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Cómo torear a las personas dramáticas

Por José Luis Zunni

Me pareció de interés en mi aportación de hoy abordar un tema del cual no es tanto lo que se habla como lo que se sufre: me refiero a qué podemos considerar como una persona dramática.

Buscamos y en primer lugar nos aparece la siguiente definición: “se denomina como dramático a aquello que tiene aptitudes o características propias del drama como, atmósfera dramática, historia dramática, lenguaje dramático. ... Por otro lado, dramático se puede emplear para referirse a aquello que, debido a su gravedad, es capaz de interesarnos o conmovernos sinceramente”

En primer lugar, vamos a tratar de poner en contexto qué entendemos cómo encaja el drama en la personalidad, o sea para que una persona pueda ser considerada dramática. Aclaro, que el nexo entre drama y pensamiento negativo existe y es muy claro. Lo veremos después y ahora pasamos a tratar de clasificar (no es lo que más me gusta) a la persona dramática, pero es algo que nos ayudará a comprender lo que decimos más adelante.

Cómo torear a las personas dramáticas
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1º) Cualquier cosa que se trate o diga, o sobre la que se discuta, la persona dramática se lo toma “muy a pecho” (dicho coloquialmente).

Incluso si esa persona (amigo, familiar o jefe) le hacemos una broma se la toma muy en serio. No llega ni siquiera a comprender que estamos hablando en broma. Sin duda, puede ser un motivo de discusión (seguramente estúpida e innecesaria) o peor aún, un motivo de conflicto, porque si es en un ambiente de trabajo, es matemático que de la broma original dirigida a esa persona, se suma otra más o aunque no la haga, sí participe de la discusión generada por no aceptarse tal gracia.

2º) El nivel de sensibilidad es muy frágil.

Este tipo de personalidades tiene una percepción demasiado aguda respecto a cuestiones que él o ella creen pueden afectarle o porque piensan siempre en negativo creyendo que nos metemos con ella (son desconfiados) y no terminan de comprender la auténtica realidad de lo que ha ocurrido, si todo se originó en un chiste mal entendido.

3º) Hacer un castillo de dónde no hay nada

La exageración es una característica clara de la personalidad dramática. Lo que se inició como una broma, o a lo mejor ni siquiera eso, sino un comentario que pudo haberse hecho y creyó que era una crítica velada, se convierte en un problema porque el impacto emocional que le produce no guarda relación con la naturaleza real de lo que se dijo, o discutió, o se observó, o lo que fuera.

4º) Les gusta el victimismo

En los ambientes laborales es frecuente que alguna persona que tenga estas características de convertir todo en drama, a su vez, lo lleve al plano de sentirse víctima y trasladarlo a los demás, casi como si hubiera una conjura en su contra, una complicidad de los demás contra él/ella.

La gente dramática siempre echa la culpa al resto o a lo mejor en un decidido nivel individual (identifica a la persona), a la cual o cuáles les hacer responsables de lo que le pasa (sea una cosa sin importancia o quizás algo ya más serio) pero cree que el problema se debe ineludiblemente a la intervención de una o más personas que le están perjudicando y que hay una intencionalidad (o sea, una acción deliberada y negativa hacia él/ella).

Lamentablemente no es infrecuente que nos encontremos con este tipo de personalidades.

¿Alguna vez te ha ocurrido en tu actividad profesional de tratar con alguien que era demasiado dramático?

Tampoco es inusual que la forma en la que actúan, hablando fuerte, haciéndose notar, etc., sea una manera de llamar la atención. Un poco exagerada, pero es a la cual les es cómodo recurrir, porque su nivel de inseguridad que les hace dudar de todo el mundo y de ver fantasmas dónde no los hay, les impulsa a actuar de esta forma.

