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Dormir poco o una falsa cultura del éxito

Por José Luis Zunni y Eduardo Rebollada Casado
martes 02 de septiembre de 2014, 12:00h

Neurocomunicación: consciencia de cómo el cerebro toma sus decisiones.

¡Es verdad! Poco se habla del buen dormir como responsable de nuestros éxitos. Pero hemos creído conveniente recoger algunos testimonios sobre esta parte esencial en nuestra vida, ya que nada menos que 1/3 del tiempo que vivimos, aproximadamente, lo dedicamos a dormir.

 

 

Dormir poco o una falsa cultura del éxito

¿Qué opina al respecto una mujer empresaria y editora que es considerada como una de las mujeres más influyentes del mundo?

Nos referimos a Arianna Huffington, presidenta del consejo y editora jefa del Huffington Post Media Group, importante tribuna de opinión habitual en los medios internacionales y autora de 14 libros (el último de ellos es “Thrive: The Third Metric to Redefining Success and Creating a Life of Well-Being, Wisdom, and Wonder”).

 

No cabe duda que la Sra. Arianna Huffington lo tiene muy claro: “¿Piensa Ud. que el éxito está predeterminado por la cantidad de horas que dedica a su trabajo?”.

 

A continuación lanza una de sus habituales reflexiones: “Despiértese y preste atención acerca de algunas verdades sobre el valor que tiene dedicarle descanso suficiente (sueño) a su precioso tiempo”.

 

Sostiene que el más básico de los cambios que podemos hacer para redefinir nuestro éxito en nuestra vida, tiene que ver con nuestra constreñida relación con el sueño. Esto que parece simple de entender, no lo es, desde el momento que casi todo el mundo “saca pecho”, personalidades más o menos relevantes, y dicen cosas como ésta: “tengo 55 años…duermo 5 horas por día…y estoy hecho un toro” (obviamente la expresión “hecho un toro” podemos sustituirla por “atiendo a mis hijos –o marido y/o trabajo, etc.-”).

 

Cualquier “fanfarronada” de este calibre, podría llevarle antes que después a un lugar de descanso eterno. Porque como dice el Dr. Michael Roizen, jefe de wellness de la Clínica Cleveland en Estados Unidos, “El sueño es el menos valorado de los hábitos de salud”. Y atención a nuestros lectores: estamos diciendo “hábitos de salud”. O es que solamente vamos hablar de los hábitos en términos peyorativos, cuando por ejemplo los hemos analizado en otras ocasiones al referirnos a la inteligencia emocional y a la necesidad de adecuarnos a los cambios, así como en la mejor forma de conducirnos en la vida.

 

En todos nuestros artículos a lo largo de año y medio en este Blog, hemos abarcado los hábitos, siempre empezando por el lado negativo, para después explicar por qué había que convertirlos en actitudes positivas. Muy bien…hoy…cualquiera que se jacte de dormir poco, que sepa que tiene un hábito negativo y que la medicina del sueño dice “a gritos” que se debe corregir.

 

Arianna Huffington tiene afirmaciones que son contundentes, tales como que “La mayoría de nosotros falla en hacer un buen uso de tan invalorable parte esencial de nuestras vidas. Mejor dicho, justamente hacemos lo contrario”. Ahora bien…nosotros nos preguntamos por qué y también a nuestros lectores.

 

Vamos a dar nuestro punto de vista que subyace en esta necesaria revisión de valores y principios de las cuales también hemos venido hablando, o sea mirarnos hacia dentro y ver cómo estamos actuando en la vida. Lo que hemos referido como la “perspectiva de nuestras vidas”.

 

Parece que el sueño, siendo un elemento fundamental de la existencia humana, no está categorizado como tal, es más, parece que la valoración que hacemos de las horas que le dedicamos, entraría en una categoría de vagos, irresponsables, poco profesionales, etc.

 

Arianna Huffington dice que “Pensamos equivocadamente, que el éxito es el resultado de amontonar horas de nuestro tiempo en nuestro trabajo, en vez de la calidad del tiempo (buen uso) que ponemos en nuestras tareas”.

 

Coincidimos al 150% con ella: alto rendimiento requiere de elegir bien las prioridades. ¿Me quiere decir Ud. qué capacidad de elección tiene para priorizar si está somnoliento y no tiene la lucidez necesaria para enfrentar simples tareas rutinarias? Lógicamente, podemos hacer referencia a la importancia de la buena coordinación del trabajo en equipo, incluso de convertir el estrés en motor de alto rendimiento y motivación.

 

¿Pero sabe una cosa? Todo esto se cae como un castillo de naipes con cuatro horas de sueño solamente. Se pierde capacidad de reflejos, respuestas en tiempo y forma, balbucear al hablar y repetir palabras e incluso trastornos psíquicos que pueden ser suaves al principio y convertirse en una auténtica enfermedad con el paso del tiempo.

