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Es el mayor cambio en el sector del automóvil desde su conversión en un bien masivo y esencial

En menos de una década dejarás de conducir (y tampoco tendrás coche)
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En menos de una década dejarás de conducir (y tampoco tendrás coche)

lunes 16 de enero de 2017, 12:50h
La industria automovilística confía en popularizar el coche autónomo a partir de 2020. Junto a ella, sectores como el asegurador o el del transporte de mercancías buscan reinventarse.

“La conducción autónoma se ha convertido en el próximo gran campo de batalla para la industria automovilística”, explica Luca Mentuccia, de Accenture. El objetivo de los fabricantes de vehículos no es lanzar nuevos modelos más amplios, bonitos o eficientes: es hacerlos autónomos. Ni siquiera se busca que sean eléctricos, ya que se da por hecho que el futuro es sin gasolina. Y sin conductores.

Cuando la disrupción provocada por la tecnología llega a tu negocio después de haber revolucionado otros sectores juegas con ventaja. Y parece que los fabricantes de automóviles no están dispuestos a dejar que las compañías digitales les arrebaten su pastel, a pesar de que Google o Tesla sean duros competidores dispuestos a alzarse con el mercado. Las grandes marcas ya tienen en marcha programas para crear vehículos autónomos que veremos por las calles entre 2020 y 2025. Y serán totalmente autónomos: no hará falta hacerse cargo del volante o de los pedales, sólo de indicar en una pantalla el destino. El coche hará el resto.

Será la primera vez en la historia en que no conduciremos nuestro propio coche (aunque algunos millonarios ya conozcan esta sensación). De hecho, en muchos casos ni siquiera tendremos un coche en propiedad, ya que la revolución va más allá que la simple eliminación del conductor humano. Si se puede considerar una simpleza. Servicios como Uber están llamados a revolucionar aún más el sector, ofreciendo vehículos autónomos a personas que los necesiten, eliminando la necesidad de poseer un coche para desplazarse. La economía colaborativa hará el resto, como ya está sucediendo (y sucederá) en otras industrias. Se trata de hacer, no de poseer.

Eso sí, los vehículos autónomos no traerán el final de los exámenes para sacarse el cané de conducir (aunque sí se modificarán las pruebas). Esto se debe a que la conducción autónoma se presume, al menos por ahora, como una opción, y no tanto como una obligación: si quieres conducir, es probable que puedas hacerlo. Si no quieres, bastará con poner tu coche en piloto automático. Sin embargo, este escenario pondría en riesgo el nuevo modelo de movilidad, pensado para eliminar la conducción por parte de humanos. Sólo así se podrán lograr los beneficios que baraja la industria: reducción de los accidentes a prácticamente cero, menos atascos y menos contaminación. Se sujeta en cifras: según una encuesta realizada en Estados Unidos en 2008, el 93% de los accidentes se deben a errores humanos. Debido a esto, se espera que los vehículos autónomos traigan una reducción del 90% en el número de accidentes, pero también del 40% en el número de atascos y del 50% en el espacio necesario para estacionar vehículos. En paralelo, las emisiones contaminantes descenderán un 80%: se espera que para 2025 el 15% de los automóviles del planeta sean eléctricos o híbridos (la cifra será mayor en algunos mercados, como Europa, Estados Unidos o algunas naciones de Asia).

La eliminación de los humanos al volante podrá reducir los accidentes, pero es necesario recordar que en las ciudades los vehículos seguirán conviviendo con personas. Y son impredecibles: en Singapur parece estar de moda lanzarse contra los vehículos autónomos para probar si son capaces de frenar a tiempo. Muchas veces no lo hacen. Aunque este absurdo no sea moneda común, todavía es necesario estudiar cómo se podrá mejorar la seguridad cuando conviven máquinas y personas. Por eso, explican los expertos, seguirán siendo necesarios los seguros, aunque la propia industria cree que las primas serán más baratas, dada la menor probabilidad de sufrir un accidente o incluso pequeños roces y golpes.

El mayor peligro para estos vehículos parece llegar por el camino de su propia naturaleza: la tecnología. Al contrario que un coche manual, los vehículos autónomos son hackeables, y dado que están controlados por un ordenador, cualquier pirata informático podría tomar las riendas (o el volante) y manejarlo a su antojo. Esto supondría un claro peligro, pero la industria parece que va un paso por delante: estos vehículos ya incorporan robustos sistemas de ciberseguridad que buscan evitar estos ataques.

La realidad de este nuevo modelo de movilidad vendrá de la mano de las alianzas que tejerán los fabricantes tradicionales con las empresas tecnológicas. “Veremos aún más alianzas interindustriales para la conducción autónoma en el futuro, donde los fabricantes de automóviles y una amplia gama de empresas tecnológicas, desde fabricantes de chips hasta especialistas en datos, telecomunicaciones y plataformas de movilidad, trabajarán juntas”, explican desde Accenture. La cooperación entre humanos de distintas áreas acabará con los humanos al volante.
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