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Blogs > Prefiero entender un por qué

En realidad la gratitud es uno de esos componentes emocionales que nos ayudan a renovar nuestra energía y a traernos a veces sin proponérnoslo, más cosas que nos brindan satisfacción y alegrías. Cuanto más agradezcamos lo que tenemos más recibiremos, porque existe una fuerza invisible de atracción hacia aquello que caracteriza la generosidad y bondad del ser humano. En otros términos: la maldad requiere casi una planificación para ejercerla y la gratitud es un acto espontáneo, casi inconsciente de la buena gente.

Todo el mundo está impresionado. Las imágenes que a través de los diferentes medios de comunicación nos han ido llegando, evidencian una realidad que la Comunidad Científica Internacional viene denunciando hace ya varios años, especialmente desde el gran Tsunami de Indonesia del domingo 26 de diciembre de 2004.

Cuando escuchamos aquello de que la vida es como una historia a la que le vamos poniendo y quitando personajes, a veces por exigencias aunque no sea nuestra voluntad y otras porque es nuestro deseo, no deja de ser una buena aproximación a lo que realmente es la existencia de cualquier persona. Pero si bien puede haber historias más interesantes que otras, nuestro deber es tratar de convertirla en un best-seller. Que por más vicisitudes que hayamos tenido, lo importante es que sintamos que haya valido la pena vivirla. Que cualquier persona la pueda leer como un libro.

Una costumbre muy arraigada en nuestra sociedad antes del inicio del verano, es qué libros nos recomiendan, o más curioso aún, cuáles son las lecturas obligadas de algunas líderes políticos y también empresariales cada nuevo período estival. En mi caso, libros y películas, y dado que hoy retomamos el “curso escolar” en media-tics, me pareció atinado extraer algunos diálogos de “La casa Rusia”(TheRussiaHouse) (1990) de Fred Schepisi, adaptación de la novela homónima de John Le Carré, ambientada en la época de la Guerra Fría, que tuve ocasión de visionar nuevamente.

La escritora estadounidense Ardis Whitman (1905-1990) ha escrito cientos de artículos sobre las relaciones humanas, problemas sociales y religión. Pero si algo puede destacarse de su trayectoria, es haber sido una de las firmas habituales durante 40 años de Selecciones del Reader’s Digest.

Tuve ocasión de volver a visionar el pasado fin de semana “The International: dinero en la sombra” (2009) dirigida por Tom Tykwer, en la que un agente de Interpol Louis Salinger(Clive Owen) y la Fiscal de Distrito de Manhattan EleanorWhitman(Naomi Watts) luchan desesperadamente y aún a riesgo de sus vidas, por llevar ante la Justicia a uno de los bancos más importantes del mundo. En mi aportación de hoy no me referiré al contenido y desarrollo del filme, porque vale la pena que lo vean cuando tengan ocasión, sino al mensaje que nos dejan sus protagonistas en algunas secuencias.

El choque frontal que siempre ha habido entre la ciencia y los autores que reflejaban en su narración la propia experiencia traumática de haber regresado de la muerte, sigue en pie. Investigaciones científicas recientes, tienen una explicación a esa descripción del “largo pasillo de luz” o también del “efecto túnel” al que se refieren también los narradores, como que se han encontrado en otro momento de sus vidas y con seres queridos ya desaparecidos.

Esta frase que suena a sentencia corresponde a uno de los tantos magníficos diálogos que mantienen el Dr. Sean Maguire (Robin Williams) con el alumno WillHunting (Matt Damon) en GoodWillHunting (1997) (El indomable WillHunting) de Gus Van Sant. Galardonada con dos Oscar, al mejor guión original y actor secundario Robin Williams, es un drama en el que aflora el romance, la amistad, pero sobre todas las cosas, la enseñanza. Cómo torcer la actitud de Will de parte de su terapeuta, el profesor de psicología Dr. Sean Maguire, tarea no sencilla porque era un joven de 20 años, superdotado para las matemáticas, en cierto sentido incontrolable.

Cuando la vida te da cien razones para llorar, lo que debes demostrarle es que aún tienes mil razones para sonreír. Es verdad que son muchos los momentos que contabilizamos a lo largo de nuestra existencia en los que sufrimos un gran dolor, padecimos una profunda angustia y nos atormentaron arrepentimientos que no supimos gestionar o aprender a convivir con ellos. Pero al final, no va a importar cuántas veces tuvimos que respirar profundo y tomar aliento para resistir y encarar los problemas, sino cómo hemos administrado el tiempo en esos momentos que nos quitaban el aliento.

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