 

Arianna Huffington afirma que “El sueño, o lo poco que necesitamos de él, se ha convertido en un símbolo de nuestra destreza. Convertimos en una especie de fetiche la actitud de no dormir demasiado, y nos vanagloriamos acerca de cuán pocas horas hemos dormido”.

 

Una cultura y práctica que demuestra las carencias que tiene una persona: en realidad no es mejor ni hace su trabajo como debe por el hecho de dormir menos. ¡No! ¡Todo lo contario! En realidad, esa manifestación un poco demodé ya a la altura del tiempo que estamos, es síntoma (y peligroso) de su inseguridad, o dicho en otros términos, de pretender demostrar una seguridad, fortaleza, etc. que en realidad no tiene, y aunque la tenga porque cuenta con un físico privilegiado, el cerebro (lo hemos dicho en artículos anteriores) necesita descanso como si fuera cualquier otro músculo.

 

El sueño limpia la memoria a corto plazo y deja espacio para más información. En este sentido, se ha demostrado que una noche sin dormir reduce la capacidad de asimilar conocimientos en casi un 40 por ciento. Podemos afirmar que los efectos del insomnio son similares a los de una droga: el individuo se cree en plenitud de facultades, cuando realmente ha puesto en manos del azar su mente, su cuerpo y, en ocasiones, su misma vida.

 

 

Consecuencias de dormir poco o no dormir

Las características más evidentes de la falta de horas de sueño son las consecuencias emocionales, que se manifiestan como somnolencia, cambios repentinos del humor, irritabilidad, adopción de una actitud más pesimista, tristeza, enojo extremo, aumento de estrés y ansiedad.

 

El doctor García Borreguero define el insomnio como un estado de alerta precoz que padece más del 30 por ciento de la población en España.

 

La visión tradicional ubicaba a las enfermedades como las causantes del insomnio. Hoy se está replanteando la postura, y se sostiene que es el insomnio la causa y no la consecuencia de estas patologías.

La pérdida de reflejos, visibilidad y coordinación de movimientos también aparece ante la falta de sueño. Por esta razón a los pilotos de líneas aéreas o a los chóferes de transporte de pasajeros se les exige que respeten la cantidad de horas de sueño.

 

Diego García Borreguero, neurólogo de la Unidad del Sueño de la Fundación Jiménez Díaz de España, afirma que han detectado casos de ansiedades y depresiones entre personas que no respetan las 6/8 horas diarias de sueño.

 

Según Matthew Walter, profesor de psicología de la Universidad de Berkeley, “una noche sin dormir reduce la capacidad de asimilar conocimientos en casi un 40 por ciento” ya que el sueño limpia la memoria a corto plazo y deja espacio libre para más información.

 

En relación al contexto social, dejar de dormir provoca un deterioro en las relaciones interpersonales, ya que disminuye todo tipo de interés por todo lo que ocurre en el entorno, son frecuentes la pérdida del trabajo o de la pareja. El cuerpo se va “descargando” a medida que se acumulan las jornadas sin o con poco sueño.

 

El sueño permite al cerebro su reseteo y puesta a punto automática, además de al descano físico corporal.

 

Quienes alardean de dormir poco quizá piensen que las horas que detraen son las destinadas al descanso corporal, pero se equivocan: restan tiempo de descanso también a su cerebro. Además, aunque a lo largo de la jornada de vigilia sólo tuvieran sensación de cansancio físico, que no mental o intelectual, su cerebro no está manteniendo los niveles de rendimiento adecuados porque “sabe” que el cuerpo precisa de su atención (al moverse, al pronunciar las palabras, al oir, al escribir, al reflexionar y así un largo etcétera).

 

Así que no seamos obtusos. Valoremos la posibilidad que tenemos de ejercer el descanso como una actividad más con la que mejoraremos nuestras capacidades durante la vigilia laboral (y no laboral) y con la que obtendremos cotas de rendimiento mayores de las que en principio podamos imaginar.

 

El descanso está a la misma altura que la alimentación, la actividad física y las relaciones personales y sociales.

 

José Luis Zunni es Director Edición Online ECOFIN. Miembro dela Junta Directivade Governance2014. Coordinador académico dela Rede Latam. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management dela EENy coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DELA EEN. Analistade la realidad actual y especialmente en los aspectos económicos, políticos y sociales, Experto en Management y formador de directivos y profesionales en las técnicas de liderazgo.

Eduardo Rebollada Casado es miembro dela Junta Directivade Governance2014. Autor y conferenciante. Consultor y analista de la realidad social, política y económica. Co-autor con José Luis Zunni de más de 100 artículos de Management y liderazgo. 

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