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Si imaginamos un escenario en el que dos ejecutivos están esperando que les den la salida en una pista de atletismo, con su vestimenta habitual propia del trabajo diario en las organizaciones, en realidad no se está haciendo una descripción que esté demasiado lejos de la realidad. La competición existe y la pistas de atletismo son las organizaciones.

La tensión que genera el mercado actual, los niveles de competitividad, incluso los internos de la empresa en el cual existe una lucha por ascender (solo lugar para unos pocos) y la mayoría mantener su puesto de trabajo durante varios años, se asemeja bastante a la alta competición deportiva.

Vamos a profundizar en los estilos de liderazgo partiendo de la premisa de que no todas las personas son iguales. Parece obvio, pero no lo es. Porque en lo que se refiere a la conducta y carácter de las personas, hay todo un mundo académico ahí fuera (psicólogos, expertos en comportamiento organizacional, sociólogos, etc.) que nos ilustran cada vez mejor sobre cómo debe ser un líder en cualquier área de actividad.

¿A qué estilo de liderazgo pertenezco?

Cada vez que nos referimos al desarrollo y formación de nuevos líderes, surge el concepto de cuál es el legado que el líder efectivo debe hacer con los jóvenes valores. Surge desde el momento en que se promociona a los potenciales líderes, también poniendo sobre la mesa el testamento de aquellos valores de liderazgo que su pupilo necesitará para hacerse cargo de las nuevas responsabilidades asignadas.

En el liderazgo conviven varias corrientes de doctrina, lo cual es lógico en una disciplina que se viene adecuando constantemente a los nuevos tiempos que la tecnología nos impone, lo que afecta a las relaciones interpersonales entre los diferentes niveles de una organización.

Están aquellos autores y expertos que sostienen que el liderazgo se trata fundamentalmente de maximizar el rendimiento tanto personal del líder como de todas las personas que trabajan en los diferentes equipos. En realidad los que sostienen este principio parten del supuesto de que el líder debe esforzarse en ser cada vez más eficiente
La llave del éxito
Una de las pruebas más exigentes del planeta es el rally Dakar que en los últimos años se disputa por países de América del Sur. Para llevar a cabo tamaña proeza se requiere un talento y habilidad especial; pero además, cada nueva edición de esta prueba deportiva permite acumular la experiencia necesaria, así como desarrollar y perfeccionar sus talentos naturales a niveles que jamás hubiese pensado que podría hacerlo.

En las organizaciones, por ejemplo, esto ocurre cuando una persona en un puesto de responsabilidad está pudiendo demostrar que trabaja como un deportista, adaptando el cambio que ha significado potenciar sus habilidades y destrezas, al mismo tiempo que haber incorporado competencias transversales diversas; pero necesarias en la actividad profesional presente.

Las competencias transversales perfeccionan al líder

¡Eres un visionario! Pues, ¡genial! Ya sólo te falta la otra mitad del camino: ser capaz de encandilar con tu visión a aquellos que te rodean.Una característica común de los grandes líderes, quizás señalada en exceso, es la visión. ¡Claro que sí! Pero no es suficiente con soñar despierto, hay que trasmitir, comunicar, comprometer y atraer.

Como casi todos los atributos de la personalidad, solo tienen sentido si pueden ser articulados de manera armonizada con el resto de cualidades que tenga una persona. Poco puede aportar un genio de las matemáticas, tímido e introvertido en un puesto de contacto con el cliente que lo que le exige es buen trato y representar adecuadamente la marca. De ahí que cada vez que escuchamos o leemos respecto a la visión, generalmente se falla en darle sentido de propósito, o sea, determinar por qué la visión es importante. O dicho de otra manera: cuál es su finalidad. Para los más cáusticos, la pregunta sería si tener una buena visión es de utilidad para la organización.

Líder visionario, pero no autista

¿Cómo tienes la piel? ¿Tu epidermis rezuma autenticidad? Si es así, estás de enhorabuena. La psicología se ha preocupado durante décadas en explicar qué es un “ser auténtico”, pero ha tenido que ser la psicología social aplicada a las organizaciones, la que ha diseccionado esta cualidad y analizado cómo encaja en las relaciones interpersonales. Y es que el líder auténtico lleva impresa en su piel la verdad de su vida. Como una cebra de la llanura del Serengeti (Tanzania), la autenticidad es nuestra marca de piel al nacer, la que no miente, de la que no existen dos impresiones iguales en el mundo. Somos cebras y nadie puede confundir nuestro código de rallas.

En cambio, en los seres humanos, la autenticidad hay que descubrirla o mostrarla, por ello la expresión de que “se lleva a flor de piel”, porque de las acciones y actitudes de las personas, surge nuestra metáfora humana que es como si marcásemos en nuestra epidermis las rayas inconfundibles de una cebra.

