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¿El periodismo está perdiendo la batalla por la verdad?

La hidra de Facebook se llama fake news

La hidra de Facebook se llama fake news
martes 27 de noviembre de 2018, 12:08h
"Eliminamos una y surge otra". Así resume un empleado de Rappler, una compañía filipina encargada de eliminar noticias falsas de Facebook, la impotencia que sienten quienes luchan por borrar las mentiras de Internet: por cada noticia falsa eliminada, surge una nueva al instante.

"Eliminamos una y surge otra". La frase, pronunciada en 'The New York Times' por un empleado que dedica su horario laboral a borrar noticias falsas de Facebook en Filipinas, resume la impotencia de un nuevo empleo destinado a preservar la verdad en la Red. O, al menos, a intentarlo. Pero la lucha contras las noticias falsas es desigual: los verificadores no tienen los mismos medios que los mentirosos, a pesar de que entre estos también se esconden aficionados. Cada vez parece estar más claro que los verdaderos patrones de la mentira digital son partidos políticos y, peor aún, Estados. Es la lucha de David contra Goliat.

A día de hoy, prácticamente no existe un solo país que se libre de las noticias falsas. Curiosamente, son los más 'importantes' los que más las sufren, quizás porque es donde hay más que ganar (y perder). Por el contrario, estos países también son los líderes en intoxicación, algunos dicen que con Rusia a la cabeza, aunque quien tiene en el poder a un presidente que ha llegado al poder gracias a las mentiras sea Estados Unidos. Todavía desconocemos qué papel jugó Rusia en ello, aunque parece que la estrategia funcionó.

En cualquier caso, la red social de Mark Zuckerberg se ha convertido en epicentro de la mentira digital. La llegada de Trump a la Casa Blanca se vivió en paralelo al triunfo del Brexit en las urnas. En ambos casos, se cree que la mentira jugó un papel esencial a la hora de inclinar la balanza de los votantes, que fueron supuestamente manipulados a través, principalmente, de redes sociales. No han sido los únicos casos, aunque sí son los paradigmáticos y los que forzaron a Facebook a reaccionar.

Externalizar la limpieza

Parte de esa reacción ha sido contratar a empresas especializadas en monitorizar las redes y detectar noticias falsas. Una de ellas es Rappler, fundada en Filipinas por Maria Ressa, exdirectora de la CNN en Manila y Yakarta (Indonesia), y por tanto con conocimiento informativo del Sudeste Asiático. Lo hizo en 2012 como un medio de comunicación centrado en entretenimiento e investigación, y con el objetivo de que los más indefensos del mundo digital tuvieran voz. La realidad les ha hecho enfocarse en la limpieza de las redes: Facebook contrató a Rappler para limpiar de noticias falsas los muros de los filipinos. El 97 % de las personas con acceso a Internet en el país utiliza la red social.

Filipinas no ha sido ajeno a las noticias falsas. Ya en mayo de 2016 se detectaron cuentas falsas que divulgaban contenidos favorables a Rodrigo Duterte, en aquel entonces candidato a la presidencia del país. Ganó las elecciones en junio de ese mismo año. El patrón de las mentiras detectadas era el mismo que se ha visto en otros países: divulgación de hechos tergiversados o directamente falsos a favor de quien se busca ensalzar y en contra de sus oponentes. El modelo parece haber continuado desde entonces, según el reportaje del diario neoyorquino.

Rappler no trabajaba para Facebook en 2016, pero su observación de lo que había ocurrido en Filipinas llevó a Ressa a reunirse en Singapur con ejecutivos regionales de la red social. Fue en agosto, cuando la campaña electoral estadounidense daba sus últimos y violentos coletazos. La periodista advirtió con claridad que "si no solucionan esto, tendrán problemas en las próximas elecciones estadounidenses de noviembre". El resto es historia: Trump vive en la Avenida de Pensilvania.

El reto de contrarrestar las mentiras

Tal vez la advertencia de Ressa llevase a Facebook a confiar en ellos a la hora de implementar las medidas contra las noticias falsas. En diciembre de ese mismo año, la red social eliminaba una serie de perfiles falsos que Rappler había identificado y denunciado a la compañía. Este año los contrató para que se encargaran de la pestilente tarea de eliminar mentiras en Filipinas, un modelo que ha utilizado en otros países ante la incapacidad de hacerlo por sí misma. Pero tampoco lo pone fácil, a pesar de demostrar a la opinión pública su compromiso con eliminar las noticias falsas de su plataforma. "Estamos limpiando el desastre de Facebook", reconoce una empleada, que añade que se trata de una tarea "frustrante". Los profesionales de Rappler se quejan de que la red social no ofrece la suficiente transparencia que necesitan para llevar a cabo la tarea encomendada, lo que se suma a que la tecnología que está desarrollando todavía no está disponible (como la que permite verificar también el texto que hay impreso en fotos y vídeos, generalmente utilizado para desinformar esquivando los controles). A ello se unen las amenazas de muerte y violación que aseguran haber recibido. Rappler ha llegado a valorar sustituir las ventanas por cristales antibalas y ha duplicado su personal de seguridad.

Sin embargo, la principal dificultad a la que se enfrentan estas personas no tiene tanto que ver con Facebook como con la proactividad de quienes intoxican y lo alentan: la mentira es más rápida que ellos. No solo porque el procedimiento para verificar una noticia y eliminarla si es falsa requiere paciencia, sino porque la fábrica de mentiras es una hidra sin rostro, un pulpo cuyos múltiples tentáculos trabajan a destajo para infoxicar, mientras la defensa de la verdad utiliza unos mecanismos quizás algo anticuados para el reto que representa el asunto. La guerra no ha hecho más que empezar.

¿Y los comentarios?

Entre la miríada de noticias falsas existen unos contenidos que no pueden clasificarse como 'noticia', pero sí encajan en otro género del periodismo: la opinión. Son los comentarios, una de las claves de los medios digitales para crear engagement o, al menos, no ser tachados de censores en la era digital por impedir a los usuarios expresar su opinión.

El problema es que las secciones de comentarios se han convertido en pozos de basura en los que ondea la bandera de la libertad de expresión. Es el chiringuito de los trolls, tanto de los que se dedican a contaminar por pura diversión como de los que lo hacen previo pago y directrices de sus patrones, que pueden ser Estados, recordemos.

Un vistazo a la sección de comentarios de cualquier periódico da una idea de lo que se cuece en los bajos de los medios. La negatividad, odio y radicalidad de los comentarios probablemente sea connatural al ser humano. Así lo defiende Zizi Papacharissi, profesora de Comunicación en la Universidad de Illinois-Chicago, que asegura que "Internet se convierte en una salida fácil para que gritemos algo y nos sintamos satisfechos por un momento". Escribir un comentario es una forma de descargar frustración ante realidades que nos inquietan. De ahí que casi todos los comentarios que observemos en una noticia sean negativos: quien tiene algo bueno que decir suele guardárselo para sí, probablemente para alimentarse de manera positiva. Por el contrario, escupir la baba simplemente permite deshacerse de ella.

El problema está en que estos comentarios dependen o bien de unos medios carentes de los recursos necesarios para moderarlos correctamente, o bien en manos de gigantes digitales como Facebook o Disqus, quienes han hecho de la libertad de expresión un mantra sin excepciones. Una fisura que saben explotar los mentirosos, ya que muchos de estos comentarios son pura mentira, a menudo aderezados con enlaces que se encargar en inocular el virus de las noticias falsas incluso en los medios de comunicación más serios y fiables que podamos imaginar.
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