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Blogs > Prefiero entender un por qué

Es un reconocido autor, conferenciante y experto en el comportamiento humano, siendo sin duda uno de los más reputados motivadores sobre nuestras acciones y conductas. Es por ello que afirma cosas tales como “no confundir tomar malas decisiones con el destino. Asuma la responsabilidad porque rezando, queriendo o esperando el cambio, no es suficiente. El deseo no cambia la vida, el comportamiento sí”.

No nos es extraña la expresión “escuchemos a nuestro corazón” como tampoco lo es “hay que poner un poco de cabeza en este asunto”, apelando a las emociones el primero y el segundo a la inamovible razón, por su casi indiscutible preeminencia en el orden social que nos hemos dado en los estados modernos. Shaw lo borda al referirse a la esclavitud (la servidumbre) exagerada hacia la razón devaluando la participación necesaria de los sentimientos y emociones. No elimina la razón de la ecuación que caracteriza al ser humano, sino que está denunciando los servilismos ajenos a todo proceso humanista, característicos de la razón por encima de todo sin lugar alguno para la humanidad que es la que nos sigue caracterizando como especie.

La gente que es realmente fuerte de espíritu y tiene un carácter firme, no le gusta provocar la caída de ninguna persona, por el contrario ayudan a que sean otros los que también puedan subir. Esta es la diferencia entre un buen líder y un jefe mediocre. Entre una persona de bien, que tiene empatía hacia los demás y un egoísta que sólo piensa en él.

Si existe una concepción equivocada respecto a lo que se entiende por clase intelectual, nuestra protagonista de hoy es el paradigma de que la cultura y el intelecto van de la mano. Que no se puede considerar únicamente la inteligencia, la reflexión y el pensamiento como propiedad de los escritores, pensadores y filósofos.

Cada día cuando nos levantamos, deberíamos imponernos una tarea: ¡ser la mejor visión de nosotros mismos! Es tan simple como admitir y aceptar errores y/o comportamientos de los que no nos sentimos orgullosos; sufrir heridas pero superarlas y olvidarlas es una forma no deignorar el pasado, sino de saber convivir con recuerdos buenos y malos, pero tratando de encontrar esa sonrisa que nos permita hacer que el hoy sea agradable y que el mañana no nos provoque tanta incertidumbre.

Søren Kierkegaard (1813-1855) que fue un prolífico filósofo y teólogo danés del siglo XIX, considerado padre del existencialismo, es el “responsable” de cómo hemos titulado hoy el blog. Primero vamos a completar lo que decía, ya que al afirmar “entenderme a mí mismo” agregaba “ver lo que Dios realmente desea que yo haga. La cosa es encontrar una verdad que sea verdad para mí. Encontrar la idea por la que puedo vivir y morir”.

¿Qué tienen en común actitudes como disculparse o perdonar? La humildad para expresar arrepentimiento al disculparse, así como para transmitir compasión y comprensión al perdonar. En el caso de la persona que olvida, sencillamente persigue dejar de lado malos momentos, discusiones, obstáculos, desplantes e incluso traiciones. Puede que se traduzca en una palabra que explique por qué el olvido, o simplemente quede en su pensamiento, pero con el mismo efecto que si la hubiera dicho. Observemos que en toda actitud que disculpa, perdona u olvida, son las emociones las que regulan nuestra conducta y comportamiento.

La primavera la hemos iniciado a las 11,29 de este lunes 20 de marzo y cuando dejamos de lado el aspecto climatológico, tiene como palabra una incalculable cantidad de significados.

Cuando se trata de educación y familia, lo que conforma el avance y progreso de las sociedades, si fuera una película de Hollywood diríamos que la mujer se ha ganado por mérito propio el “leading role” (papel protagonista). Por eso Brigham Young (1801-1877) que fue el presidente de “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”, que también se le conoce como mormones, va más allá del impacto social y económico de la educación de la mujer en una sociedad, poniéndola por justo merecimiento en un nivel aún más importante: la de aquella generación que caracteriza a una determinada época.

Cada vez que escuchamos la palabra orgullo, pensamos en una autoestima elevada, aunque no siempre tiene connotaciones negativas, ya que también puede asociarse a motivos que resultan nobles. De hecho, qué razón lleva una madre o un padre al sentirse orgullosos de un hijo que ha terminado de manera sobresaliente sus estudios universitarios. ¿Qué actitud es la opuestacuando el orgullo se utiliza mal? Sin duda alguna, cuando se actúa con humildad y modestia.

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