A menudo puede causar mucha frustración lidiar con este tipo de personas, y aunque parezca mentira, hay algunas que están en los platós de televisión sacando de madre cualquier tema que se esté tratando, o haciendo un drama que el televidente medio no puede comprender, o por el contario, sí lo comprende, pero no llega a dimensionar la gravedad de lo que el discurso de esa persona dramática quiere transmitir, justamente porque no ve nada malo en dicha cuestión. Y esto lo vemos continuamente, especialmente en este tipo de mesas de debate absolutamente mediocres, típicas de cadenas como la Cuatro o Telecinco.

Estas personas necesitan tener siempre razón. Creen que la verdad está de su lado, que les pertenece, y para ello, no dudan en convertir asuntos pequeños y triviales en un festival de teatro que centre la atención de un grupo de personas, o si está en un plató, de miles de televidentes.

Convertir los pequeños problemas en un gran drama es sin duda una utilización del pensamiento negativo, o mejor dicho, en la elaboración del mecanismo mental de estas personas, la negatividad se apodera de todas aquellas emociones y sentimientos que determinan lo que una persona termina percibiendo, comprendiendo, etc. de cualquier situación dada.

Cuando la negatividad atrapa la mente transforma aquellos sentimientos y emociones que en principio son buenos (por naturaleza) en agresivos, llenos de rencor, intimidando a los demás con la vos y con los gestos, pero lo más grave, es que provocan un gran vacío en la comunicación. La rompen de tal manera que es difícil volver a reconstruirla. Puede que volvamos a comunicarnos porque a la fuerza hay que tratar con esa persona porque es parte del equipo de trabajo, pero será una comunicación absolutamente vacía, de la cual queremos salirnos o ni siquiera participar.

Lecciones para evitar caer en la actitud dramática

a) No juzgues a las personas de inmediato.

b) No alimentar el ego, ya que la mayoría de las veces, las personas frustrantes o dramáticas a menudo se identifican mucho con su ego. Su sentido de identidad a menudo radica en quizás ganar la discusión a toda costa, o mostrarle a la gente que tienen razón, o incluso menospreciando a los demás para para estar cómodos a su manera sintiéndose superiores.

La mejor receta es desconectar esa energía negativa, lo que se hace no replicando ni discutiendo, sino cediendo y respondiendo siempre de una manera neutral (por ejemplo, "ya veo", "entiendo", "sí"), lo cual descoloca al contrario (la persona dramática) que espera una respuesta dura (para su entender) y recibe una aseveración o casi una expresión sin respuesta como consintiendo lo que ha dicho. Esta actitud de respuesta pacífica hará que cualquier drama que suceda termine pronto porque no hay resistencia.

La experiencia que es la mejor consejera, nos dice que en no pocas circunstancias, tenemos que tomar consciencia de cómo es la situación en la que nos encontramos, por ejemplo, en una discusión. Y para nuestro interior, hacernos la pregunta de si es conveniente seguir en el camino de búsqueda de mi verdad o mi razón (o sea discutir) lo que puede hacer que haya que invertir más tiempo, no llegar a nada y generar cierta frustración, o por contario, dejar esta discusión lo antes posible y sentirnos cómodos y tranquilos.

c) Cuando nos vemos obligados a condicionar el comportamiento

A veces ocurren estas situaciones con personas que son importantes en nuestra vida, sea en el plano personal o laboral. Puede ser un jefe de equipo, o un director de departamento, pero en definitiva, tiene mando sobre nuestra actividad. Lo que se debe hacer es condicionar su comportamiento de forma sutil, pero positiva, ya que aunque sea conocido por su negatividad y estar siempre haciendo críticas al personal, justas e injustas, una salida interesante para neutralizar este tipo de conductas y no herir a la persona que tiene el control jerárquico de la situación, es hacerle notar los aspectos positivos de sí misma, o sea, enfatizando en todos esos rasgos positivos que se le pueden encontrar.

Por ejemplo, si este jefe le ha sido de ayuda en un momento puntual en la tarea que tenía asignada, se le podría decir “gracias, esto de verdad que ha significado mucho para mí y me ayudará a hacer mejor esta tarea” en lugar de darle unas simples gracias.

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