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“Prefiero pedir perdón a pedir permiso”. Es una de las frases maestras del padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz. Y es la senda por la que ha transitado su azarosa vida de liderazgo haciendo buenas obras y cambiando el mundo a su paso.

Y es que pedir perdón o dar las gracias son costumbres muy sanas. Si todos los días hiciéramos el ejercicio de pedir perdón y de dar las gracias a los que nos ayudan en nuestras rutinas diarias, el sol saldría más radiante para todos.

“El agradecimiento es la memoria del corazón”. Y no lo decimos nosotros, sino el gran filósofo chino Lao Tsé. Otro grande de la historia, aunque mucho más contemporáneo, Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), poeta, novelista y dramaturgo alemán, afirmaba que “si nos encontramos a alguien que nos debe agradecimiento, enseguida lo recordamos. ¡Cuántas veces nos encontramos a alguien al que debemos agradecimiento y no pensamos en ello!”.

Yo prefiero pedir perdón y dar las gracias

Parece irónico hablar de respeto al referirnos a una de las características más destacadas del buen liderazgo, cuando vemos a diario la quiebra del mismo en líderes –especialmente en el ámbito político- que no pueden exigir respeto de los demás hacia ellos porque no se respetan ni a sí mismos. Y esta es el punto crucial del análisis que debemos hacer. Cómo y por qué el respeto es una parte esencial del carácter del líder.

Se demuestra en los hechos cuando lo aplicamos primero en nosotros, pero simultáneamente sobre nuestros actos que afecten a las demás personas. Pero antes de la acción ha habido una reflexión…un pensamiento en el cual muchas otras personas estarán más o menos afectadas en relación a la medida de respeto que tengamos. Un político influye en miles de personas y un gobernante en millones. De ahí, que pensamiento y acciones deben de estar absolutamente condicionadas por el respeto a todas las partes intervinientes en el diálogo social.

El líder gentleman
La integridad no admite restricciones. La confianza se tiene o no se tiene. No podemos separar la vida privada y la pública, lo que hacemos cuando nos ven o en la intimidad, lo que hacemos en la empresa o lo que hicimos en las aulas. Las personas somos un todo. La fe que pide un líder a sus seguidores debe ser correspondida con una integridad ética que no admite excepciones.
Liderazgo herido: ¿plagias o trabajas?

Si imaginamos un escenario en el que dos ejecutivos están esperando que les den la salida en una pista de atletismo, con su vestimenta habitual propia del trabajo diario en las organizaciones, en realidad no se está haciendo una descripción que esté demasiado lejos de la realidad. La competición existe y la pistas de atletismo son las organizaciones.

La tensión que genera el mercado actual, los niveles de competitividad, incluso los internos de la empresa en el cual existe una lucha por ascender (solo lugar para unos pocos) y la mayoría mantener su puesto de trabajo durante varios años, se asemeja bastante a la alta competición deportiva.

Vamos a profundizar en los estilos de liderazgo partiendo de la premisa de que no todas las personas son iguales. Parece obvio, pero no lo es. Porque en lo que se refiere a la conducta y carácter de las personas, hay todo un mundo académico ahí fuera (psicólogos, expertos en comportamiento organizacional, sociólogos, etc.) que nos ilustran cada vez mejor sobre cómo debe ser un líder en cualquier área de actividad.

¿A qué estilo de liderazgo pertenezco?

Cada vez que nos referimos al desarrollo y formación de nuevos líderes, surge el concepto de cuál es el legado que el líder efectivo debe hacer con los jóvenes valores. Surge desde el momento en que se promociona a los potenciales líderes, también poniendo sobre la mesa el testamento de aquellos valores de liderazgo que su pupilo necesitará para hacerse cargo de las nuevas responsabilidades asignadas.

En el liderazgo conviven varias corrientes de doctrina, lo cual es lógico en una disciplina que se viene adecuando constantemente a los nuevos tiempos que la tecnología nos impone, lo que afecta a las relaciones interpersonales entre los diferentes niveles de una organización.

Están aquellos autores y expertos que sostienen que el liderazgo se trata fundamentalmente de maximizar el rendimiento tanto personal del líder como de todas las personas que trabajan en los diferentes equipos. En realidad los que sostienen este principio parten del supuesto de que el líder debe esforzarse en ser cada vez más eficiente
La llave del éxito
Una de las pruebas más exigentes del planeta es el rally Dakar que en los últimos años se disputa por países de América del Sur. Para llevar a cabo tamaña proeza se requiere un talento y habilidad especial; pero además, cada nueva edición de esta prueba deportiva permite acumular la experiencia necesaria, así como desarrollar y perfeccionar sus talentos naturales a niveles que jamás hubiese pensado que podría hacerlo.