Líder de piel de cebra

Soñar es ganar. ¿Qué es lo primero que le viene a la mente cuando se despierta? Piensa en las cosas buenas que se supone le depara el día o sigue anclado en las tensiones que tuvo que soportar en el día de ayer. ¿Piensa primero en la página pasada o en la que vendrá?

El pensamiento positivo es un mantra del liderazgo que por más que se predique, sólo es eficaz cuando se interioriza. Es evidente que también tiene mucho que ver con el tipo de trabajo que se desempeña.

En caso de tener un puesto de responsabilidad en una empresa, seguro que su mente empieza desde temprano a ocuparse con todo lo que tiene que hacer. Especialmente la dosis de responsabilidad que le provoca ansiedad a pesar de su experiencia y probada trayectoria en el cargo.

Pensamiento positivo = liderazgo efectivo

Liderar es cuestión de estilo. No todos son iguales. Los estilos de liderazgo dependen de la forma de entender a los demás, las relaciones con ellos y la forma de gestionarlas. Es cuestión de método y es cuestión talante. Veámoslo.

¿Qué se entiende por estilo de liderazgo? Un estilo de liderazgo se refiere a cuál es la forma de conducirse, lo que habitualmente referimos como comportamiento y conducta. De cómo se haga, surgirá la mayor o menor capacidad de un líder para dirigir, motivar y guiar a personas y equipos.

Los grandes líderes pueden inspirar movimientos políticos y cambios sociales. Pero también pueden motivar a otros a realizar, crear e innovar. Y por más que los grandes líderes comparten patrones comunes de comportamiento, también marcan grandes diferencias que tienen que ver en la forma que entienden la dirección de personas y grupos.

La metodología científica en el ámbito de las organizaciones, especialmente la psicología social, ha permitido el desarrollo de diferentes teorías y marcos de referencia (frameworks) que nos permiten identificar y comprender mejor estos diferentes estilos de liderazgo.

Elige tu estilo de liderazgo

Pierce Brosnan tenía licencia para matar en su personaje de agente 007. Y también tenía licencia para conducir cuando salía del plató y promocionaba un deportivo de la marca BMW. La alineación entre la marca alemana y el agente del MI6 es evidente: son la élite. Pero, ¿cómo hay que gestionar a los equipos alfa?, ¿la élite que gestiona el cambio?, ¿los líderes al servicio de la Corona?

Un consejo: no trate de cambiar las personas, sino su actitud. El equipo directivo es la guardia pretoriano que, lejos de ser un recurso de defensa, es un elemento pro-activo de la gestión del cambio y la transformación de las organizaciones. La alineación al líder global es esencial. Y es responsabilidad de éste cuidar, formar, estimular y formar a este equipo alfa.

Los líderes del líder

¿Tienes más suerte que Napoleón? En una ocasión el núcleo más duro de Napoleón Bonaparte, le instó a contar con determinado general en sus planes de invasión a Rusia. La pregunta que el gran general formulara a sus asesores fue la siguiente: ¿Pero tiene suerte?”.

La suerte para Napoleón era un factor importante en el camino del éxito. Para todos nosotros también lo es aunque no seamos tan conscientes de ello. Hablamos de suerte en un examen o decimos de alguien que no tiene suerte porque es la tercera vez que se presenta a una oposición y la suspende.

Liderazgo anti-fracaso

En la época del medievo, todos los talleres artesanales del mismo gremio estaban situados en la misma calle o barrio para poder comparar la calidad de los productos y procurar así satisfacer los intereses de los artesanos.

Los artesanos se dividían en 3 categorías: maestro, oficial y aprendiz. El maestro era el amo del taller; el oficial era la persona que conocía el oficio pero no había conseguido el título de maestro; el aprendiz era una persona muy joven que estaba en casa del maestro que no cobraba ni pagaba para aprender el oficio. Se podía pasar de uno a otro: el aprendiz podía pasar a oficial estando cuatro años en el taller del maestro y el oficial podría pasar a maestro haciendo la obra maestra; por ejemplo, si fabricaban zapatos, tenía que hacer unos zapatos perfectos delante de su maestro y así conseguían el título. O sea, que el camino de la maestría tenía por finalidad evitar que se cometieran errores que le quitara ese halo de perfección al producto fabricado.

Observen que las palabras que históricamente definían estas relaciones de aprendizaje eran “hacer la obra maestra” (el trabajo de fin de curso de un MBA y escuchar al “maestro” así como mostrarle al mismo las habilidades aprendidas (proceso de evaluación de un postgrado), tienen grandes similitudes a pesar de que han pasado siglos de evolución.

Troubleshooting o liderazgo anti-problemas
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