este caso defender estos tiempos y necesidades es defender nuestros intereses, y por ello, podemos caer en la categorización de que somos personas egoístas.

Esto sí que es injusto. Porque en el momento que das un no por respuesta y haces prevalecer lo que tú quieres hacer, aflora la crítica generalmente seguida de pensamientos negativos como “siempre se sale con la suya” o “lo único que le interesa son sus cosas”. Pero, en definitiva, en esta ocasión has defendido tu autoestima en vez de la de ese compañero. O sea, somos todos muy sensibles frente a lo que nos interesa hasta el momento en que nos encontramos con la necesidad de hacer valer nuestro tiempo, deseos y aspiraciones, y ahí los demás no nos lo perdonan y nos califican como egoístas.

Parece mentira lo egoísta que puede resultar para los demás, que en algún momento nos dediquemos tiempo a nosotros mismos, a nuestras propias necesidades, que salgamos en defensa de nuestros intereses. Es lícito que lo hagamos, además de justo. Debemos romper con ese pensamiento de los demás que cuando se trata de hacer algo por nosotros mismos, parece que somos un poco injustos, o quizás, excesivamente preocupados por nuestros problemas y poco sensibles por los de los demás.

Por eso debes fortalecer tu autoestima

Un primer camino que debes emprender ya mismo es fortaleciendo tu autoestima. Y te diré una cosa: para desarrollarla en condiciones (esto de tu autoestima), lo que debes es esforzarte en conservar más valor del que das. Te lo voy a explicar más claro con un ejemplo: supongamos que cuando quieres ordenar tus finanzas personales y familiares, te das cuenta de que tienes que ajustar gastos, que lo que salga no sea más de lo que entra, hablando en euros.

Muy bien: ahora veamos lo que ocurre cuando hablamos de sentimientos, emociones y especialmente de la percepción que tenemos sobre lo que los demás piensan de nosotros, de lo que decimos y lo que hacemos. Ese miedo siempre a no quedar mal por darnos el valor que merecemos, y sin querer estar subestimándonos (ese valor). Esto va en contra de esa estima a la que referimos. Perdemos ese valor que debemos estar seguro de tener para ser razonablemente felices y que nos facilite la relación con los demás.

¿Has aprendido a decir que no?

¿O eres de esas personas que no se siente cómoda diciendo que no? La próxima vez que alguien te pida un favor, por ejemplo, de sumarte a una reunión de equipo que va a plantear a la gerencia una modificación necesaria de horarios para poder compatibilizar mejor la vida laboral y la personal. ¿Quieres decir que no y liberarte de esa tensión de la reunión? ¡Claro que sí, pero te está costando trabajo decir ese no!

Aunque solo tiene dos letras, a veces “no” puede parecer una palabra de ocho o más letras

En realidad, parece corta una respuesta con un “No” pero a pesar de contar solo con dos letras, pareciera por el impacto que produce que tuviese 8 letras o más. El “No” siempre nos impresiona, nos impacta y generalmente, al que lo recibe…te aseguro que no le gusta.

Pero con frecuencia es una opción que debes elegir, ya que decir sí con demasiada frecuencia termina siendo un elemento tóxico, que te quita fuerzas y termina descentrándote de otras cosas a las que debes atender.

Has pensado lo que te cuesta en definitiva decir un sí

Eso de unirte a un comité, lo primero que debes hacer es preguntarte a ti mismo si te puedes permitir el lujo de decir que sí.

Preguntas que deberías formularte

¿Tienes consciencia de que, al dar un sí por respuesta puede costarte energía de la que dispones para todas tus otras cosas que abarcas diariamente? Además ¿eres consciente que puede afectar tu salud por un exceso de estrés y ansiedad que tal situación te produce?

No debes caer en la trampa de complacer al mundo

Es fácil que las personas nos dejemos llevar por aquello que decíamos más arriba de que nos gusta que nos reconozcan como buenas personas, y no lo pienses demasiado y complaces al que te pide una ayuda.

Aunque parezca una redundancia, “agradar a la gente agrada a la gente”. ¿Pero no es gratis? ¡Claro que tiene un coste para ti! Es un coste generalmente anímico, ya que los efectos a medio plazo de esta forma de actuar de tu parte, pueden ser devastadores para tu sentido de autoestima. Y en este punto radica el peligro.

Debes ser amable contigo mismo

¿Te conoces bien de verdad a ti mismo? ¡Cuidado con este error que todos cometemos! Debes saber qué cosas te hacen feliz y qué es lo que realmente valoras de tu vida, aunque rara vez te lo planteas. Pues es hora de que lo hagas. Puedes recurrir a viejos trucos (en realidad lo que te aconsejo es una buena técnica) como el de escribir tu relato, que puedes ir volcando en un diario.

Intenta desafiar los pensamientos desagradables sobre ti mismo

No creas que eres la única persona que se menosprecia así misma de manera automática, y lo mejor que puedes hacer ante estos arrebatos que te descentran no solo del trabajo, sino de tu mínimo bienestar personal, debes entonces preguntare «¿le hablaría a un amigo de esta manera?». Si jamás está en mi intención menospreciar a los demás, ¿cómo es posible que lo haga conmigo?

Definiendo tus límites

Ahora que está muy de moda, especialmente en el ámbito político, eso de “no pasar las líneas rojas”, te has preguntado alguna vez ¿estoy pasándome yo algunas líneas rojas? Pero lo primero que debes de tener en cuenta para ello es conocer cuáles son tus límites, justamente para tratar de no invadir esa línea y traspasarla.

Sin embargo, cuanto más desarrollemos nuestra autoconciencia, mejor podremos conceptualizar de antemano cuáles son nuestros límites personales, para poder comunicarlos posteriormente a los demás.

Tienes que saber perfectamente cuáles son tus límites saludables, que van a ser la clave para que puedas tener unas relaciones saludables. Ya que cuando ha habido contaminación en las relaciones interpersonales, sean laborales o personales, terminan convirtiéndose en relaciones disfuncionales. Y te recuerdo que una relación disfuncional es una relación en la que hay cosas que no van bien o no están funcionando, lo que puede llevar a caer en comportamientos tóxicos como “Luz de gas” que​​ es un tipo de abuso psicológico en el que se hace a alguien cuestionar su propia realidad, además de ​la manipulación, la falta de comunicación y muchas otras cosas más que pueden llegar a causar mucho daño a todas las personas involucradas

Definir y expresar tus límites significa respetar tus necesidades, emociones, pensamientos y afirmarlos ante los demás para estar en paz y equilibrio al relacionarte con todas las personas de tu entorno y las que estén más alá de éste.

En la medida que así actúes habrás protegido tu autoestima, es más: la habrás hecho crecer y también habrás roto con esa estúpida consideración que todo es para el resto y nada es para mí (o sea, que, ante la mínima respuesta negativa, aflore la categorización de que eres una persona egoísta y poco sensible).

Defiende entonces a los demás cuando creas que debes actuar en su defensa, pero no dudes en hacer lo mismo contigo, porque si tienes dudas o te niegas, entonces habrás perdido tu propia autovaloración como persona.

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