En las organizaciones, por ejemplo, esto ocurre cuando una persona en un puesto de responsabilidad está pudiendo demostrar que trabaja como un deportista, adaptando el cambio que ha significado potenciar sus habilidades y destrezas, al mismo tiempo que haber incorporado competencias transversales diversas; pero necesarias en la actividad profesional presente.

Las competencias transversales perfeccionan al líder

¡Eres un visionario! Pues, ¡genial! Ya sólo te falta la otra mitad del camino: ser capaz de encandilar con tu visión a aquellos que te rodean.Una característica común de los grandes líderes, quizás señalada en exceso, es la visión. ¡Claro que sí! Pero no es suficiente con soñar despierto, hay que trasmitir, comunicar, comprometer y atraer.

Como casi todos los atributos de la personalidad, solo tienen sentido si pueden ser articulados de manera armonizada con el resto de cualidades que tenga una persona. Poco puede aportar un genio de las matemáticas, tímido e introvertido en un puesto de contacto con el cliente que lo que le exige es buen trato y representar adecuadamente la marca. De ahí que cada vez que escuchamos o leemos respecto a la visión, generalmente se falla en darle sentido de propósito, o sea, determinar por qué la visión es importante. O dicho de otra manera: cuál es su finalidad. Para los más cáusticos, la pregunta sería si tener una buena visión es de utilidad para la organización.

Líder visionario, pero no autista

¿Cómo tienes la piel? ¿Tu epidermis rezuma autenticidad? Si es así, estás de enhorabuena. La psicología se ha preocupado durante décadas en explicar qué es un “ser auténtico”, pero ha tenido que ser la psicología social aplicada a las organizaciones, la que ha diseccionado esta cualidad y analizado cómo encaja en las relaciones interpersonales. Y es que el líder auténtico lleva impresa en su piel la verdad de su vida. Como una cebra de la llanura del Serengeti (Tanzania), la autenticidad es nuestra marca de piel al nacer, la que no miente, de la que no existen dos impresiones iguales en el mundo. Somos cebras y nadie puede confundir nuestro código de rallas.

En cambio, en los seres humanos, la autenticidad hay que descubrirla o mostrarla, por ello la expresión de que “se lleva a flor de piel”, porque de las acciones y actitudes de las personas, surge nuestra metáfora humana que es como si marcásemos en nuestra epidermis las rayas inconfundibles de una cebra.

Líder de piel de cebra

Soñar es ganar. ¿Qué es lo primero que le viene a la mente cuando se despierta? Piensa en las cosas buenas que se supone le depara el día o sigue anclado en las tensiones que tuvo que soportar en el día de ayer. ¿Piensa primero en la página pasada o en la que vendrá?

El pensamiento positivo es un mantra del liderazgo que por más que se predique, sólo es eficaz cuando se interioriza. Es evidente que también tiene mucho que ver con el tipo de trabajo que se desempeña.

En caso de tener un puesto de responsabilidad en una empresa, seguro que su mente empieza desde temprano a ocuparse con todo lo que tiene que hacer. Especialmente la dosis de responsabilidad que le provoca ansiedad a pesar de su experiencia y probada trayectoria en el cargo.

Pensamiento positivo = liderazgo efectivo

Liderar es cuestión de estilo. No todos son iguales. Los estilos de liderazgo dependen de la forma de entender a los demás, las relaciones con ellos y la forma de gestionarlas. Es cuestión de método y es cuestión talante. Veámoslo.

¿Qué se entiende por estilo de liderazgo? Un estilo de liderazgo se refiere a cuál es la forma de conducirse, lo que habitualmente referimos como comportamiento y conducta. De cómo se haga, surgirá la mayor o menor capacidad de un líder para dirigir, motivar y guiar a personas y equipos.

Los grandes líderes pueden inspirar movimientos políticos y cambios sociales. Pero también pueden motivar a otros a realizar, crear e innovar. Y por más que los grandes líderes comparten patrones comunes de comportamiento, también marcan grandes diferencias que tienen que ver en la forma que entienden la dirección de personas y grupos.

La metodología científica en el ámbito de las organizaciones, especialmente la psicología social, ha permitido el desarrollo de diferentes teorías y marcos de referencia (frameworks) que nos permiten identificar y comprender mejor estos diferentes estilos de liderazgo.

Elige tu estilo de liderazgo
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